Entrevista a Miriam Al Adib: “Si profundizamos un poco en cómo la naturaleza va sincronizando a la madre y al bebé durante el embarazo preparándolos para el vínculo, entenderemos por qué la mujer que gesta realmente es la madre del bebé”

Desde Stop Vientres de Alquiler estamos realizando una serie de mini-entrevistas sobre el tema de la maternidad “subrogada” con el objetivo de contribuir a concienciar sobre la realidad de esta práctica a través de las aportaciones y reflexiones de mujeres procedentes de diferentes ámbitos y experiencias vitales y profesionales.

Esta propuesta nace de la necesidad de visibilizar y concienciar sobre la realidad de los vientres de alquiler y proporcionar herramientas para el análisis y la lucha contra la regularización de esta práctica en nuestro país, así como para su total prohibición a nivel internacional.

Entrevistamos a la Dra. Miriam Al Adib, Ginecóloga y Obstetra desde el año 2000 en el Servicio Extremeño de Salud (S.E.S). Al Adib dirige y ejerce como profesional en dos Clínicas Privadas de Ginecología y Obstetricia, y es profesora del Máster en Sexología de la Universidad de Extremadura. Sus líneas de investigación incluyen, además de la Ginecología y Obstetricia, la Epigenética del Embarazo, las Neurociencias y la Salud Materna y Primal. Sobre estos temas ha escrito numerosos artículos disponibles en su blog Mujer al día en Ginecología.

Miriam Al Adib es coautora de dos guías de buenas prácticas clínicas:

Y un dossier sobre autocuidados para la mujer con endometriosis.


Stop Vientres de Alquiler (SVA):Miriam, existe un gran desconocimiento y banalización de lo que supone un embarazo tanto para la madre, como para la propia criatura ¿Qué es lo que la ciencia ha revelado en los últimos años en relación a la gestación?

Miriam Al Adib (MAA): La medicalización de la vida en general supone una banalización en todo lo que tiene que ver con lo fisiológico. Tanto el defecto como el exceso de medicalización son igualmente dañinos para el ser humano.

En el caso particular del embarazo y el parto se banalizan aspectos muy relevantes para la salud del bebé y de la madre como es todo lo relativo al vínculo.  Detrás de un parto no sólo hay un bebé que nace de su madre y ya está, sino que hay todo un proceso neuroendocrino detrás, donde una serie de hormonas y neurotransmisores orquestan el proceso para que todo esté perfectamente diseñado para que se produzca ese vínculo.

El cerebro de la madre durante el embarazo está en uno de los momentos de mayor plasticidad de toda su vida. A través de las neurociencias hoy se conocen la gran cantidad de cambios funcionales, estructurales y neuroendocrinos que se producen en la mujer para que cuando el bebé nazca, la madre literalmente, se vuelque en la crianza. Además, también cambian ciertas áreas relacionadas con la recompensa y el placer para que criar a su bebé le sea placentero. Gran cantidad de los cambios se producen en el cerebro límbico, que es nuestro cerebro más animal, pues es idéntico al de los demás mamíferos, es aquí donde se procesan las emociones primarias, la intuición y el instinto.

Esta preparación de su cerebro culmina en el parto, si el parto ha sido fisiológico (sin medicalizar) se producirán altísimos niveles de oxitocina (la famosa hormona del amor) tanto en la madre como en el bebé. Esta oxitocina tiene un papel central en el cerebro de la mujer y el bebé facilitando que en ese encuentro se inicie el vínculo, y así, se apeguen e influencien mutuamente.

El piel con piel aumenta la oxitocina en ambos, y ésta mantiene en calma el eje HHA (eje que produce cortisol, la hormona del estrés), promueve la contracción del útero evitando a la madre hemorragias postparto, favorece la lactancia ¡con la cantidad de beneficios que tiene la lactancia! no solo para el bebé, sino para el futuro adulto que será ese bebé (pues lo protegerá de hipertensión, diabetes, dislipemia, obesidad…), además de los beneficios para la madre (protege de la depresión postparto, cáncer de mama, osteoporosis, diabetes, y un largo etcétera).

Por todo esto, es tan importante el vínculo. Pero para que todos estos cambios se produzcan en el cerebro límbico es necesario que se respeten los procesos (interviniendo exclusivamente cuando sea necesario) y que se proporcione a la mujer un ambiente en el que se sienta tranquila, confiada, dueña de su parto, se fomente el piel con piel, la lactancia… todo esto va a contribuir a que se favorezca ese vínculo, tan importante por todos los beneficios que aportan a la salud física y mental del tándem madre-bebé.

Cuando el parto ha sido demasiado medicalizado o traumático, y además se separa a la madre del bebé, como ocurre en el caso de la maternidad subrogada, lo que ocurre es que, en lugar de ser la oxitocina la protagonista, entra en juego el cortisol (hormona del estrés).

