Una ONG alerta del abandono internacional de los refugiados sirios en El Líbano

La ONG Human Appeal España alertaba hace unos días de las inhumanas condiciones de vida que afrontan los refugiados sirios en El Líbano. Entrevistamos a Hicham Oulad Mhammad, Delegado de Human Appeal España en Madrid y uno de los cooperantes que acaban de regresar de una visita sobre el terreno a los campos de refugiados del Valle del Bekaa, un área fronteriza entre Siria y El Líbano.

Alí Calatayud: ¿Por qué están en el Valle del Bekaa los refugiados sirios? ¿Qué les ha llevado a abandonar sus vidas y sus hogares para terminar allí?

Hicham: La mayoría de los refugiados que malviven hoy en día en El Líbano son de origen sirio y se han visto obligados a abandonar su tierra como consecuencia de la guerra que dura ya seis años y que ha dejado Siria totalmente devastada. Especialmente a causa de los bombardeos incesantes que sufría y sufre la población civil. El flujo de refugiados, además, se ha visto incrementado desde la intervención rusa en la guerra, la cual supuso un salto cualitativo en la capacidad destructiva de los bombardeos. Podríamos decir que se pasó de los barriles explosivos a las bombas de alta tecnología.

AC: ¿Son los sirios una aplastante mayoría entre los refugiados de El Líbano?

H: Sí, son la inmensa mayoría. Aproximadamente hay un millón y medio de refugiados sirios en El Líbano. Además, ellos se han unido unos refugiados preexistentes que los palestinos, que ya llevaban décadas en el país, la mayoría en campos que se han convertido en pequeñas ciudades, como por ejemplo, el mayor campo de refugiados de El Lïbano que es Ain Al Hulwa, cerca de la ciudad sureña de Sidón. Sin embargo, los refugiados sirios son más y son nuevos. Hay que contextualizar todo esto con el dato de que El Líbano tiene, aproximadamente, la misma superficie y población que la Comunidad de Madrid, y ha recibido a ese millón y medio de refugiados sirios que se unen a los palestinos que ya había, así como a un cierto número de refugiados iraquíes, lo cual supone un incremento demográfico difícilmente asumible para el país.

AC: Creo que existe el caso de los llamados “dobles refugiados”, ¿no es así?

H: Sí. Tuve la oportunidad de entrevistar a varios de ellos, procedebte, sobre todo, de la ciudad de Al Yarmuk, en Siria, que albergaba un enorme campo de refugiados palestinos desde 1967. Sus padres o abuelos, incluso ellos mismos en algunos casos, se refugiaron en Siria de la ocupación de Palestina, y ahora vuelven a tener que refugiarse en El Líbano a causa de la guerra en Siria.

AC: ¿Cuántos refugiados sirios hay en el Valle del Bekaa?

H: En el Valle del Bekaa son unas 500.000 personas o, incluso, más, de forma que han superado a la población local y se han convertido en el grupo mayoritario. Están repartidos a lo largo de un rosario de cientos de campos de refugiados, algunos de ellos gestionados por ONGs, pero otros son espontáneos, pues llegan familias o grupos de ellas y se establecen donde pueden. Ello hace que, en primer lugar, sea difícil cuantificarlos. Y, en segunda instancia, que la ayuda no llegue a todos por igual, puesto que los campamentos espontáneos o no oficiales, por así decirlo, están fuera de las cifras y no reciben ayuda de manera formal. Un reparto que llevamos a cabo fue en un campo pequeño, de unas 150 familias, las cuales abandonaron su país a principios del conflicto, es decir, hace cinco o seis años. Tratemos de imaginar lo que es vivir tanto tiempo así. La situación se hace insostenible.

AC: ¿Cómo incide la presencia de los refugiados, que ya son más que la población autóctona, en la sociedad del país receptor? Sobre todo, teniendo en cuenta que El Líbano es un país que, de por sí, cuenta con dificultades.

