Democratizar RTVE

¿Un ente público de consenso, o un medio para equilibrar la balanza en la sociedad de la información?

Si prestamos atención a los Presidentes de la RTVE desde el inicio de su historia como ente público, que -teóricamente representa a la totalidad de los ciudadanos- el panorama es el siguiente: un político falangista (1956-57); un militar y político franquista (1962-64); otro político franquista y empresario (1964-69); un político de la UCD y después presidente del Gobierno (1969-73); un gobernador civil de Zaragoza y Vicesecretario de Presidencia (1973-74); el Secretario General de un sindicato fascista, el SEU (1074); otro político de la UCD (1974-75); el Gobernador Civil de Santander (1975-76); un empresario y ex-funcionario (1976-77); un diplomático (1977-81); un Secretario y Subsecretario de los Ministerios de Turismo y Cultura (1981); un secretario de Estado de Asuntos Exteriores (1981-82); otro político de la UCD (1982); un abogado del PSOE (1982-86); una directora de cine y teatro (1986-89); otro político y empresario (1989-90); un periodista (1990-96); una ejecutiva y política (1996-97); otro político (1997-98); otro empresario y ministro portavoz (1998-2000); un periodista (2000-2002); otro periodista (2002-2004); una doctora en lingüística y catedrática en comunicación audiovisual (2004-2007); un periodista (2007-2009); un jurista (2009-2011); un abogado (2012-2014); y otro periodista (2014-2018).

Todos ellos nombrados a dedo por la Dictadura o el Gobierno de turno hasta 2006, fecha en la que Rodríguez Zapatero modifica la norma para que la elección necesite del consenso de dos tercios del Congreso de los Diputados. Durante esta etapa, que se prolongó hasta que en 2012 el PP vuelve a cambiar el sistema de elección en base a su mayoría absoluta, TVE es reconocida internacionalmente. Por poner un ejemplo, el telediario de la 2 de TVE consiguió en 2009 un premio como el mejor del mundo por delante de informativos tan prestigiosos como los de la televisión francesa TF1, los de la BBC (Gran Bretaña), ABC News, CBS, y NBC (Estados Unidos), y la RAI (Italia) con un formato que huía de la banalidad o los sucesos tan generalizados hoy en todos y cada uno de los informativos públicos o privados.

En cuanto a los directores generales del ente público, a excepción de una directora de cine y teatro (Pilar Miró) y algunos periodistas afines al PSOE o una catedrática de comunicación audiovisual (Carmen Caffarel), la RTVE pública ha sido casi sistemáticamente dominada por posiciones ideológicamente conservadoras y/o neoliberales en un entorno de medios privados con un sesgo ideológico similar. El contexto mediático que ha acompañado al ente público en su andadura ofrece hoy día un “abanico” de posibilidades que va desde posiciones abiertamente conservadoras, con tintes xenófobos y en ocasiones filo-franquistas (los periódicos de ámbito nacional ABC y La Razón); neoliberales con posturas generalmente conservadoras (en algunos casos progresistas) en lo social (Grupo PRISA, A3 Media, Mediaset…) o, con más o menos disimulo, extrema derecha o fascistas (algunos marginales como Intereconomía, Libertad Digital, EsRadio, OKdiario, etc.). A este conglomerado que supera el 80% del consumo de medios en España, le acompañan algunos diarios digitales en internet que podrían calificarse como opuestos a las políticas ultraliberales austericidas y ubicados en la “izquierda”, como eldiario.es o publico.es entre otros. En la política institucional, la mayor parte de estos medios de comunicación apoyan descaradamente a partidos que a menudo coinciden en sus votaciones en ambas Cámaras de representación; a Ciudadanos, al PP o al PSOE, y ejercen una censura o crítica más o menos feroz -pero siempre negativa- al conjunto de partidos rupturistas agrupados en Unidos Podemos.

Con este recorrido histórico ideológicamente plano -o casi- en lo que se refiere a la RTVE y al entorno de medios privados que dominan la información en España sorprende la inocencia que muestran ciertos sectores de la izquierda al reclamar un ente público “ecuánime”, con un director nombrado por consenso. Primero, porque el consenso entre los partidos que dominan el Congreso es hoy imposible. PP, Ciudadanos, PSOE, Unidos Podemos y resto de partidos nacionalistas periféricos nunca se pondrán de acuerdo en un nombre presuntamente neutral. Hasta que se concreten los detalles del concurso público que dará elevo a esta etapa de transición, es difícil de prever si un cargo de probable perfil “técnico” conseguirá demostrar esa anhelada independencia y pluralidad. Pero sobre todo, cabe preguntarse si en un entorno informativo dominado por posiciones ultraliberales en lo económico y conservadoras en lo social debemos defender una RTVE de “consenso”. Más aún, cuando los cínicos de la derecha que hoy piden ese consenso cambiaron la ley al poco de llegar al poder para controlar la RTVE de todos, e incluso intentaron apropiársela sin contemplaciones en el tiempo de descuento a través del pacto PP-Ciudadanos desencadenante del decreto del Gobierno Sánchez. Caras de cemento armado que siempre controlaron a golpe de dedazo y que hoy siguen hablando a los imbéciles...

Es del todo bochornoso observar como los medios privados fusilan cualquier propuesta de una presidencia de RTVE que ideológicamente huela a izquierda. Es lamentable el contraste entre los gritos al cielo que retransmiten las cadenas propiedad de bancos y fondos de inversión tras el decreto pactado por PSOE, Unidos Podemos y nacionalistas y cómo callaron cuando Rajoy cambió la norma para elegir presidencia y consejo de administración e -ipso facto- impuso su nombramiento a dedo desmantelando el prestigio de la corporación para convertirla en una herramienta de propaganda reiteradamente denunciada por sus intolerables silencios, mentiras y manipulaciones.

¿Queremos un telediario de consenso que en lugar de colarnos seis sucesos irrelevantes para ocultar lo que ocurre nos cuele tres? ¿Buscamos debates políticos con una proporción de 4 opinadores de derecha frente a 2 de izquierda en lugar del habitual 7 frente a 3? ¿Nos conformamos con eso? ¿Con un debate donde se permita gritar e interrumpir un poco menos en lugar de regresar a formatos impecables con tiempos compensados y respetuosos como aquel de “La Clave”, por poner un ejemplo?

En definitiva, ante la falta de pluralidad del conjunto de medios que influyen en la opinión pública española sin dejar atrás los privados, habría que preguntarse si, ante este panorama mediático monolítico, necesitamos mantener un presunto perfil “neutral” para RTVE o, al contrario, urge posicionarse en el lado de la balanza casi vacío a fin de compensar el sesgo neoliberal que domina la totalidad de los grandes grupos de comunicación privados. Dicho de otro modo: más que una radio y televisión de consenso, lo que necesitamos es una herramienta veraz y rigurosa, ejemplar, que defienda los intereses de los de abajo ante la arrogancia de los grandes grupos de comunicación neoliberales. Porque una cosa es el rigor periodístico y otra la ideología, y ni el consenso garantiza el rigor como tampoco la ideología lo pervierte necesariamente.

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La opinión del autor no coincide necesariamente con la de TerceraInformación