Adeline Marcos / Agencia SINC

La colonización europea acabó con los perros americanos

Hace más de 10.000 años, los humanos que llegaron a América lo hicieron acompañados de unos perros que no procedían de los lobos norteamericanos, sino de un antepasado canino que habitaba en Siberia. Los canes se dispersaron por toda América del Norte y compartieron territorio con los nativos durante miles de años, hasta la llegada de los conquistadores europeos en el siglo XV.

Alexandra Cousteau: “Volver a los océanos de mi abuelo va a ser imposible”

Cuando el comandante Jacques-Yves Cousteau empezó a explorar los mares en los años 50 no pensó en protegerlos, sino en conquistarlos. Sus películas mostraron por primera vez las profundidades marinas, un mundo hasta entonces totalmente desconocido. Fue más tarde, con la ayuda de su hijo Philippe (fallecido en un accidente de avioneta en 1979) cuando Cousteau vio la necesidad de cuidarlos y conservarlos.

Cómo lograr una convivencia pacífica entre lobos y humanos

El conflicto entre lobos y humanos es una lucha por el territorio y el ganado. Esta pugna, que perdura desde hace siglos, ha llevado a la casi extinción de este gran carnívoro en España en los años 70, pero también en otros países como Suecia a mediados del siglo pasado. En los años 60, ya no había poblaciones reproductoras en Suecia y solo quedaban 10 ejemplares en Escandinavia.

Por esta razón, en 1966 el gobierno sueco protegió formalmente a la especie en un país donde el 70% de su superficie está caracterizada por grandes bosques, la mayoría de ellos destinados al comercio.

Las ciudades modifican el tamaño corporal de los animales

El rápido crecimiento de las ciudades conlleva una serie de cambios que no afectan solo al paisaje. Los pequeños seres vivos que habitan entre edificios, aceras y asfalto deben hacer frente a la pérdida y fragmentación de hábitat, a la proliferación de especies invasoras, a la contaminación lumínica y acústica y al cambio climático. Su adaptación a los drásticos cambios generados por los humanos se produce en tiempo récord.

Grandes tramposos de la ciencia

En los años 20, un grupo de sapos parteros –una especie que vive y se reproduce en tierra– fue obligado a vivir en el agua. Según el artífice del experimento, las crías se acostumbraron al medio acuático, donde se aparearon. El resultado fue una tercera generación de estos anfibios que ya estaban empezando a desarrollar unas almohadillas negras en sus patas delanteras, un rasgo típico de especies acuáticas.

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