El negocio de la memoria – Backup Memories

Jesús Portillo | El poeta romano Marco Valerio Marcial escribió en el siglo I que “poder disfrutar de los recuerdos de la vida es vivir dos veces”. La relación entre la memoria y la identidad, los recuerdos comunes con tu entorno y el deseo de no perderse en el olvido hacen que siempre hayamos querido atesorar los momentos que dan sentido a nuestras vidas. El progresivo trasvase de la vida física a los entornos digitales ha hecho palpable ese deseo de inmortalizar cada instante significativo, creándose los diarios virtuales, las fototecas etiquetadas, el calendario de eventos y el catálogo de preferencias. Las empresas que dan hospedaje a esta ingente cantidad de datos en sus servidores tienen en sus manos un lucrativo negocio a medio y largo plazo relacionado con la conservación de la identidad y el recuerdo.

Dentro de unas décadas, al menos dos o tres generaciones tendrán almacenada en los servidores de las redes sociales gran parte de su vida, o al menos, la parte más social, compartida y reforzada. Esta situación creará un nuevo nicho de mercado: la recuperación de la vida digital (Backup memories). Se incluirán entre las prestaciones de los servicios funerarios, se comprarán como regalos de cumpleaños y efemérides, se utilizarán como compilaciones de seguridad para investigar antecedentes y pautas de comportamiento. Al ser pública parte de la vida, estamos cediendo voluntariamente a las empresas y a las fuerzas del Estado información más o menos sensible que puede ser utilizada con diferentes fines. Resulta llamativo que algunas redes sociales no permitan rescatar de forma automatizada por lotes toda la información que un usuario tiene en su cuenta. Es más, la información que se muestra al propio titular de la cuenta no es el total de las publicaciones e interacciones de este, sino una selección de las entradas más populares, comentadas o compartidas.

Desde un punto de vista emocional, el hecho de poder rescatar la huella digital de un ser querido es un jugoso filón que los propietarios de Facebook, Twitter, Instagram, etc. podrán explotar indefinidamente debido a que los titulares cedieron despreocupadamente a la empresa esos datos a la hora de abrir la cuenta. Desde un punto de vista político, como ya está siendo investigado por el Senado de EEUU [ver], los datos que ven o no la luz pueden ser manipulados como en cualquier otro servicio de prensa, pero a gran escala.  Estamos hablando de cambiar el curso o reescribir la historia, poniendo énfasis o descartando información. Las redes sociales funcionan como enormes repositorios de noticias y tendencias, en el siglo XXI serán en parte las encargadas de definir la imagen de personalidades, lugares o sucesos; todo visto desde la óptica del macro-análisis de datos.

Alfombra del recuerdo - Paul Klee

Por otro lado, existe otra demanda cada vez mayor entre los usuarios de internet: el derecho al olvido. Desde que dictara sentencia el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) el 13 de mayo de 2014 sobre el derecho al olvido, los gigantes de internet tuvieron que ponerse manos a la obra y crear sistemas de evaluación para las miles de solicitudes que llegaron a sus sedes. De forma paralela, apareció un ejército de empresas privadas especializadas en posicionamiento y búsquedas web que prometen eliminar previo pago cualquier rastro de una persona física en la red. Sin embargo y en el mejor de los casos, no debemos confundir la eliminación de nuestros datos de la red (contenido público en línea) con la eliminación de nuestros datos de los servidores (contenido propiedad de la empresa, local), lo cual no es comprobable para un usuario debido a que esos datos dejaron de ser suyos.

Además, la sombra de un riesgo global del que se lleva hablando más de dos décadas: la suplantación de identidad o phishing. Sin contar el riesgo de ser desplumado a causa del phishing bancario, abordaremos la suplantación de identidad social a través de los backups social network (copias de seguridad de las redes sociales). Además de las cientos de aplicaciones gratuitas o de pago existentes para hacer copias y volcar de nuevo el contenido en una nueva cuenta, existen también empresas dedicadas a este menester. ¿Qué impide, en primera instancia, que puedan clonarse cuentas a partir de las copias de seguridad de la original y suplantar a esa persona? Al fin y al cabo, no disponemos actualmente de mecanismos que nos aseguren de estar relacionándonos por internet con quien creemos hacerlo. La identificación mediante avatares o fotografías, la falta de control de la identidad (y de la edad) real del individuo y la falta de conciencia (en muchos casos) de los propios usuarios, han generado el caldo de cultivo perfecto para este tipo de ciber-delincuencia.

Para concluir, quisiera reparar en la potencialidad terapéutica de estas bases de datos biográficas aplicadas a la rehabilitación de personas con problemas relacionados con la memoria. Del mismo modo que una persona accede al perfil de otra y puede conocer gran parte de su actividad, sus gustos, sus contactos, etc.; los backups memories pueden utilizarse para que el paciente reviva sus experiencias e incluso desarrollar entornos virtuales que lo sumerjan en una recreación de su vida y le devuelvan la noción del tiempo. Quizás “el tiempo no es sino el espacio entre nuestros recuerdos” (Henry F. Amiel).

http://blogs.tercerainformacion.es/cincel/2016/05/26/elnegociodelamemoria/

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