Yemen: La guerra ignorada

Cazas de guerra saudíes obligaron este martes a un avión del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) a aterrizar por “violar una zona operativa en Yemen”.

Según el portavoz del Ejército de Arabia Saudí, el coronel Turki al-Malki, el avión aterrizó en una base aérea saudí en la provincia de Jizan (en el suroeste del reino árabe) después de desviarse de su ruta, de Saná, la capital de Yemen, a Yibuti.

“El avión de la Cruz Roja cambió su ruta aérea hoy a las 13:00 horas (10:00 GMT) después de haber despegado del aeropuerto de Saná (la capital yemení) y entró en la zona de operaciones de la coalición” en el sur de Arabia Saudí, ha indicado Al-Malki.

El vocero castrense también ha acusado a la tripulación de la Cruz Roja de cometer “una infracción flagrante de las normas de la aviación”. Los funcionarios del CICR explican que el incidente ocurrió por “un fallo técnico”.

No obstante, un funcionario yemení ha indicado que el citado avión fue robado por dos aviones de combate saudíes después de despegar del Aeropuerto Internacional de Saná y trasladado a un lugar desconocido.

El avión de la Cruz Roja cambió su ruta aérea hoy a las 13:00 horas (10:00 GMT) después de haber despegado del aeropuerto de Saná (la capital yemení) y entró en la zona de operaciones de la coalición” en el sur de Arabia Saudí, ha indicado el portavoz del Ejército de Arabia Saudí, el coronel Turki al-Malki.

“El robo del avión de la Cruz roja muestra el enfoque hostil de Arabia Saudí para dañar las actividades humanitarias en Yemen”, ha indicado el funcionario, en calidad de anonimato, al diario local Yemeni Press.

Los cazas saudíes han bloqueado en reiteradas ocasiones los vuelos de ayuda humanitaria enviados por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) a Yemen, país blanco de bombardeos de Arabia Saudí y sus aliados desde marzo de 2015.

De acuerdo con el último balance ofrecido por el Ministerio de Salud de Yemen, la agresión saudí a Yemen ha dejado al menos 11 000 muertos y casi 23 000 heridos, además de hundir al país en la hambruna y las epidemias. La comunidad internacional, sobre todo las Naciones Unidas, ha hecho insistentes llamados a Riad para que ponga fin a esta “estúpida guerra”.

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Yemen: la guerra ignorada

Por: Guillermo Alvarado

Si bien durante un tiempo la guerra impuesta a Yemen atrajo los reflectores y motivó titulares en la gran prensa occidental, nadie parece ya recordar ese conflicto que, sin embargo, mantiene al borde de la muerte por hambre y otras causas a millones de personas, entre ellas una enorme cantidad de niños.

De hecho, el secretario general de la Organización de las Naciones Unidas, el portugués Antonio Guterres, aseguró que la crisis humanitaria en ese lugar es sin dudas la peor en todo el globo.

El conflicto estalló hace siete años como un enfrentamiento entre grupos rebeldes hutíes y el gobierno local presidido por Abd Rabbuh Mansur Hadi y se agravó cuando en marzo de 2015 una coalición encabezada por Arabia Saudita y otros países de la región intervinieron a favor del jefe de Estado, quien debió partir al exilio.

El territorio yemení fue objetivo de masivos bombardeos, apoyados por Estados Unidos, el Reino Unido, Francia, Bélgica y otras potencias, que prácticamente destruyeron la infraestructura y a pesar de eso los rebeldes no sólo resistieron sino que han conquistado terreno.

Uno de los puntos candentes en esta guerra es el puerto de Al Hudeida, el más importante de Yemen y el único por donde pueden entrar cargamentos de ayuda humanitaria vital para casi ocho millones y medio de habitantes, de un total de 28 millones que componen la población.

Hay por lo menos 12 millones más afectados por el conflicto, de los cuales un millón sufren por la mayor epidemia de cólera de todo el planeta de acuerdo con datos de la Organización Mundial de la Salud.

Como suele ocurrir, los niños llevan la peor parte debido a la destrucción de hospitales, centros de salud y escuelas, que casi han paralizado estos servicios.

Sólo en 2017 murieron como consecuencia de la guerra y sus secuelas unos 50 mil menores y una cuarta parte de los sobrevivientes padecen desnutrición aguda denunció el Fondo de la ONU para la infancia.

A pesar de que en los últimos meses ha desaparecido de la atención mediática, la guerra se mantiene con gran intensidad y consume recursos que utilizados de otra forma habrían financiado el desarrollo de uno de los países más pobres en esa zona.

