Frente Popular Darío Santillán de Argentina: “Estamos con la Revolución Bolivariana frente a la derecha golpista"

Siente orgullo de rescatar, con sus compañeros y compañeras el legado de Darío Santillán y Maximiliano Kosteki, ambos asesinados en la masacre de Puente Puerredón el 26 de junio de 2002. Pero también de enfrentar ahora junto a decenas de miles, las políticas capitalistas del gobierno de Mauricio Macri.

Frente Popular Darío Santillán de Argentina: “Estamos con la Revolución Bolivariana frente a la derecha golpista"

-¿Qué representa hoy el Frente Popular Darío Santillán (FPDS) y qué balance hacés del desarrollo de la organización?

-Creo que el FPDS es una organización popular, una herramienta más social que política. Es la expresión de un momento político de la historia argentina ya que uno de los principales emergentes de la resistencia al neoliberalismo fue el movimiento piquetero. Pero también somos un intento de confluencia de distintos sectores en lucha.

Nosotros creemos que los grandes cambios los producen las mayorías populares, con una participación muy importante de la clase trabajadora, organizada y no organizada, pero también los estudiantes y los colectivos de pueblos originarios. Pero sobre todo es una herramienta de lucha, una organización desde abajo, que intenta desde la práctica anticipar la sociedad que soñamos, que de alguna manera se manifiesta en gérmenes en algunos procesos latinoamericanos como los mejores momentos de la Revolución chavista en Venezuela, la construcción del estado plurinacional en Bolivia, pero tratando de empalmar con la propia historia del pueblo argentino.

Creo que es una organización que fue madurando que tuvo en los comienzos quizás una impronta más reivindicativa pero fue mutando a una organización popular con una capacidad de análisis de la realidad, de intervenir en la política nacional, en la coyuntura. Incluso aportando a la creación de una herramienta político electoral como es “Pueblo en Marcha”.

-¿Qué contienen ideológicamente dentro del FPDS?

-Nunca tratamos de definirnos por una tradición política ideológica particular. Tratamos de recuperar distintas escuelas, vertientes, la historia de lucha de nuestro pueblo, las experiencias revolucionarias de los sesenta-setenta, la tradición independentista en América Latina y después en materia teórica, los más clásicos, el marxismo leninismo, mucho Gramsci, entre otros pensadores. Pero no tenemos un sesgo ideológico teórico particular porque la propia historia de América Latina así lo marca, porque los movimientos revolucionarios han tenido una impronta popular muy fuerte, con un sujeto plural, muy amplio, interpelando distintos sectores.

Y también, el nacionalismo revolucionario. Porque el peronismo es una experiencia insoslayable en Argentina en términos de peleas de derechos y de identidad de la clase trabajadora, que también estuvo atravesada por la lucha de clases.

-Cuánto significa para ustedes haber sido compañeros o ahora ser los herederos de Maximiliano Kosteki y Darío Santillán?

-Para nosotros es un orgullo, una inspiración y una responsabilidad. Darío condensa esa preocupación por no desprenderse de la tradición de lucha de nuestro pueblo, por estar siempre cerca de las necesidades de los más humildes pero también la preocupación por la revolución, la reivindicación de la lucha de los y las 30 mil, entender por qué dejaron la vida, la vigencia de esa lucha.

Creo que ellos expresan eso. Me parece que han hecho que el Frente mantenga cierta frescura y radicalidad y que no se haya adaptado a ninguna de las variantes del sistema, más allá de la coyuntura, y de la valoración de algunas medidas de un gobierno o no, pero no nos hemos corrido de la calle, de la idea de la transformación revolucionaria, de raíz.

-Ustedes son los primeros que de alguna manera lanzaron la consigna “Macri pará la mano”. ¿Cómo se le para la mano a Macri en este proceso tan particular que estamos viviendo?

-“Macri pará la mano” fue un intento de agitar la movilización por abajo después del triunfo de Cambiemos. Pero ese triunfo no se da en un marco de derrota social del movimiento popular, que viene de un proceso de recomposición hace ya un tiempo. De hecho, hoy la movilización popular callejera es uno de los principales factores para que el ajuste no haya sido más brutal.

La movilización es lo que más les jode, la movilización docente, la de la CGT, la de las mujeres, la de la economía popular, lo que mas les irrita es la memoria fresca del 2001 y el terror que tienen las clases dominantes por perder el poder.“Pará la mano” fue una consigna que después la tomaron las Madres. Es lo interesante, uno la lanza y después prende. No es patrimonio de ninguna organización.

