Ecofeminismo para cambiarlo todo

20/03/2017

Contestaba Marcela Lagarde, académica y antropóloga representante del feminismo latinoamericano, que las feministas queremos la mitad de todo. Las ecofeministas queremos además, cambiarlo todo. Las políticas capitalistas neoliberales y sus economías productivistas no contribuyen al desarrollo de la vida humana y no están dando respuesta a los problemas medioambientales ni a los económicos y sociales a los que nos enfrentamos. Más bien comprobamos cada día como continúan intensificándolos.

El ecofeminismo nombrado por primera vez a finales de 1970 por la socióloga francesa François D'eaubonne se define como una crítica a modernidad desde el feminismo y el ecologismo, visibilizando las conexiones existentes entre la explotación de la Naturaleza y la de las mujeres, consideradas ambas como inferiores e infravaloradas.

El movimiento ecofeminista se originó  por la agitación de las mujeres en todo el mundo ante los peligros ambientales que amenazan la vida y que a través de acciones locales de lucha de carácter pacifista, ecologista y feminista contra las armas nucleares, los efectos perniciosos de los pesticidas sobre la salud de las personas, los cultivos transgénicos o la destrucción de los bosques y la privatización del agua encabezaron acciones políticas ciudadanas, y en algunos casos institucionales para denunciar estas amenazas y paliar sus efectos.

Esta concepción del mundo supone una innovación en el horizonte feminista pues entiende que el feminismo no ha de ser sólo un movimiento antisexista sino contra todos los tipos de dominación sustituyendo el androcentrismo y el antropocentrismo por el biocentrismo, es decir, colocando en el centro la vida entendida en su sentido más amplio.

El ecofeminismo nos entiende seres ecodependientes, pues nuestra vida sólo puede sostenerse gracias a los elementos que la naturaleza nos proporciona, e interdependientes porque ningún ser humano puede desarrollar su vida sin los cuidados de otros en ninguna de sus etapas.

En el Día Internacional de las Mujeres, las ecofeministas, reivindicamos por tanto políticas centradas en el mantenimiento de la vida; que den respuesta a la crisis socioeconómica dejando de negar la socialización de las tareas domésticas, reproductivas y de cuidados sin las que la economía de mercado no podría sostenerse; que den respuesta a la existencia del terrorismo machista que rompe o aniquila las vidas de las mujeres en todo el mundo; que den respuesta a la crisis ambiental comprendiendo que los recursos naturales no son infinitos y que por tanto no nos sirve un sistema de producción ilimitada: el capitalismo. Que den respuesta a la crisis de valores: crisis de las personas refugiadas, machismo, xenofobia, homofobias…

Reivindicamos políticas que fomenten el desarrollo sostenible de nuestras comunidades, minimizando la huella ecológica de nuestros sistemas de producción, optimizando el uso del agua, reduciendo la generación de sustancias tóxicas y contaminantes, reemplazando la actual matriz energética reduciendo de manera drástica el uso de combustibles fósiles y dando paso al uso de energías renovables y limpias.

Reivindicamos políticas que sitúen la educación de la población en la base del cambio, porque sin la misma sería una utopía pretender dar solución a esta coyuntura histórica de colapso que encaramos.

Proponemos iniciar un camino de Transición Ecosocial frente a las políticas neoliberales: Agroecología, Permacultura (cuidar la tierra, las personas y repartir los recursos naturales), Decrecimiento económico, Renta Básica Universal, Cooperativismo, Municipalismos transformadores y democráticos, Feminismo, Economía social y solidaria, y empleo de energías verdes y limpias.

Proponemos políticas de cercanía con las personas, colaboracionistas en lugar de competitivas. Reivindicamos el respeto y la ternura como elementos de construcción colectiva de un mundo más justo.

La situación es de emergencia, pues nuestra propia supervivencia está en peligro, y las soluciones solo pueden abordarse colectivamente.

Ana Pérula. Red EQUO Mujeres.

La opinión del autor no coincide necesariamente con la de TerceraInformación

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