Manuel Cañada Porras

La huelga del 78: Andamios de esperanza

Hace unas semanas se celebraba el 35 aniversario de la Asamblea de Extremadura y se acercan ahora los fastos de la Constitución española del 78. Arreciará de nuevo el discurso zalamero sobre la modélica Transición, las bondades del consenso y la clarividencia de los padres de la patria. Una trola que cada vez cuela menos, porque casi todo el mundo sabe ya que el rey está desnudo -con cuentas en Suiza pero desnudo- y el edificio de la segunda restauración borbónica, que parecía inquebrantable, se deshace vertiginosamente.

Sed de Justicia: La lucha de las madres de Suerte de Saavedra

“Estamos gobernados por psicópatas, no sienten el dolor que causan”. La frase es de Endika Zulueta, un abogado lúcido y valiente, leal como pocos a las causas de la justicia social. Y, aunque a simple vista parezca una exageración, si analizamos con frialdad nuestro tiempo social y político veremos hasta qué punto es, en la mayor parte de los casos, un diagnóstico pasmosamente preciso.

La luz de los obreros: Abril de 1902, Primer Congreso Obrero de Extremadura

Allí empezó todo. La historia del movimiento obrero en Extremadura hunde sus raíces en Torre de Miguel Sesmero, en sus calles estrechas y blanquísimas. “En la cocina de la resistencia, con sus fogones pobres, en la fraternidad del pan escaso, hallé por fin la fundación perdida, la remota ciudad de la ternura”. Pablo Neruda encontró en las primeras huelgas de los trabajadores chilenos la ciudad de la ternura. En Extremadura, el fogonazo originario habremos de buscarlo en el Primer Congreso Obrero, celebrado a finales de abril de 1902 en este pequeño pueblo de la comarca de Olivenza.

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