-Ustedes son una organización con bastante implantación territorial, barrial humilde. ¿Cómo se está viviendo el macrismo allí, donde, también hay que decirlo, hubo votos para Macri?.

Las políticas regresivas del gobierno son las que perjudican principalmente a los sectores más humildes. Medidas como el tarifazo, la devaluación, la inflación, hacen que el escaso salario de los trabajadores de la economía popular, que muchas veces está compuesto en parte por algún programa social y en parte por el rebusque de muchos compañeros y compañeras, rápidamente se vea deteriorado por el los aumentos generalizados que hay en la economía argentina. Me parece que es un desafío importante, por un lado, porque los sectores populares y los más humildes se movilicen y resistan las medidas del gobierno, pero, por otro lado también, una batalla cultural o un trabajo político por entender qué significa esa lucha, a quién enfrentamos y qué significa el proyecto del macrismo.

También creo que a veces los sectores populares se adelantan incluso a las iniciativas de las organizaciones. Me parece que es lo más interesante del movimiento popular, de la clase trabajadora argentina, que hay un nivel de autonomía, a veces de espontaneidad, que incluso corre la agenda de las organizaciones hacia la izquierda, una voluntad de lucha, y se manifiesta la ocupación de una tierra, una pelea en la calle. Son los sectores populares los que permanentemente están a veces impulsando la pelea.

-¿Creés que en el momento que viven ustedes como organización están preparados para resistir los aprietes y ataques, militarización, o invasión territorial por parte de distintas policías, narcos, etc? ¿Se lo plantean?

-Nosotros participamos de un espacio que se llama Comisión contra la Violencia en los Territorios, donde acuden diferentes organizaciones populares y compañeros que están en la defensa de los Derechos Humanos con alguna participación en políticas públicas de seguridad, para enfrentar un nuevo desafío.

Nuestra organización el Frente Popular Darío Santillán está marcada por la violencia institucional, la Policía asesinó a compañeros y existen otro montón de casos de violencia institucional que son lo que solemos identificar y a veces con mejores herramientas para enfrentar: el gatillo fácil, el caso de Luciano Arruga, Mariano Ferreyra.

Pero hay otro tipo de violencia que se empieza a acercar a los territorios, que es un tipo de violencia donde a veces la represión esta terciarizada.

Les pasó a los compañeros del MP La Dignidad con el asesinato de Iki y otro compañero en Moreno, son formas de violencia opaca donde uno no termina de identificar desde dónde vienen. Actores vinculados al narcotráfico, o, por ejemplo, la violencia que sufren las comunidades campesinas en el norte del país y otros lugares, donde son bandas parapoliciales al servicio de terratenientes, el caso de Manaos por ejemplo, uno no entiende bien de dónde viene esa violencia.

Me parece que el primer paso es entender de dónde viene esa violencia con un agravante, con la asunción del macrismo hay pocos espacios democráticos de resolución del conflicto, no hay a dónde acudir. Cuando fue la represión a los mapuches, o el reciente caso del gatillo fácil de La Boca, no hay ninguna condena pública a la represión policial y eso es muy grave porque de alguna manera se está avalando y dejando hacer.

Entonces, esto que siempre decimos en las organizaciones populares sobre el autogobierno policial ahora es mucho más grave, no hay un control político de la Policía. Es una especie de dejar hacer, dejar fluir, y que puede pasar de que no haya una decisión política, por ejemplo de reprimir la protesta en Puente Pueyrredón, pero puede pasar que la “yuta” este tan cebada y tan sacada que tengamos que lamentar graves hechos.

Me parece que el desafío es múltiple. Primero hay que entender de dónde vienen los diferentes tipos de violencia y después hay que tener una estrategia de unidad amplia, de tratar de aglutinar diferentes espacios, que no solamente son las organizaciones populares, que constituyen un reservorio muy importante porque las organizaciones están en el territorio, están en contacto con los diferentes actores, pero también hay que construir redes legales que permitan una resistencia mayor.

Porque si la economía no arranca y si el plan económico de ajuste del gobierno tiene dificultades es probable que tengamos que lamentar situaciones de represión o judicialización de la protesta y de la militancia que nos va a poner en un lugar complicado.

-¿Cómo se supera el asistencialismo? ¿O está de acuerdo con el mismo?

-No estamos de acuerdo. Me parece que el planteo de la economía popular es una forma de superar el asistencialismo. Creo que hay una novedad y un mérito en quienes lo pensaron y en quienes son parte de alguna manera en la organización de la economía popular. Hay un tercio de la clase trabajadora en la mal llamada informalidad, que también produce y genera riqueza y que es necesario darle una organización que por las propias mutaciones y formas del capitalismo actual son sectores que quedan al margen del sistema laboral.

