Ilka Oliva Corado

La necesidad de la Memoria Histórica latinoamericana

Porque es necesario que el Nunca Más se enraíce en la identidad del pueblo latinoamericano, porque es urgente que la impunidad dé paso a la justicia, porque es imprescindible rescatar la Memoria Histórica de la omisión de los gobiernos derechistas, porque apremia que se vuelva desidia en un pueblo amnésico.
Porque una sociedad sin memoria es un pueblo a la deriva. Un país que desconoce su pasado y que al que le enseñaron a renegar de él, es un pueblo manipulado que obedece sin musitar el mandato de los traidores.
 

Sociedades en decadencia

Cada día, apresuradamente, con la urgencia de la destrucción; característica principal de la humanidad que conformamos, nos estamos convirtiendo en el bagazo de una sociedad en decadencia.
 
Nos creemos superiores a la naturaleza que nos creó y la atacamos constantemente buscando terminar con ella y eliminar de la faz de la tierra todo vestigio de su existencia. Creemos, absurdamente que sobreviviremos sin ella y su inmenso amor.
 

América Latina retrocede cien años

Marco Rubio, senador republicano de origen cubano, escribió en su cuenta de twitter en días pasados: "El mundo apoyaría a las Fuerzas Armadas en Venezuela si decidieran proteger a su pueblo y restaurar la democracia sacando al dictador (del poder)".  Nada le pide el cuerpo. 

Ahora imaginemos que un personaje como Diosdado Cabello escribiera algo similar pero referente a Estados Unidos, o el mismo Nicolás Maduro, ¿cómo creen que reaccionaría Estados Unidos? 

La resistencia de los azafranes

Piensan que ya no queda aliento alguno, que lograron pulverizar los anhelos y que han arrancado del campo las raíces de los azafranes. Piensan que han dejado a los árboles sin corteza, desvalidos, en tierra erosionada. Creen que todo es un alud. Pero cada ciprés silvestre, naciendo en los peñales les demuestra lo contrario. Piensan que han silenciado el canto del jilguero, pero las parvadas surcando el horizonte les demuestra que hay trinos imposibles de matar y que hay bellezas y libertades deslumbrantes que ningún odio puede opacar.
 

Niño Arañero, de mi corazón

A Chávez lo reconozco en mi corazón, como el  Niño Arañero. Lo imagino con sus dulces de papaya en el sur de la América milenaria, de la Patria Grande  de Simón Bolívar y de todos los que creemos en la unidad de los pueblos. Un  joven soñador que acariciaba alas de mariposas y veía en la fuerza del viento unicornios galopando, dirigiendose hacia las  grandes alamedas florecientes, mismas de las que habló Salvador Allende.

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