H. Un incremento demográfico de estas dimensiones supone, a juicio de muchos libaneses, un lastre para el país pero hay quienes lo ven como una oportunidad para conseguir mano de obra barata. Muchos refugiados trabajan en las labores que van encontrando, bien en la agricultura, en las canteras de mineral, en los olivares, y lo hacen a cambio de jornales realmente ridículos como, por ejemplo, menos de cuatro ó cinco euros al día en los campos de patatas. Ello es muy poco dinero, especialmente teniendo en cuenta que el coste de la vida en El Líbano es elevado, casi comparable al de España. Además, ellos tienen gastos de vivienda, pues se ven obligados a alquilar el terreno donde tienen la tienda de campaña a los propietarios autóctonos. El alimento tampoco les llega con la frecuencia con la que llegaba hace dos ó tres años, con lo que tienen que gastar, también en productos alimenticios. Además, muchos de ellos tienen un trasfondo sociocultural alto: son médicos, profesores, artistas etc… y se ven abocados a estas condiciones infrahumanas que nunca antes habían experimentado.

AC: ¿Por qué ya no les llega ayuda alimentaria?

H: Pues la verdade es que no lo sé, pero muchas ONGs hace tiempo que han reducido drásticamente su colaboración con estos refugiados. No sé si será porque la guerra de Siria se ha convertido en uno de esos conflictos olvidados, o porque el tema de los refugiados ya no está tan presente en los medios y las ONGs han comenzado a buscar destinos más mediáticos.

AC: ¿Reciben los refugiados alguna ayuda de las autoridades locales?

H: No, no reciben ninguna ayuda institucional o pública en El Líbano. Dee hecho, incluso administrativamente se les otorga el permiso de residencia pero se les niega el de trabajo, lo que les impide encontrar mejores empleos. De hecho, otra de sus grandes carencias, es la atención médica. En los campos donde hemos estado no había hospitales, los hospitales más cercanos se encontraban a horas en coche. Lo máximo que vi en uno de ellos había una sala de unos 50 metros cuadrados en la que se atendía a los refugiados pero que carecía de todo el instrumental, maquinaria o medicamentos necesarios. Lo que tenían cabía en unos pocos cajones. Además, en El Líbano los refugiados no tienen derecho a cobertura sanitaria pública. Sólo hay un hospital en todo el país que ofrece cobertura gratuita. Se trata del Hospital Policlínico Al Bashair, en la ciudad norteña de Trípoli, que está a unas tres horas en coche de la zona de Al Bekaa. Estamos hablando de refugiados que tienen que viajar seis horas en total dos o tres veces por semana para realizarse hemodiálisis en el departamento de nefrología. Imaginemos el coste para unos refugiados que carecen de cualquier tipo de fondos. Por ello, Human Appeal España ha contribuido a ese hospital con una máquina de hemodiálisis nueva y completamente operativa. Como anécdota, entramos en este hospital para entrevistar al personal médico y a los pacientes y entregar la máquina. Paseando por los pasillos, los refugiados se agolpaban a nuestro alrededor y colocaban notas con sus números de teléfono en nuestros bolsillos, solicitando ayuda desesperadamente. Una mujer incluso mantiene contacto conmigo hoy en día y me pide un pequeño aparato que puede valer unos 60€ en España, para el tratamiento de su hijo que sufre de asma. Me manda mensajes de voz y puedo escuchar a su hijo de fondo, tosiendo sin parar. Y como esta madre, hay millares de personas en una situación realmente crítica. Y estamos hablando de 60€, lo que gastamos en invitar a un amigo a cenar o en hacer una compra básica semanal para una familia media.

AC: Ya que no reciben ninguna ayuda institucional, ¿reciben al menos alguna ayuda humana y personal de los habitantes autóctonos?

H: Quizá algo en las zonas rurales, pero en las zonas urbanas podría decirse que no. En Al Bekaa hay algunas personas que les llevan alimentos pero la realidad es que miles de refugiados se ven abocados a mendigar literalmente, a viajar a núcleos urbanos para mendigar de sol a sol en los semáforos y las plazas. Eso sí, también hay empresarios que han creado ONGs locales para ayudarles en lo posible, aunque no abarcan ni mucho menos todo lo que es necesario.

AC: Hemos hablado de la ayuda institucional, hemos hablado de la ayuda local, pero aquí viene la cuestión importante. ¿Reciben los refugiados alguna ayuda internacional?

H: Hasta el momento sí que venían recibiendo ayuda, sobre todo de Naciones Unidas, a través de ACNUR, de UNICEF, de distintas ONGs, pero algunas acaban de “cerrar el grifo”, como se suele decir. Por ejemplo, el pasado mes de septiembre, ACNUR ha dejado de entregar ayuda a unas 200.000 familias y esto se nota sobre el terreno. Los refugiados no se lo explican. Cuando hemos llegado nosotros, los refugiados nos piden explicaciones. Nos dicen: “¿Les podríais decir a los de ACNUR que nos devuelvan la ayuda, que nos tienen totalmente desesperados, que no tenemos ningún ingreso?”.