Tiene que haber un esfuerzo permanente por politizar las luchas, que ese es uno de los mayores antídotos contra el asistencialismo, en organizar de alguna manera la economía popular empalmando con las propias experiencias de la clase trabajadora, los que laburan en una feria, los que están “cartoneando”, los pescadores artesanales.

Me parece que hubo en las organizaciones populares parte de la respuesta al clientelismo tradicional de los punteros más tradicionales, una experiencia, no sé si agotada, pero que ha mostrado una superación y creo que ha sido una de las claves del crecimiento de las organizaciones populares frente al poder tradicional de los intendentes.

No digo que haya desaparecido ni mucho menos pero en las organizaciones populares hay experiencias y herramientas de organización popular que han trascendido al asistencialismo con creces.

-¿Ustedes están planteando ingresar a la CTEP (Central de Trabajadores de la Economía Popular)?  

-Estamos de acuerdo en que haya un gremio de los trabajadores de la economía popular y que como cualquier sindicato debe incluir diferentes tendencias y expresiones que se deben resolver por la vía democrática. Nos parece que hay dos instancias de la CTEP: en los últimos momentos del gobierno de Cristina Kirchner y en la actualidad, y que los gremios que están atravesados por la política partidaria tienen un problema y eso puede hacer que se resienta la pelea principal que es la organización gremial de los trabajadores.

A la CTEP le pasó un poco eso en los últimos momentos del gobierno de Cristina por la impronta de las organizaciones principales. Pero si la CTEP realmente se transforma en un gremio de los trabajadores de la economía popular, las diferentes expresiones y organizaciones deberíamos hacer un esfuerzo por intentar confluir.

-En “Pueblo en Marcha” ustedes están planteando la consigna: “miles en las calles y un pie en las instituciones”. Siempre se dice que la fuerza que tienen las organizaciones populares de izquierda no alcanza como para hacer cosquillas en las instituciones ni en el parlamento. ¿Cómo te imaginas que puede ser la Coalición lanzada por ustedes para que de alguna manera sea útil?

-Primero, hay que entender que lo sabemos, que este Estado y estas instituciones fueron pensadas por la burguesía y creados hace más de 200 años. Es una cancha que alguna manera ya está delimitada. De todas maneras, a la luz de la experiencia reciente en algunos procesos en Latinoamérica, si el movimiento popular puede llegar a copar el Estado, la construcción estratégica sigue estando en el poder popular y el Estado debe ser avasallado.

Nosotros tenemos una consigna que es “contra, desde y más allá el Estado”. Es decir, esa lógica que de alguna manera intenta superar la tensión más tradicional de “la calle versus la institucionalización” o “la pelea callejera versus el Estado”. Eso hay que superarlo y uno tiene que entender que el Estado es un instrumento, una herramienta, pero también un espacio que condensa relaciones sociales.

Nosotros no vemos la institucionalidad como lo hace cierta izquierda que entiende que es un espacio meramente de denuncia, de propaganda, que lo es, pero que también, decimos, puede ser una palanca para retroalimentar las construcciones de base. A veces una política pública, un proyecto de ley, puede servir en algunos planos, sectoriales o no, para la organización popular y si eso ocurre está bien.

La ley de emergencia social, por ejemplo, que nosotros entendemos que es una conquista de las organizaciones populares, es producto de la calle, de incidir sobre las instituciones. Las instituciones son un camino empinado, que las organizaciones debemos de alguna manera afrontar asumiendo ese desafío pero sabiendo que es una pendiente.

Son muy pocas las experiencias, de hecho en Venezuela hay un intento de la construcción de las sociedades comunales y otras experiencias para justamente, alternativizar la vía estatal. O en Bolivia, toda la organización comunitaria que hay por afuera del Estado es lo que hace que una experiencia popular o una trasformación revolucionaria no se burocratice, que es el riesgo permanente.

En esa tensión hay que surfear y hay que generar un equilibrio. Nosotros estamos en una etapa embrionaria, “Pueblo en Marcha” es una herramienta que se está construyendo y por lo tanto debe hacerse conocer, estamos en un momento de elaboración programática, no queremos llegar al Congreso, a la Cámara de Legisladores, así porque sí. Porque existe esa tensión, las alianzas de la política tradicional son más bien comunes, donde uno se junta con el otro. Nosotros, en cambioi, intentamos ser más cuidadosos con ese tipo de movidas y de respetar el espacio del cual venimos.

-¿De cara a las elecciones de octubre están pensando otra vez volver a aliarse con el FIT (Frente de Izquierda de los Trabajadores) en lo electoral o tienen otras expectativas? 

