Sobre la frustración (en la lucha por la vida)

Los/as que hemos pasado por un espacio y nos hemos sentido defraudados/as cuando hemos visto que ese espacio no era lo que en un principio era, o cuando asistimos al bochorno de aguantar a dirigentes que se sitúan más en las filas del enemigo que en las tuyas, hemos compartido seguramente un sentimiento doloroso: la frustración.

Creo que en esto no podía dejar de nombrar un hecho que está ocupando debates, y es la marcha de algunos cargos y cuadros de IU ligados a Tania Sánchez Melero. Si siento que debo nombrar esto es porque he pertenecido a esa organización, he leído con detenimiento las declaraciones que se han hecho y me he sentido reflejado. En todas esas declaraciones se ve una frustración palpable y un dolor que ya pudimos sentir los que hace algún tiempo nos acabamos marchando. “Muchos años y mucho esfuerzo invertido”, lo dice Hugo Martínez Abarca, no yo.

Militar no puede ser sinónimo de frustración. La militancia tiene más que ver con la poesía, con la fraternidad, con el trabajo colectivo, con el cuidado mutuo entre iguales. Nunca la militancia puede ser un lugar de derrota, nunca un lugar donde sentirse extraño, nunca un lugar donde sentirse fuera de sí.

Cuando la militancia se convierte en eso deja de ser militancia por la vida. No hablo de que la militancia esté exenta de la discusión política, no hablo de que no haya momentos de tensión. Hablo de cuando las crisis de militancia no son algo pasajero, si no algo constante, algo puramente ligado a tu militancia, e incluso se convierten en crisis existenciales o en crisis de vida.
Si Marx hablaba de ‘enajenación del trabajo’ (“el trabajador no se siente feliz, sino desgraciado; no desarrolla una libre energía física y espiritual, sino que mortifica su cuerpo y arruina su espíritu”) yo también hablo de la ‘enajenación de la militancia’; es decir, el sentirse forzado, el sentirse fuera de sí cuando se supone que uno está en su casa política.

Me recordaban el otro día que “no se puede ganar la vida a costa de perder la tuya” y no creo que pueda haber algo más cierto. ¿Cuán frustrante y depresivo es apostarlo todo, TODO, por un proyecto y sentirse abandonado o defraudado en él?
Quizá mucha culpa la tengamos los que damos esos pasos, y puede ser, pero no menos cierto es que necesitamos organizaciones de y para la gente, espacios donde no se den los casos de ‘enajenación de la militancia’, espacios en los que echar a los secuestradores sea labor de un rato y no de una vida entera, espacios fraternos. No necesitamos y no queremos espacios secuestrados o endogámicos, espacios donde los burócratas bienpagaos paralicen todo lo hermoso que tiene la militancia, espacios que sirvan más para los intereses de una Mafia o una Familia que para los intereses de la gente.

Efectivamente la lucha es por la vida. No podemos perder lo que tenemos de vida cuando lo nuestro también es comernos el mundo, “comernos la vida a mordiscos”. Nunca más.

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