Francisco González Tejera

Pintando esperanza en la Casa del Niño

Una vez asesinaron a mi tío Braulio, el bebé de cuatro meses en su cuna, y que posteriormente fusilaran a mi abuelo Francisco en La Isleta, se llevaron a mi padre y a uno de sus hermanos para ingresarlos en la Casa del Niño, la residencia que montó la dictadura fascista en Las Palmas para “adoctrinar” a los hijos de los fusilados y desaparecidos en toda la isla de Gran Canaria.
 

Un festival de cine para el maltrato de los grandes simios

Solo a un ayuntamiento gobernado por pantuflos insensibles se le puede ocurrir sacar un cartel anunciador del Festival Internacional del Cine de Las Palmas con imágenes de grandes simios. Una institución que acaba de aprobar una normativa que prohíbe los espectáculos con animales, pero que permite y potencia un acuario en suelo público a coste cero, la nueva cárcel de animales marinos del feriante propietario del desprestigiado y denunciado internacionalmente zoológico Loro Parque.
 

Lazareto de muerte

El “Cabo de vara” le rompió la clavícula a Juan Tejera, que no se quejó, para no darle el gusto a los fascistas de verlo humillado, se quedó en el suelo arrodillado aguantando el inmenso dolor. Sabía que esa madrugada se habían llevado a nueve camaradas para arrojarlos a la Sima de Jinámar, era consciente de que en cualquier momento le podía tocar. 
 
Se arrastró como pudo hasta la exigua litera de madera del barracón del campo de exterminio de Gando (Gran Canaria), donde dormían cada noche siete hombres destrozados, piel y hueso.
 

Pedimos el mismo trato en cada hueso

Ayer me alegré mucho cuando un buen amigo arqueólogo me filtró la noticia de que se habían encontrado restos de dos cuerpos más en el Pozo de Tenoya, uno de los lugares del horror en la isla de Gran Canaria, donde los fascistas desaparecieron a cientos de luchadores por la democracia y la legítima República.
 
Cada resto que se encuentra es como avanzar un poco más en el alivio de todo este atávico dolor, en la dignificación de quienes fueron asesinados por defender la libertad, la igualdad, la justicia social.

Pedimos el mismo trato en cada hueso

Ayer me alegré mucho cuando un buen amigo arqueólogo me filtró la noticia de que se habían encontrado restos de dos cuerpos más en el Pozo de Tenoya, uno de los lugares del horror en la isla de Gran Canaria, donde los fascistas desaparecieron a cientos de luchadores por la democracia y la legítima República.
 
Cada resto que se encuentra es como avanzar un poco más en el alivio de todo este atávico dolor, en la dignificación de quienes fueron asesinados por defender la libertad, la igualdad, la justicia social.

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