Carolina Vásquez Araya

La plaza y los dineros malgastados

La inmensa riqueza de Guatemala desaparece como agua por la alcantarilla.

La semana pasada estuvo tormentosa. No solo por los aguaceros de la temporada sino por la abundancia de sucesos de impacto como la solicitud de extradición de la ex vice presidenta, la interminable cadena de asesinatos cuya constante ha llegado a anestesiar nuestra sensibilidad al punto de formar parte de la rutina, decomisos de droga y destrucción de enormes plantíos de amapola en el contexto de un estado de sitio.

El privilegio de vivir

Rodeados de maldad y violencia, quisiéramos refugiarnos en el limbo del no saber.

Más de una vez me han criticado por exhibir y denunciar la violencia en mis redes sociales y más de una vez he visto cómo el afán de no saber, modera y neutraliza el impulso natural de las personas sumergiéndolas en una aceptación muda de lo inaceptable, en un silencio ominoso capaz de sepultar  su instinto de supervivencia  como si el horror del crimen impune fuera una maldición inevitable, impuesta por alguna fuerza superior.

La verdad detrás de una máscara

Todos los trucos para disimular, engañar o convencer, revelan una mentira.

Cuando un gobernante se siente acorralado por el fracaso de su gestión, su primera reacción es denostar, atacar o amenazar a la Prensa y luego -como un acto absolutamente contradictorio- buscar apoyo de expertos en estrategias de comunicación para iniciar una campaña capaz de restaurar su empobrecida imagen pública. ¿En dónde se realiza esa campaña? Obviamente a través de los mismos recursos usados por sus detractores: prensa y redes sociales.

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