¿Por qué voy a votar a Unidad Popular?

Dentro de poco va a hacer dos años desde que tuvieran lugar las Marchas de la Dignidad. Aquellas fueron, probablemente, las mayores movilizaciones organizadas sin las grandes cúpulas sindicales y con contenido claramente propositivo. No fueron protestas, sino propuestas, no era simplemente el “no a lo que se hace”, sino que eran un “queremos que se haga esto”. Aunque tuvieron una coordinación estatal, no fue una bola que naciera desde arriba, que se convocara en grandes medios o con personas muy influyentes, sino que fue una bola de nieve que se fue haciendo grande barrio a barrio, pueblo a pueblo, con unos cuantos héroes y heroínas que se recorrieron medio país hasta converger en Madrid.

Fue un éxito enorme, tanto que puso nervioso al poder de tal forma que se mandó disolver en circunstancias anormales, cuando aún no había terminado todo, cuando aún había en la calle familias enteras que no sabían lo que pasaba. Aquello fue un síntoma de lo que habíamos provocado: el miedo estaba cambiando de bando, y el poder actuaba para que volviéramos a sentirlo.

Echando la vista atrás recuerdo bien el lema de aquellas marchas: “pan, trabajo, techo y dignidad”. A aquel eslogan le acompañaban las cuatro reivindicaciones básicas que se acordaron y que movilizaron a esa mayoría oprimida:

  1. Vivienda digna para todas.
  2. Servicios 100% públicos y de calidad.
  3. Trabajo digno garantizado o renta básica.
  4. No al pago de la deuda ilegítima.

Esas cuestiones estaban en la centralidad del debate hace menos de dos años. Parece sorprendente viéndolo desde el punto de vista de hoy, cuando parece tan lejano aquello. Todas las que participamos deberíamos preguntarnos acerca de qué ha ocurrido con todo eso, ¿por qué algunas de esas cuestiones no son el centro del debate ni se plantean con esa claridad y contundencia? ¿Qué hemos hecho para que eso deje de ser así? ¿Tiene algo que ver esta pérdida de hegemonía en las propuestas con la reducción notable de la movilización popular? No me voy a extender, pero creo que deberíamos reflexionarlo todas y todos, sobre todo de cara a nuestro actuar de cara al día después de estas elecciones, si es que queremos lograr de verdad la unidad de las trabajadoras y trabajadores para luchar y vencer a los grandes poderes económicos.

Y como creo que esas proclamas deben seguir estando presentes después del 20 de Diciembre, como creo que pueden ser la base sobre la que se articule una propuesta popular para un nuevo país, me veo en la obligación de votar en las próximas elecciones a la única opción que lleva todas estas propuestas en su programa electoral (excepción hecha de la renta básica, pues se ha optado por el trabajo garantizado y renta sólo para quien no pueda acceder a este).

Es por eso que yo votaré Unidad Popular.

Y esto no significa que no entienda las críticas, incluso desconfianzas, a Izquierda Unida que es la parte mayoritaria del proyecto y que ha estado demasiado tiempo manejada por una mafia que tenía su base de actuación en IUCM. Muchas lo sabemos y lo sufrimos, como sabemos que hace unos meses se dio un paso para acabar con aquello, y que será necesario ir dando aún más pasos para acabar con ciertas dinámicas, ciertos comportamientos y formas de funcionar que aquellos Pérez, Reneses o Llamazares implantaron, pero eso, a mi parecer, no está por encima de olvidar cuestiones básicas del programa.

Entre esas cuestiones básicas del programa no me olvido, a parte de las ya mencionadas antes, de las cuestiones feministas, ecologistas, de derechos laborales, de migrantes, de personas LGTBI o con diversidad funcional, así como una política que exterior que renuncie a la guerra como instrumento, y por tanto a la OTAN. Creo firmemente que en todas esas cuestiones el programa de Unidad Popular es muy bueno, tanto como para votar esta candidatura que incorpora a trabajadores y trabajadoras, luchadoras normales y corrientes que ahora salen de su anonimato y dan un paso adelante.

Y dicho esto, mando otro mensaje, claro y conciso: Se puede tener desconfianza a una parte del pasado de IU, se puede tener desconfianza a ciertas cuestiones de formas o programa de Podemos, pero lo que no podemos es hacer que eso fortalezca al más evidente de los enemigos (electoralmente hablando): el bipartidismo del PP y PSOE que nos han traído hasta aquí, y su muleta y recambio que es Ciudadanos.

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