Que la hormona protagonista durante el parto y el momento justo después del nacimiento sea el cortisol, en lugar de la oxitocina, tiene implicaciones muy negativas en la salud del tándem madre-bebé, ya que no se producirán los cambios necesarios en las vías neuronales de ambos, y como consecuencia de esto se dificultará el vínculo, y aumentará las probabilidades de depresión postparto y dificultades en la lactancia en la madre; y en el bebé se producirían cambios epigenéticos en el eje HHA produciéndose fallas que harán que estos bebés tengan peor manejo del cortisol, y por tanto del estrés, pudiendo permanecer esto en su vida adulta.

SVA: Las personas que defienden la maternidad subrogada insisten en afirmar que la gestante no es la madre porque no está relacionada genéticamente con el bebé que engendra y pare ¿Qué les diría a estas personas?

Hasta hace nada, no se conocía la epigenética, por eso se pensaba en los genes como algo estático, que permanecía igual desde que naces hasta que mueres. Ahora sabemos que no es así. Si profundizamos un poco en cómo la naturaleza sabiamente —cuando es respetada— va sincronizando a la madre y al bebé durante el embarazo para que se preparen para el vínculo, entenderemos por qué la mujer que gesta realmente es la madre del bebé.

Primero voy a explicar qué es la epigenética. El genoma es la secuencia de ADN, el epigenoma son marcas químicas en el ADN, estas marcas químicas se producen según el ambiente que nos rodea y hacen que unos genes se activen y otros se inactiven, y además, dichas marcas son transmisibles a la descendencia.

Para la salud y la enfermedad es tan importante el genoma (secuencia de ADN) como el epigenoma (marcas químicas en el ADN). Se ha demostrado que incluso antes de la nidación del zigoto comienza a entrar miARN de la madre en el interior de ese zigoto, y estos miARN empiezan ya el proceso de “encender” y “apagar” genes en ese futuro bebé. Durante toda la gestación, los hábitos de la madre, su alimentación, sus emociones, sus condiciones sociales y materiales… generan gran cantidad de cambios en el epigenoma del bebé, a esto se le llama programación fetal.

Así pues, la madre que gesta y pare, modifica la genética del bebé. Por este motivo, a nadie se le ocurre decirles a las mujeres que son madres por ovodación, o donación de embriones, que ellas no son las madres, porque el proceso del embarazo es el que define la maternidad.

SVA: ¿Puedes explicarnos un poco más en qué consiste la programación fetal?

Programación fetal significa que hay enfermedades o ventajas en salud para la etapa adulta que ya se programan en el útero materno a través de las modificaciones epigéticas. El bebé en el útero, según el ambiente que reciba a través de la madre, programará su epigenoma para adaptarse a lo que le espera fuera.

La programación fetal fue un descubrimiento del epidemiólogo inglés Barker. Él hacía mapas de distribución de enfermedades en Inglaterra, y se dio cuenta de que en las zonas donde hubo hambruna —y por lo tanto niños con bajo peso al nacer—, en la siguiente generación se dio mucha incidencia de obesidad. Esto sucede porque cuando el feto durante el embarazo no recibe suficientes nutrientes, sus genes se programan hacia un metabolismo ahorrador de energía, de manera  que puede sobrevivir a esa falta de alimentos. Este mismo metabolismo ahorrador que le permite sobrevivir en carestía, será el que en su etapa adulta le predispondrá a la obesidad.

Lo mismo pasa con el estrés, el estrés materno intenso y prolongado mantiene el cortisol (hormona del estrés) elevado, este cortisol induce mecanismos de programación en el eje HHA del feto, es decir, el bebé se prepara para un mundo hostil, por lo que tendrá peor manejo del estrés. Además, cuando se maneja mal el cortisol, esto puede inducir otros daños colaterales en otros sistemas, como el sistema inmunológico, cardiovascular o metabólico, ya que el cortisol tiene un papel fundamental en estos otros sistemas.

Además, justo en el nacimiento y horas después, hay muchísimos mecanismos epigenéticos que se ponen en marcha y que se ha demostrado influyen de manera fundamental en la salud física y mental de la vida de ese bebé y futura persona adulta.

Simplemente el hecho de nacer por cesárea —como muestra un estudio publicado por un grupo de investigadores del instituto Karolinska en el American Journal of Obstetrics and Gynecology— lo cual implica no haber pasado todo el proceso neuroendocrino que conlleva el parto, modifica epigenéticamente más de 350 regiones del ADN incluidos genes relacionados con la respuesta inmunológica y el metabolismo. Esto explicaría por qué hay mayor incidencia de enfermedades como asma, celiaquía, obesidad, diabetes… en las personas nacidas por cesárea. Esto no significa que tengamos que estar en contra de la cesárea, esto significa que habría que hacer esas cesáreas necesarias que salvan vidas, pero no deberíamos hacer cesáreas innecesarias, como bien dice la OMS no deberíamos pasarnos de un 10 – 15 % de cesáreas en ninguna región del mundo.