Yemen no tiene grandes recursos naturales, casi todo su territorio es desértico y en muchos lugares prácticamente no llueve. Tampoco en su subsuelo hay notables reservas de hidrocarburos, que suelen ser causa de muchos conflictos.

Su gran riqueza, no obstante, es su extraordinaria ubicación geográfica, pues desde allí se controla la garganta que une al golfo de Adén con el mar Rojo, por donde transitan cada día cientos de miles de barriles de crudo árabe de altísima calidad con rumbo al canal de Suez, y de allí hacia Europa. Se trata de un punto estratégico capaz de despertar las más brutales apetencias de occidente, donde el petróleo suele ser más valorado que la sangre humana, de esa que todos los días se derrama en Yemen.

Editado por Maite González Martínez
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Explota un artefacto al paso de un vehículo militar en Yemen

Al menos tres personas fallecieron tras el estallido, ocurrido en calles de la ciudad de Adén
Hasta el momento, ningún grupo ha asumido la autoría del ataque. EFE/ARCHIVO

Hasta el momento, ningún grupo ha asumido la autoría del ataque. EFE/ARCHIVO

Al menos tres personas murieron hoy por la explosión de un artefacto al paso de un vehículo blindado que llevaba a bordo un líder militar de las fuerzas especiales yemeníes en la ciudad de Adén, en el sur del Yemen, informó a Efe una fuente de seguridad.

El artefacto, colocado cerca de un puesto de control en la ciudad costera de Adén, fue detonado después de que pasara el vehículo del dirigente de las fuerzas especiales de la policía en Adén, el coronel Rami Asamidi, explicó la fuente, que pidió el anonimato.

Tanto el militar como el resto de acompañantes salieron ilesos del ataque, según la fuente, la cual añadió que un hombre y su hijo, que viajaban en una moto, perdieron la vida, así como una mujer que pedía limosna en la carretera. Cuatro personas más sufrieron heridas de diferente gravedad, añadió.

Hasta el momento, ningún grupo ha asumido la autoría del ataque.

La ciudad de Adén es la sede provisional del Gobierno yemení reconocido internacionalmente.

El Yemen es escenario de una guerra desde finales de 2014, cuando los rebeldes hutíes aliados de Teherán tomaron la capital, Saná, y áreas del norte y el oeste del país, y el conflicto se recrudeció con la intervención de la coalición árabe, liderada por Arabia Saudí, en marzo de 2015.

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La ‘nakba’ y los niños de Yemen

La creación del Estado de Israel es ‘la nakba’ (la catástrofe) de Palestina desde el 14 de mayo de 1948. Para financiar al nuevo país, se arrebataron a sus padres y se vendieron unos 4.500 niños judíos inmigrantes yemeníes Un reportaje de Lander Santamaría 22 de Julio de 2018 –

Miles de palestinos se vieron obligados a huir del acoso sionista de las que había sido su tierra.

Miles de palestinos se vieron obligados a huir del acoso sionista de las que había sido su tierra. (D.N.).

El 15 de mayo de 1948 culminaba la retirada del ejército británico de suelo palestino y se iniciaba lo que se conoce como la nakba (la catástrofe) por los habitantes de Palestina. El día anterior, para respetar el sabbath (jornada religiosa de descanso) el Gobierno Provisional Judío declaró la creación del Estado de Israel y “garantizó los derechos civiles para todos los habitantes de su territorio, fueran árabes o judíos”. A la vista está.

En realidad, la nakba había comenzado treinta años antes, a raíz de la llamada Declaración Balfour datada el 2 de noviembre de 1917 en carta dirigida por el ministro de Asuntos Exteriores británico a Lord Rotschild, el barón Lionel W. Rothschild y líder de la comunidad judía en Gran Bretaña. Entre otras cosas, decía que el gobierno de su Majestad “ve favorablemente el establecimiento en Palestina (anteriormente se había barajado la posibilidad de ubicarlo en África) de un hogar nacional para el pueblo judío y usará sus mejores esfuerzos para facilitar el logro de este objetivo”.

Dejaba “claramente entendido que no debe hacerse nada que pueda perjudicar los derechos civiles y religiosos de las comunidades no judías existentes en Palestina”, y finalizaba con su agradecimiento “si usted hace (pone) esta declaración del conocimiento de la Federación Sionista”. A partir de ahí, aunque años después, las vidas de alrededor de 4.500 familias judías residentes en Yemen iban, inesperada, cruelmente, a sufrir un horror que jamás habrían podido imaginar tras llegar a Israel.

