Colombia sadomasoquista

En Colombia, ante cualquier hecho atroz o corrupto solemos exclamar: “Este es un país de mierda”, otro responde: “No. este país es muy bueno, lo que pasa es que hay una minoría delincuente y la justicia no opera” Y uno más añade: “En todos los países cometen los mismos delitos”. Sin el afán de comparar los horrores nuestros con los sucesos macabros en otros países, me atrevo a especular al respecto:

¿Cómo en Santa Marta un general de la República ordena, el 6 de diciembre de 1928, asesinar los trabajadores bananeros para complacer a la United Fruit Company? ¿Cómo es que un asesino le abre un hueco en el cuello a su víctima para sacarle la lengua por ahí o le corta el pene y se lo coloca en la boca o si la víctima es una mujer embarazada, le extrae el feto y lo ensarta en un cuchillo? Hechos de común ocurrencia durante la violencia de los años 50 para que cogieran miedo los copartidarios del muerto. Hace poco los paramilitares llenaban las fosas comunes con cientos de personas descuartizadas a machete y motosierra para robarles las tierras a los campesinos o para hacer limpieza ideológico política, mediante el exterminio de opositores al elitista sistema socioeconómico y político o al gobierno y a supuestos auxiliares de las guerrillas, bajo el pretexto de “quitarle el agua al pez”.

¿Cómo es que un miserable animal bípedo humano viola y asesina 200 niños y, encarcelado, quizás para “resucitarlos”, resuelve convertirse en un reo predicador? ¿Cómo es que violan, torturan y empalan a una mujer dizque porque pertenece a la comunidad LGTBI? ¿Cómo que un joven arquitecto drogadicto, viola, tortura y asesina una niña de 7 años? ¿Cómo que le cortan las manos a un adolescente porque supuestamente había pelado una res ajena? ¿Cómo que los ladrones de cuello blanco obligan a morir de hambre a los niños indígenas? ¿Cómo permiten los gobernantes que los pobres habiten en casuchas mal construidas, en zonas de alto riesgo, sin servicios públicos adecuados, como en el barrio Siloé de Cali o en las orillas de los ríos y carreteras? ¿Cómo que un intolerante asesina a su vecino que necesita dormir para descansar porque le solicita bajarle volumen al equipo de sonido?

Y ¿Por qué ocupamos el tercer lugar en mayor desigualdad social entre 128 países y nada nos perturba? ¿Cómo es que una cuarta parte de ciudadanos colombianos votan a favor de continuar una guerra fratricida de más de medio siglo? Y esperamos ansiosos cuáles son los próximos candidatos burgueses a ocupar las altas dignidades del Estado para correr a votar por ellos. Un listado de crímenes y aberraciones sociales sería infinito si juntáramos la memoria acumulada de todos los compatriotas.

Nos conmovió la reciente tragedia aérea en Antioquia y fuimos solidarios con los familiares y paisanos de las víctimas, pero mantenemos un silencio cómplice ante los millones de muertos en el Mediterráneo, Asía, Africa, Centroamérica, USA y Colombia. Aunque algunos casos de extremadamente crueles nos mueven a solidaridad, las invasiones y bombardeos sobre algunos pueblos los consideramos normales, sin importarnos sus causas y sus autores. Aquí reina la maldad, la indiferencia y el olvido.

Armenia, 6 de diciembre de 2016  

www.neopanfletario.blogspot.com/

libardogarciagallego@gmail.com

La opinión del autor no coincide necesariamente con la de TerceraInformación

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