La Sareb, el banco malo, vende un gran parque de viviendas a fondos buitre

La entidad financiera que cuenta con gran volumen de capital público venderá una de sus Sociedades Cotizadas  Anónimas de Inversión en el Mercado Inmobiliario (socimi), Témpore, que gestiona un parque de miles de viviendas en alquiler, a los fondos buitre estadounidenses TPG y Ares. La operación llega en un momento en el que los expertos alertan sobre la irrupción de una nueva burbuja de especulación en el sector inmobiliario.

La tradicional campanilla de apertura de mercado en un gesto representativo / Fotografía promocional de Témpore

La Sociedad de Gestión de Activos procedentes de la Reestructuración Bancaria, Sareb, conocida como “el banco malo”, la entidad con capital público encargada de gestionar los activos tóxicos de las entidades financieras creados durante la burbuja, ha anunciado su inminente venta de la socimi Témpore, una corporación creada hace apenas un año que cuenta con un parque de miles de viviendas en alquiler.

Las socimi, Sociedades Cotizadas Anónimas de Inversión en el Mercado Inmobiliario, son un recurso creado para gestionar enormes parques de vivienda en manos de inversores privados. Témpore es una de las grandes compañías creadas por la Sareb para gestionar los inmuebles en alquiler que heredó de la denominada reestructuración bancaria. Creada hace apenas justo un año, el Sareb adelantó en todo momento su intención de revender en el mercado privado sus inmuebles.

Los compradores son las firmas de capital de riesgo TPG y Ares, según adelantaban los diarios económicos al anunciar la medida ayer. El acuerdo se produce justo cuando Témpore está a punto de incorporar un gran lote de viviendas que la llevará a contar con 3.357 pisos, los cuales la convierten en la tercera corporación con más inmuebles del mercado.

Así mismo, según se desprende de la información sobre el acuerdo, Sareb continuaría traspasando viviendas a la socimi hasta noviembre de 2020.

El proceso de venta es especialmente significativo en un momento en el cual el mercado inmobiliario parece ocupar el centro de atención de los grandes volúmenes de inversión en la economía del país. Lejos del miedo a la reedición de un colapso del mercado similar al sufrido con el inicio de la crisis económica y nuevamente inmersos en una dinámica de uso del suelo y los inmuebles como principal bien de inversión, entidades financieras de capital de riesgo como la norteamericana Blackstone se están haciendo con grande volúmenes de vivienda a través de la compra de estas socimi.

Críticas a la inacción del gobierno

A pesar de ser presentada por las autoridades responsables del control del capital mayoritario del Sareb y por los diarios económicos como una buena noticia, la operación no ha estado exenta de duras críticas por parte de la oposición. El responsable de Políticas Económicas de Izquierda Unida, Carlos Sánchez Mato, no ha dudado en calificar de grave error la política continuista del actual gobierno. En opinión de Mato, la medida adecuada tanto económica como socialmente sería convertir estos inmuebles en vivienda pública para responder a las necesidades sociales y contener la especulación.

“La dinámica de venta de estas socimi a esta clase de entidades de inversión no es nueva y lleva practicándose años”, nos explica Mato. “Sin embargo resultaba una oportunidad muy buena para enviar un mensaje de la capacidad del estado para solucionar el problema de la vivienda”, apunta.

Mato nos recuerda que el estado, a través del Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB) continúa siendo el dueño del 49% de las acciones del Sareb, contando con los mecanismos más que suficientes para aplicar un nuevo modelo de gestión.

“Puede que no sea un paquete de viviendas demasiado grande,  que desde luego no solucionase el problema de vivienda que actualmente tenemos”, expone Mato. “Pero asumir estos inmuebles como un paquete de vivienda pública habría servido para poner sobre la mesa un nuevo modelo que, combinado con otras medidas por ejemplo de tipo fiscal, podría atajar el problema y frenar la creación de una nueva burbuja de especulación”, añade.

Riesgo inminente de una nueva burbuja

La medida llega además en un momento en el cual todos los indicadores alertan sobre un nuevo recalentamiento del mercado inmobiliario, menos de una década después del estallido de la burbuja inmobiliaria que hundió la economía española desatando una crisis cuyos efectos aún perduran. La apuesta por viviendas de alquiler, con la introducción de nuevas modalidades de comercialización como los pisos turísticos alquilados por días o semanas, convierte a los inmuebles en un bien de inversión rentista que nuevamente está elevando los precios de la vivienda a niveles propios de 2010.

Carlos Sánchez Mato fija su atención en la gran acumulación de paquetes de vivienda en manos de unos pocos fondos de inversión, que además poseen unas características que les exigen rentabilizar al máximo en el mínimo de tiempo. “Durante la crisis hipotecaria nos encontramos con que uno de los problemas era que el control sobre estas estaba en manos de unas pocas entidades”, nos recuerda. “Ahora corremos el riesgo de encontrarnos en una situación similar, pero esta vez con la propiedad de las propias viviendas en manos de apenas tres o cuatro operadores”, alerta.

La acumulación de viviendas ya comienza a ser palpable con casos como los de la anteriormente mencionada Blackstone, que tiene actualmente la propiedad de alrededor de 24.000 pisos, o Azora, con 7.000 viviendas. La venta de Témpore a accionistas privados supondrá una nueva acumulación de miles de viviendas en manos de este tipo de compañías.