-No es un debate que hoy tengamos cerrado, para nosotros en una coyuntura muy particular. Para nosotros, lo ideal, y lo expresamos en una declaración en diciembre del año pasado, sería tratar de confluir en una experiencia unitaria de la izquierda en sus diferentes variantes, trotskista, popular, autónoma, como cada uno se denomine. Entendemos que eso es difícil pero a veces lo que se expresa en el plano social debería tratar de alguna manera de expresarse también en el plano político.

La historia reciente marca que eso muchas veces no ocurre pero no renunciamos a esa idea. En algún momento algunas organizaciones planteamos una especie de las PASO (elecciones primarias) del campo popular y es interesante esa idea para poder incidir realmente y tratar de interpelar a sectores que no están organizados. En ninguna de nuestras organizaciones hay corrientes políticas.

Actualmente, seguimos conversando con diferentes espacios de la izquierda independiente, de la izquierda popular, de la izquierda trotskista, intentando generar esta confluencia. Si eso no ocurre haremos una evaluación más cerca del momento de la presentación de listas y alianzas y tomaremos una decisión. Pero nos parece que la coyuntura amerita una mayor inteligencia común, una mayor vocación de política y unidad, que hoy no se expresa porque existen seguramente diferencias políticas, a veces estratégicas, pero que en el plano electoral, que para muchos de nosotros es una ámbito táctico no instrumental, uno debería tratar de tener una vocación de unidad y de cierta amplitud, que no quiere decir oportunismo.

No estamos hablando de ningún tipo de alianza con sectores del sistema, ni reaccionarios, o que han gobernado y han sido experiencias fallidas, sino de estos sectores que mencionaba anteriormente, asumiendo que no depende de nosotros.

-¿Estás diciendo que no incluirías al kirchnerismo en ese tipo de alianzas?

-A ninguna variante partidaria. Nos parece que hay compañeros y compañeras que se identifican, que quizás apoyaron más fervientemente los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner, pero que vivieron en el último proceso cierto desencanto producto de no avanzar en transformaciones más radicales. Porque las experiencias estaban a la luz del día, el socialismo del siglo XXI, el Estado Plurinacional en Bolivia y Venezuela, y la propuesta en Argentina era un capitalismo para todos. Nosotros luchamos por algo más que eso.

Entonces, bienvenido los sectores, los compañeros y compañeras, que estén dispuestos a dialogar en ese sentido. Sin negarlo, entendemos que hay que superar la experiencia del kirchnerismo.

Por eso no vemos los intentos de cierto embellecimiento, de cierta cosmética del peronismo tradicional en algunos sectores. Bienvenido, si se puede construir algo que tenga independencia política y cierta radicalidad que exprese lo mejor o la más interesante de las luchas populares.

-¿Revolución y Socialismo siguen siendo dos palabras con vigencia para ustedes?

Sí, estamos convencidos, porque la historia mundial y las luchas populares, están atravesadas por momentos de flujos y reflujos, de alzas y de bajas. De las luchas, en nuestro continente han emergido experiencias de crítica radical al capital.

El capitalismo vive una crisis, no me animaría a decir terminal, una crisis en diferentes planos, no solamente económico. A la vez hay un desencanto con la idea de globalización, con el capitalismo en su versión más liberal, y eso hace que emerjan figuras como Trump, expresiones reaccionarias y fascistas en Europa como Marie Le Pen y demás, porque no hay una canalización de esa bronca y de ese contexto por expresiones progresistas y revolucionarias. El desafío es más que vigente.

Por eso son categorías (socialismo-revolución) que tienen actualidad y que en todo caso hay que llenar de contenido en cada lugar.

-Frente a los ataques que está sufriendo Venezuela ¿ustedes tienen posición tomada?

-Nosotros defendemos al pueblo de Venezuela y al gobierno electo de Maduro. Más allá de los matices y diferencias que uno pueda tener, ningún proceso popular y de transformación es 100 por ciento puro, estamos con la Revolución Bolivariana frente a la derecha golpista. Uno puede y debe entender de dónde vienen las agresiones.Hoy hay un intento de recomposición conservadora en la región, Macri y Cambiemos son una expresión de eso, como Temer en Brasil, y la crítica hay que seguir haciéndola y dando debates, pero siempre desde la defensa de los procesos populares y cerrando filas ante el avance neoliberal y del imperio.

Fuente: http://www.telesurtv.net/bloggers/Frente-Popular-Dario-Santillan-de-Arge...

La opinión del autor no coincide necesariamente con la de TerceraInformación

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