AC: ¿De qué tipo era esa ayuda que acaban de perder?

H: Consistía en una cantidad de dinero, así como cupones para canjear por alimentos. La falta de esta ayuda ha repercutido de manera drástica sobre la vida de centenares de miles de refugiados. Además, ha habido un falo importantísimo en la política de ayudas de estas ONGs, y es que daban ayudas dependiendo del número de personas que conformaban la familia. Es decir, que cuantos más hijos tuvieran, más ayuda recibían. Ello incentivó sobremanera la natalidad entre los refugiados, lo cual ha tenido unos enormes efectos contraproducentes porque, cuando se acaba la ayuda, el número de personas y de niños desamparados es mayor. Además, esos niños que nacen en campos de refugiados, suelen sufrir enfermedades crónicas. Se les está incitando a tener hijos en medio de la nada, simplemente para recibir esa ayuda humanitaria. Es una política totalmente errónea que les ha traído a los refugiados más problemas que beneficios. Ahora que se ha terminado la ayuda de muchas ONGs, ¿quién cuida de esos niños?

AC: ¿Se sabe por qué ACNUR, que pertenece a Naciones Unidas, ha decidido suspender esa ayuda a cientos de miles de refugiados en El Líbano?

H: No lo sé con exactitud, no se ha dado ninguna explicación, pero supongo que ACNUR también sufre una escasez en las ayudas que le llegan de la ONU y de los gobiernos. No sé, quizá sus arcas se hayan quedado escasas. Lo que sí sé es que esa decisión está cambiando de forma muy negativa la realidad de muchísimas familias.

AC: ¿Pudiera ser que el hecho de que la guerra en Siria y la consiguiente crisis de refugiados se hayan cronificado sea lo que ha conseguido que todo ello se vea como algo crónico, inevitable y, por tanto, de importancia secundaria?

H: Es posible, aunque también puede tener algo que ver con el pacto que se selló con Turquía para la acogida de refugiados. Puede tener que ver con decisiones geopolíticas que escapan a nuestro control. Lo que es obvio es que las familias que he visitado se quejaban constantemente de ello.

AC: ¿Cómo son las condiciones de vida en los campamentos de Al Bekaa? ¿Cómo es, por ejemplo, un día normal en la vida de un refugiado?

H: El día a día de un refugiado en uno de estos campamentos está marcado por el aburrimiento. No hay nada que hacer en los campos, las tiendas de campañas son ridículamente pequeñas y en ellas viven de 8 a 10 personas, hay una gran falta de intimidad dentro de una misma familia. Imaginemos lo que es vivir toda una familia en una tienda de unos 30 metros cuadrados. Además, las tiendas de campaña están muy cerca las unas de las otras, siendo de plástico, de forma que no aísla el ruido, ni el frío ni el calor. Cuando llueve, los campos, que no tienen calles, se convierten en un barrizal. Cuando hace frío, los refugiados, literalmente, se congelan. Una mujer me dijo que en sólo un rato en la calle, a su hija se le congelaron las manos, por carecer de guantes o ropa adecuada. Su supervivencia en los meses invernales depende de las estufas, pues es una zona montañosa en la que las temperaturas caen bajo cero, incluso nieva. Esas estufas funcionan con gasoil, combustible que cuesta un dinero que no tienen. Algunos niños están escolarizados, otros no. Además, los pequeños arrastran traumas, igual que los adultos, especialmente las mujeres.

AC: Ya que lo mencionas, quisiera preguntarte, qué experiencias o traumas has encontrado en los refugiados.

H: Por ejemplo, Síndrome de Estrés Postraumático, depresión, los niños son muy introvertidos, se asustan del más mínimo ruido a causa de las bombas que cayeron sobre ellos. Muchas mujeres se han visto separadas de sus maridos, llegando incluso a romperse familias. Todo esto va dejando huella en la personalidad de los refugiados. A veces, ellos mismos lo dicen, que están sufriendo en silencio, que no tienen quien les escuche. Tengamos en cuenta que allí no llegan psicólogos, especialmente que hablen árabe y conozcan su trasfondo cultural y religioso. Les llama mucho la atención que lleguen cooperantes musulmanes desde Europa y eso es algo que estimamos como fundamental porque, además, de la ayuda material, necesitan también ayuda psicológica y anímica y eso no todo el mundo se lo puede ofrecer.

