Francisco González Tejera

Semilla de memoria

Primero fue una “Tormenta en la memoria” ese libro que escribí con el corazón y la ternura del recuerdo, una especie de nebulosa que inundó mis manos en el teclado mientras reconstruía esa parte de la historia censurada, ocultada, pisoteada, dar voz a los sin voz, a las más de 5.000 personas asesinadas por el fascismo en Canarias a partir del golpe de estado del 36.
 

Canarias golfería tropical

La revelación de las conversaciones grabadas entre el ex alcalde del PP de Mogán en Gran Canaria, junto a otros personajes de partidos políticos conocidos por sus golferías, donde charlan sobre la compra de votos en este municipio, denotan el perfil de la mayoría de políticos canarios, esa triste herencia de los fascistas que durante 40 años masacraron a este pueblo con miles de asesinatos, desapariciones, torturas sistemáticas en comisarías, en centros de detención ilegal y cientos de espacios para el crimen y el maltrato.
 

Carta abierta a Augusto Hidalgo, alcalde de Las Palmas de Gran Canaria, sobre la fosa común del cementerio de Vegueta

Recordamos Augusto, cuando fuiste elegido a finales de 2014 como candidato a alcalde de esta ciudad por el PSOE, como nos escribiste un comentario en Facebook a las familias de algunos de los fusilados y enterrados en la fosa común del cementerio de Las Palmas, exponiendo tu compromiso explicito a la exhumación si salías elegido máximo regidor de este Ayuntamiento canario.
 

Nebulosa de ternura

El perro bardino se quedó junto a la vereda de los ciruelos cuando se llevaban a Juan Beltrán, las manos atadas a la espalda con la soga de pitera, rodeado por los falanges y guardias civiles, el animal no entendía que trataran así a quien lo había rescatado cuando el hijo del cacique inglés mataba a sus hermanos, a su madre, a su viejo padre con la pequeña pistola de mango de oro.
 

Diego y la luna de sangre

Dentro de la caja de tomates el niño Diego González no había empezado a caminar con cinco años, su madre Lola García le daba los plátanos maduros que tiraban a la basura en la hacienda de los Molina, tenía esperanza de que pudiera andar, de que no se quedara pequeño, que alcanzara una altura al menos parecida a los demás chiquillos de Tamaraceite. Temía que cuando empezará a salir a la calle se burlaran de su discapacidad, de no ser como los demás.
 

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