Lo que la podología puede hacer por tí: cómo cuidar de nuestros pies en el verano y todo el año

11/08/2017

Nuestros pies son el sostén de toda nuestra estructura. Gracias a ellos nos desplazamos, bailamos, subimos, bajamos y hacemos todos tipo de movimientos y por ende cuidarlos es fundamental. Contar con un buen podólogo en Madrid es prioritario cuando nos importa cuidar de nuestra salud y de nuestro cuerpo.

La podología es una rama de la medicina y tiene por objeto el estudio y tratamiento de cualquier afección, enfermedad o deformidad de los pies. Esta profesión sanitaria es la encargada no sólo de la prevención y el diagnóstico, sino también de los tratamientos adecuados y de la rehabilitación integral de todas la patologías que afecten a nuestros pies. Entre las enfermedades más comunes, encontramos el pie plano, el pie cavo, el pie valgo; y además, el pie varo, el pie equino, el pie talo, el pie diabético y el pie artrósico, los espolones calcáneos, fascitis plantares, neuroma de morton, enfermedad de sever, pie del deportista, enfermedad de Freiberg, los dedos en garra o en martillo, y la lista continúa.

¿Cuándo debemos recurrir a la consulta con el podólogo? Si notamos que nuestros pie presentan callosidades, y también vemos que tenemos alteraciones en las uñas, la quiropodología nos será de gran ayuda. Esta rama de la podología engloba el tratamiento de todas las afecciones dermatológicas de nuestros pies, es decir, todas las afecciones de la piel y de la uñas, incluyendo la aparición de callos, juanetes, uñeros, hongos, mal olor, exceso de sudoración, ablaciones de las uñas, onicomicosis y tod tipo de infecciones superficiales. La quiropodología se ocupa también de los papilomas, virus de fácil contagio (piscinas, gimnasios, duchas) que se propaga a través de pequeñas heridas y también por dilatación de los poros de la piel.

El podólogo en Madrid también unos ayudará cuando necesitemos plantillas a medida. Las plantillas son verdaderos salvavidas, sumamente eficaces en la prevención y en el tratamiento de lesiones, no sólo en deportistas o personas en la tercera edad, sino también en niños y adultos. Lo ideal es realizar estudios de nuestra pisada para analizamos cómo se reparte el peso del cuerpo a lo largo del pie. Este es el mejor modo de ver cuáles son las zonas donde hay más presión ejercida. También se realizan estudios de biomecánica de la marcha, y ambos permiten establecer ciertos patrones que dejan ver claramente los momentos de normalidad y las patologías. Un mal apoyo del pie afecta a todo el cuerpo y para remediar cualquier anomalía, el podólogo confeccionará unos soportes plantares que conocemos como plantillas, totalmente personalizadas para responder a las necesidades de nuestro cuerpo y nuestra pisada.

Si bien todas estas opciones son sumamente importante cuando nos enfrentamos con algún problema en los pies, está claro que lo mejor, como con cualquier otra parte de nuestro cuerpo, es la prevención. Y ya en pleno verano, nuestros pies sufren de los embates del clima (calor excesivo, sol directo, sequedad, cloro) como todo el resto del cuerpo. Aquí cabe la pregunta ¿Los cuidamos adecuadamente? Es muy común ver en la playa a la gente poniéndose protector solar en todo el cuerpo, pero lo cierto es que el 90% de las veces los pies son dejados de lado, como si fueran algo ajeno. ¿Por qué no dedicarle el mismo cuidado a nuestros pies que al resto del cuerpo?

Los pies sienten los ataques de los elementos; es por eso que el exceso de calor, el contacto directo con el agua salada del mar, el cloro de la piscina, los ambientes muy secos, nuestra propia falta de hidratación o los ambientes extremadamente húmedos influyen en la salud de los pies. Antes de irnos de vacaciones, es recomendable hacer una consulta para estar tranquilos de que nuestros pies se encuentran en condiciones o si fuera necesario, dejarlos preparados para el sol y el mar, eliminando -para empezar- todas las callosidades y alteraciones que pudieran presentar nuestros pies y nuestras uñas.

Luego de la consulta, hay que mantener todo nuestro cuerpo hidratado ingiriendo una importante cantidad de líquidos, pero también colocando cremas humectantes, reforzando la zonas de los talones o los costados de los pies y todas aquellas zonas con tendencia a las durezas. Además de aplicar cremas hidratantes, se recomienda utilizar una crema de tipo emoliente, a base de urea, si hubiera grietas en los talones.

Es fundamental mantener una correcta higiene y la ducha es el lugar ideal para cuidar de nuestros pies. Y también debemos hacerlo después de cada baño de mar o piscina, secando bien toda la piel y en particular entre los dedos. Y no olvidarnos de la crema de factor de protección solar.

Y en cuanto al calzado; privilegiemos el calzado abierto, las chanclas y sandalias, sin abusar de los tacones.

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