Opciones para los restos de franco

Dada la desproporcionada importancia que se está dando al asunto y como yo me considero demócrata, a favor de respetar siempre la voluntad del pueblo, aporto mi granito de arena al conflicto proponiendo un referéndum. La pregunta clave sería, más o menos, la siguiente (se ofrecerían cuatro alternativas para deshacernos de los polémicos restos)...

En los momentos de apogeo de la dictadura franquista, allá por los años 50 y 60, a los niños nos enseñaban en las escuelas a adorar la imagen de un Franco beatificado e invicto. Era una foto, la suya, que los niños veíamos repetida hasta la saciedad, colgada siempre en las paredes de todos los edificios públicos, impresa en todas las monedas de curso legal, reproducida hasta en los sellos de correos… Su busto aparecía siempre con esa expresión deshumanizada, lejana, y fría, con la que Franco pasó a la historia. Los niños de aquel entonces aprendimos así a adorar a alguien que, de cara al resto del mundo, era un criminal reputado y un asesino impune.
Colaborador de Hitler y Mussolini durante la segunda Guerra Mundial, el régimen dictatorial de Franco sobrevivió a la liberación de Europa -¡eso sí que clama al Cielo!- gracias a la protección de Winston Churchill, desde la victoriosa Gran Bretaña, así como al apoyo logístico y militar de la terrorista nación que responde al nombre de Estados Unidos.

El presidente quiere zanjar el asunto

Parece ser que los fantasmas del psoe, los fantasmas esos del pasado, presente y futuro que se aparecen en la víspera de navidad a los corruptos y a los usureros, se presentaron en las últimas navidades ante el señor Pedro Sánchez para torturarlo con las causas-efectos de seguir manteniendo al Caudillo en ese pútrido mausoleo donde se encuentra hasta el momento. Antes de que esos espíritus vuelvan a aparecérsele en las ya cercanas navidades, torturándolo con retorcidas apariciones dickensianas y acosándolo con siniestras pesadillas en las que Cataluña consigue irremediablemente su codiciada independencia, el presidente quiere dejar bien zanjado el asunto.

Yo, aparte de periodista, soy amante del arte clásico, la arquitectura moderna y los diseños más vanguardistas que existen. De hecho, trabajé durante unos cuantos años como experto en arte abstracto. Aunque a lo largo de todo el siglo XX y lo que llevamos del XXI, hayan sido construidas aberraciones arquitectónicas inconcebibles, desde mi posición de informador he tratado de ser ecuánime y objetivo con ellas (algo así como trabajando de periodista, que también me he esforzado en serlo a la hora de informar puntualmente al ciudadano de todo aquello que las noticias oficiales esconden).
Así, una vez que me he definido profesional, ideológica y políticamente -para que nadie se llame a engaño-, he de reconocer que yo también tengo derecho a decidir qué hacer con los restos de un dictador que influyó decisivamente en mi vida, convirtiéndola en un rosario de engaños, frustraciones y decepciones que me llevaron a plantearme de joven, como único sistema de abordar el conocimiento, un metódico y estricto escepticismo. La educación que yo recibí en las escuelas franquistas transformó al tierno e inocente infante que yo era, en un adolescente combativo y en un adulto inadaptado y “conflictivo”. Así, al menos, me define en su informe policial un comisario jefe de Cuenca en una detención ilegal que sufrí en la Transición por denunciar las estafas de Caja Madrid en esta ciudad (me refiero a la Cuenca de España).

El cadáver de Mussolini fue colgado

En el tema de deshacernos de la momia de Franco, nos ayudaría mucho repasar el final de Hitler y, más aún, el de Mussolini, que fue linchado por la multitud y colgado durante tres días en una plaza pública de Roma. El final del Ducce debería de servir de inspiración al gobierno sobre qué hacer con los restos del putrefacto dictador (o los putrefactos restos del dictador, que tanto montan, montan tanto). Sin embargo, no se les cae de la boca la frase “darle cristiana sepultura” en otro lugar diferente de aquel donde ahora reposa, un lugar en el que no hay que olvidar que también reposan simbólicamente todos los muertos que produjo su cobarde, criminal y sanguinario golpe de Estado.
El problema parece ser que el gobierno no quiere indisponerse con su familia, lo cual es, hasta cierto punto, comprensible, pues la contaminación franquista de nuestro mapa político no sólo ha gangrenado al pp y a Ciudadanos, sino que afecta también al psoe desde la época del siniestro “Señor X” (me refiero, como no, al criminal señor Felipe González, que fundó, financió y articuló la trama de los GAL). De no haber contado con la complicidad de la social democracia alemana de Willy Brand (que era la que movía los hilos del psoe en los años 70 y 80) la farsa de la transición española no habría funcionado y con la muerte del dictador habrían desaparecido también todos los vestigios del franquismo.

Pacto secreto con el franquismo

Sin embargo no fue así: los poderes fácticos de este franquismo, operando desde la sombra, han venido manteniendo buenas relaciones con los gobiernos psoistas. Uno de los puntos intocables del pacto secreto que firmaron se refería a que no se les tocara “los huevos” con la tumba de Franco y que se les dejara seguir haciendo apología de la dictadura siempre y cuando se les antojara.
Tanto la familia del dictador, que sigue disfrutando de todas las riquezas que acumularon torturando y asesinando obreros durante la dictadura, como todos los grupos franquistas, falangistas y neonazis que operan en España, y que siguen siendo subvencionados por el erario público, habían mantenido hasta ahora un tácito pacto de no agredir a un Estado que los protege. Así es como, durante más de cuarenta años, ningún gobierno del psoe en el poder se había planteado retirar los restos de Franco del Valle de los Caídos y convertir, como ineludible paso siguiente, esa abominable edificación en un museo del exterminio, tal y como en toda Europa se ha hecho con los campos de concentración nazis.