AC: Dime algunos ejemplos de situaciones traumáticas que han tenido que vivir los refugiados que has conocido.

H: Por ejemplo, entré a una tienda de campaña y me encontré a un señor en una cama, totalmente paralítico, con tetraplejia. Un francotirador le había disparado y el proyectil le entró por un lado de la nuca y le salió por otro, dañándole irreversiblemente la médula. Está casado, tiene una hija, y no puede mantener a esa familia. Además, no puede ir al médico, porque no está en condiciones de viajar tres horas de ida y otras tres de vuelta. Y estamos hablando de civiles, no se trata de un militar o de un combatiente armado. Este hombre era un civil que pasaba por la calle.
También conocí una chica de 19 años con dos hijos cuyo marido sigue atrapado en Siria. Ha ido a buscarle pero ha tenido que regresar sin él, y el microcosmos de un campo de refugiados es muy complicado, de forma que ahora se encuentra estigmatizada. Ello le está creando una presión enorme. Fue su madre quien me habló de ello y me confesó la necesidad que tiene de ver a un psicólogo. A mí lo que me extraña es que no haya suicidios masivos en estos campos de refugiados.

AC: ¿Qué actividades habéis llevado a cabo en esta visita sobre el terreno?

H: Human Appeal está en más de veinte países. En este caso, hemos llevado a Al Bekaa paks de ayuda alimentaria, cada uno de los cuales sirve para alimentar a una familia. También hemos entregado esa máquina de hemodiálisis, también llevamos dos caravanas equipadas a dos familias, caravanas que fueron donadas por personas de Ceuta y Melilla. También entregamos ropa de abrigo y combustible para las estufas. Pero también quisimos tener un detalle para con los niños, en un campo de refugiados de Al Bekaa llamado Ar Rahmah. Trajimos a un cantante y montar una fiesta con los niños, con música, canciones, globos, juegos y otras actividades lúdicas, hicimos selfies… Lo pasaron genial y, al final, entregamos cientos de juguetes a los niños y niñas del campo. Los adultos resaltaron que pocas ONGs piensan en ese tipo de actividades para traer algo de ilusión y esperanza a sus hijos.

AC: ¿Qué podría hacerse, desde vuestro punto de vista, por ayudarles?

H: Lo que no se puede hacer es quedarse de brazos cruzados ante el sufrimiento de los demás. Lo que nos e puede hacer es mantenernos en la indiferencia. Lo que debemos hacer es prestar ayuda y echar una mano a estas familias. Hay muchísimas formas de hacerlo. Una de ellas es a través de Human Appeal. Por ejemplo, tenemos programas de apadrinamiento de niños, de envío de paquetes de comida, de ropa… Y esas familias lo necesitan más que nadie y también lo agradecen mejor que nadie.

AC: Hablamos de un millón y medio de refugiados en El Líbano, una cantidad similar en Jordania, más de dos millones en Turquía… ¿Cómo valoráis en papel de Europa en esta crisis de refugiados?

H: Muchos países occidentales han sacado tajada de las guerras, tanto en Iraq como en Siria como en Afganistán, especialmente con la venta de armas y dispositivos bélicos. Esas armas son las que destruyen las casas y las vidas de todas estas familias. Por ello, también tienen una responsabilidad moral ante estos refugiados. Hasta el momento los países occidentales no han acogido apenas a refugiados. Por ejemplo, España ha acogido a unas 2000 personas. 2000 personas son las que viven en una manzana de un campo de refugiados de Al Bekaa. Para ponerlo en perspectiva, El Líbano ha acogido casi mil veces más refugiados que España, siendo un país mucho menor en términos geográficos, demográficos y económicos. Incluso Iraq, que está prácticamente en situación de guerra, ha acogido refugiados sirios. España, Europa, Occidente, en general, tiene mucha responsabilidad en este sentido. Es especialmente decepcionante la actitud de Europa desde el acuerdo con Turquía. Lo que ha hecho es deshacerse del problema, pasárselo a terceros y lavarse las manos.

La opinión del autor no coincide necesariamente con la de TerceraInformación

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