Un 14 de noviembre el obrero Simón Radowitzky ajustició a un asesino de la clase trabajadora

Durante la marcha del 1 de mayo de 1909 en Buenos Aires fueron asesinados un grupo de obreros por parte de las fuerzas policiales y del orden del Estado Argentino, en lo que se conoció como La Semana Roja. El principal responsable de los asesinatos contra el movimiento obrero fue Ramón Lorenzo Falcón, un policía, político y militar argentino que era conocido por su “mano de hierro” contra las manifestaciones populares.

Como respuesta a la masacre de trabajadores, el joven obrero e inmigrante ucraniano Simón Radowitzky preparó un artefacto explosivo casero el cual arrojó el día 14 de noviembre dentro del vehículo de Ramón Lorenzo Falcón.

Foto de Ramón L. Falcón en la revista PBT.

La explosión hirió de muerte al entonces jefe de la Policía de Buenos Aires, y a quien los grupos obreros sindicaban como “asesino de proletarios”.

Vehículo en el que viajaba el jefe de policía Ramón L. Falcón, destruido por la bomba de Radowitzky.

Posterior al ataque, Radowitzky al no poder escapar de sus captores intentó suicidarse disparándose al cuerpo. Finalmente, no logró su cometido ya que la bala no acabó con su vida, quedando solamente herido, y además apresado por el Estado argentino. Así fue encarcelado en la prisión más fría y dura al sur del mundo, en el penal de Ushuaia en la Patagonia argentina. En 1911 logró escapar de la cárcel con el apoyo de anarquistas chilenos y argentinos, cruzando a Chile, para posteriormente ser nuevamente apresado tras su búsqueda y hallazgo por parte de la Armada chilena.

Historiadores como Osvaldo Bayer han sido obstinados investigadores de la vida de Radowisky, también se han publicado obras de ficción y comic con su historia, como “155” de Agustín Comotto en donde se cuenta la dura infancia de Simón en la Rusia zarista, así como la vida del anarquista en la cárcel.

 

 

En 1930, tras 21 años en la cárcel se le concedió el indulto, pero también el destierro de Argentina. Simón vivió en Uruguay y luego viajó para España durante la guerra civil para apoyar los grupos republicanos, marxistas y anarquistas contra el fascismo.

Tras la victoria de la derecha ultraconservadora y fascista en España cruzó la frontera hacia Francia donde permaneció en un campo de concentración hasta su traslado a México donde moriría en 1956 a la edad de 65 años.