El detonante catalán

Sin embargo, la profunda crisis que sufre el país ante la decidida posición republicana e independentista de Cataluña, unido a la estratégica toma del poder que los parlamentarios psoistas pactaron con el resto de oposición parlamentaria, han obligado al psoe a poner en práctica sus tácticas de desviar la atención del ciudadano hacia el Valle de los Caídos y su idolatrada momia.
En otros países europeos, tras vencer los aliados la Segunda Guerra Mundial, no quedó otra opción que enterrar todos los restos del nazismo y el fascismo. Del mismo modo, sus jueces, en vez de proteger fascistas y nazis, como pasó y aún pasa en España, aprobaron nuevas leyes para encarcelar de por vida a todos los que quedaban vivos y se ocuparon de que en los juicios de Nuremberg sus principales cabecillas fueran ajusticiados. No obstante, tampoco debieron hacerlo muy bien, ya que no cambiaron lo suficiente las condiciones legales, políticas y económicas del país para impedir que ese cáncer rebrotara. Desde hace ya algunos años, el neo nazismo y el neo fascismo han vuelto a saltar a la esfera política europea.
Aun así, de lo que no cabe duda es de que los países europeos llegaron mucho más lejos que nosotros prohibiendo de raíz cualquier brote de nuevos dictadores. Los casi siete años de presidencia de Herr Mariano Rajoy en el poder han demostrado que España sigue siendo un país abonado para las dictaduras.

Juran venganza si sacan a Franco de su tumba

El problema de qué hacer con la momia de Franco, que hizo tanto daño mientras estaba vivo y que ahora, desde su tumba, sigue abduciendo las mentes de jóvenes oligofrénicos, violentos y desequilibrados, sigue aún pendiente. Ya ha sido emitida una ley, pero los intentos por sacarlo de su tumba en el Valle de los Caídos hasta ahora no han tenido éxito. Me veo obligado a insistir en el ejemplo del cadáver de Mussolini -tres días colgado en una piaza de Milán para escarnio público y posteriormente enterrado en una tumba anónima-, que podría inspirar al gobierno en vez de obcecarse en entregarlo a su familia, que sigue alardeando del poder político y económico que les queda y jurando venganza si sacan a Franco de su tumba. Si toda la familia política franquista (que va mucho más allá de los parientes de Franco), hubiera sido juzgada, encarcelada y despojada de las fortunas que han hecho torturando y asesinando obreros, tal y como cualquier democracia habría hecho, ahora no tendríamos ese problema.
Sin embargo, tanto su familia parental, como todas las familias políticas del franquismo que sobreviven en España, siguen desfrutando de privilegios políticos y no se les tocó nunca ni un céntimo de sus fortunas. Incluso ahora, el Estado español sigue subvencionando asociaciones que exaltan y hacen apología del franquismo.
Si toda esa horda franquista, en realidad mucho más pequeña de lo que imaginamos y que se la conoce con el nombre genérico de ultraderecha española, sigue abusando de su poder en las calles, asesinando a cuchilladas a jóvenes de izquierda y apaleando ciudadanos que reclaman sus derechos, es porque se sabe protegida, especialmente por los jueces, que les garantizan impunidad para cometer cuantos crímenes, violaciones y asesinatos se les antoje.

¿Convocar un referéndum?

Estando ya en las postrimerías del régimen franquista, en las comisarías de Franco los grises disfrutaban cortando los pezones a las mujeres o tirando a los estudiantes rojos por las ventanas. Por su parte, los guardias civiles hacían beber ácido sulfúrico a los detenidos o utilizaban varillas de paraguas para reventarles los tímpanos. Esa era la verdadera España de Franco, de la que nunca nos hablaban en los colegios. No es posible tener respeto a esa España franquista, a esa despreciable hiena que durante casi ochenta años ha estado torturando, amenazando y asesinando seres humanos. Mi opinión es que se declare tolerancia cero contra esos degenerados que se obstinan en seguir imponiendo su mundo ario a cualquier precio. Y esa tolerancia cero va también dirigida a los edificios y construcciones que han sido símbolo de su poder, entre ellas el Valle de los Caídos, que debería ser dinamitado para servir de ejemplo a futuros dictadores.
No obstante, dada la desproporcionada importancia que se está dando al asunto y como yo me considero demócrata, a favor de respetar siempre la voluntad del pueblo, aporto mi granito de arena al conflicto proponiendo un referéndum. La pregunta clave sería, más o menos, la siguiente (se ofrecerían cuatro alternativas para deshacernos de los polémicos restos):
“Que desea usted que se haga con los restos de Franco:
1º: se mantengan en el Valle de los Caídos mientras se vuela por los aires la construcción entera.
2º: se organice un auto de fe (al estilo de los que convocaba la Inquisición) y se los queme en plaza pública.
3º: se los disuelva en ácido sulfúrico y después “pelillos a la mar”.
4º: se los haga cachitos y se los dé de comida a los perros (que tendrían en realidad que ser hienas, ya que ningún otro animal, excepto los carroñeros, podrían digerir la carne de una bestia tan repugnante e inmunda como fue nuestro invicto Caudillo)”.
Si es que me dejo alguna opción en el tintero, invito a quien lo desee a sugerir alguna otra forma de deshacernos de esos polémicos restos, unos restos que siguen jodiendo, aun desde su controvertida tumba, nuestro futuro digno y democrático.