SVA: Teniendo en cuenta todo esto que nos cuentas, queda claro que las condiciones de concepción, gestación y parto (la mayoría realizados por cesárea programada, para facilitar que los compradores puedan estar presentes en el parto) impuestas a las madres en los contratos de subrogación, no son las más idóneas para la diada madre-bebé e impactarían negativamente en la salud de ambos.

MAA: Efectivamente.

El bebé humano cuando nace, lo que espera es encontrarse con su madre, así está determinado en su cerebro y en sus genes, y la madre exactamente lo mismo. Todo lo que sea entorpecer el proceso, que es lo que hace la subrogación: estrés, parto traumático, medicalización del parto, separación madre-criatura, etc., tiene repercusiones negativas en la salud física y mental tanto de la madre como del bebé.

El problema es que mucha gente cree que como no recordamos nuestros primeros años de vida, lo que suceda en estas etapas precoces no importa, ¡y claro que importa! El hecho de que el cerebro esté inmaduro no significa que el bebé humano ni sienta ni padezca, al contrario, en el cerebro en estas etapas se producirán cambios neuroanatómicos decisivos que impactarán en su salud, y lo mismo pasa en los genes. Hay una gran plasticidad a nivel cerebral y en sus genes en estos momentos, sobre todo alrededor del parto, por eso todo lo que ocurra en el entorno del bebé en este periodo de tiempo desde el embarazo hasta el primer año de vida será decisivo.

SVA: En tus escritos sueles insistir en la necesidad de aunar ciencia y humanismo. Desde esta perspectiva ¿qué implicaciones éticas debería tener todo el conocimiento disponible sobre el embarazo, el parto y la salud materno-infantil en la consideración de la gestación subrogada?

MAA:El problema que tenemos hoy con la rapidez del progreso, es que no sólo nos hemos especializado, sino también supraespecializado. Ya no es suficiente ser traumatólogo sino que ahora soy traumatólogo especialista en la rodilla, por poner un ejemplo. Una anécdota que siempre cuento es la de un cardiólogo que auscultaba a su paciente a través de un área de piel donde tenía un melanoma (que es un cáncer de piel), y no era capaz de ver el melanoma, porque la piel es cosa del dermatólogo.

Está muy bien la supraespecialización para muchas cosas ¡por supuesto! pero la tecnociencia nos lleva a una Medicina que cada vez está más dividida y es más tecnológica. Ya no vemos al ser humano en su totalidad sino que lo vemos por partes. Y por esto es posible que algunas personas en lugar de ver una mujer, sólo vean un útero, con capacidad de gestar, cuando la realidad es que es la mujer completa la que vive el proceso del embarazo.

Pero vamos más allá, estamos hablando de divisiones en el cuerpo, si pasan estas cosas, imagínate dónde quedan los aspectos biopsicosociales de la enfermedad. Y es que la Medicina se ha convertido ya no en ciencia sino en cientificismo (que esto daría para otra entrevista aparte) cuando en realidad debería recuperarse esa mezcla de ciencia, arte y humanismo que era la Medicina. Y desde ese punto de vista, por supuesto que no todo vale, aunque sea posible técnica y científicamente. Pero por desgracia, los aspectos éticos hoy quedan muy atrás. Debería haber una revolución ética donde puedan aunarse la ciencia (que no el cientificismo) y el humanismo.

No puede ser que los intereses del mercado nos lleven a la deshumanización que hoy asistimos y a la cosificación de la vida.

En el caso concreto de la gestación subrogada a nadie le importa las implicaciones que tendrán en la salud las madres que gestan, estas mujeres viven el embarazo completamente disociadas, tratando de contradecir su cerebro instintivo e intuitivo con su cerebro racional.

Esto debería estudiarse, pero este tipo de estudios, este tipo de ciencia, no le interesa al mercado, por eso caemos en el cientificismo. La ciencia debería ser neutral y no lo es, solo se estudia lo que interesa al negocio.

Y en los bebés lo mismo, muy poco se estudia el impacto de la subrogación en las criaturas.

Aunque si entendemos un poco todo lo que he contado en relación a la epigenética y neurociencias de la salud primal es lógico deducir que la subrogación no es precisamente lo mejor para el bebé.

Pero, insisto, esto no interesa estudiarlo, no interesa a un negocio multimillonario, aunque muy de vez en cuando aparece algún que otro estudio como el “Perinatal outcomes after natural conception versus in vitro fertilization (IVF) in gestational surrogates: a model to evaluate IVF treatment versus maternal effects”, que efectivamente deduce que la subrogación sí que tiene consecuencias en la salud del bebé y la madre, como hemos visto.

Fuente: https://stopvientresdealquiler.wordpress.com/2018/03/09/entrevista-a-mir...

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