EL éXODOUnos cien mil inmigrantes judíos se calcula que llegaron en los primeros años tras la Declaración Balfour de respaldo al sionismo, una “invasión” que no tardó en originar enfrentamientos con los palestinos residentes, que se recrudecería a finales de los años 30. Llegaban de todas las partes del mundo y exigían o se apropiaban por la fuerza de más y más territorios, tanto que, a pesar del holocausto nazi, el Gobierno británico se planteó la necesidad de restringir la llegada y la consiguiente e imparable voracidad territorial sionista.

Las organizaciones judías respondieron con violencia contra los británicos, de tal forma que fueron tachadas abiertamente de “terroristas”. La idea de que árabes y judíos iban a poder vivir y prosperar juntos y en paz, se reveló, no podía ser de otra forma y se sigue afirmando, absolutamente peregrina. La brutalidad sionista alcanzó su mayor repercusión mundial con el atentado al Hotel King David de Jerusalén (1946) que causó la muerte de 91 personas y el asesinato de tropas británicas.

La tragedia

4.500 niños “desaparecidos”

Enigma por aclarar

El caso de los niños judíos yemenitas se produce entre 1948 y 1954, con la creación de Israel. Al asentarse en el país, los niños eran arrebatados a sus padres inmediatamente después del parto o con la justificación de análisis médicos y “desaparecían”, sencillamente. A sus familias les decían que “habían nacido muertos” o que “habían fallecido por alguna enfermedad”, y si reclamaban el cuerpo para darle sepultura, les respondían que el hospital ya lo había hecho.

El caso no habría trascendido si los padres hubieran aceptado las explicaciones de los sanitarios o funcionarios públicos, y de no haber iniciado una acción que les superaba recién establecidos, desconocedores de las leyes vigentes o de las que empezaban a aplicarse. Por más de medio siglo siguieron sin conocer lo ocurrido con sus hijos, pero los casos eran demasiados como para acallar las demandas y quejas de las familias afectadas.

Todavía en junio de 2016, el primer ministro Benjamín Netanyahu tuvo que encargar al ministro de Seguridad Tzachi Hanegbi que revisara los archivos ocultos e informara sobre el asunto. Hanegbi es un tipo tristemente célebre: “En lo que a mí respecta, pueden hacer huelga un día, un mes, hasta la muerte”, respondió en 2008 al conocer que prisioneros palestinos se declaraban en huelga de hambre.

No hubo ni hay, como era de esperar, respuesta satisfactoria y meses más tarde se dijo que abrirían los archivos. Se conservan aún más de 100.000 documentos y el Gobierno dice que “debe ayudar a que las familias de los niños secuestrados dejen de desconfiar del Estado de Israel”, pero sigue sin ofrecer ninguna respuesta ni se le espera.

Únicamente 745 padres presentaron denuncia en origen, dos tercios yemeníes, pero en 1994 el rabino Uzi Meshulam inició una acción de protesta y amplió las desapariciones a procedentes de los Balcanes y Oriente y un atrevido periódico, Haaretz, las extendió a familias originarias de Europa. No obstante, la proporción sigue siendo del 70% secuestrados originarios de Yemen y sólo el 4%, europeos.

La vivienda del rabino Meshulam se convirtió en centro de la lucha, incluida la armada. Durante 52 días la policía asedió la vivienda, mató a un manifestante y detuvo a Meshulam, condenado a seis años y medio de cárcel, salió a los cinco años y murió en 2013. La sospecha apunta a que los niños “desaparecidos” fueron vendidos, sobre todo en Estados Unidos a matrimonios sin hijos, para financiar la creación del nuevo Estado y ha vuelto a la actualidad a raíz de los recientes ataques de Israel en la franja de Gaza, aunque sigue sin aclararse. En un censo de 1930, los musulmanes eran 486.177, judíos 83.790 judíos, 71.464 cristianos y 7.617 de otras religiones. En 1945, la población era de 1.061.270 musulmanes, 553.600 judíos y 135.550 cristianos. Ahora, la presunta nación palestina se estima en 4,55 millones por 8,55 de judíos. Israel no quiere saber nada del pasado, sabe que el tiempo (y las grandes potencias que prefieren mirar a otro lado) juegan a su favor y es cuestión de tiempo. ¿Qué importan 4.500 niños?