Huelga 9M: Razones para la esperanza

El pasado jueves tuvieron lugar las movilizaciones contra la LOMCE y los recortes convocadas por la Plataforma Estatal por la Escuela Pública, integrada por sindicatos, organizaciones estudiantiles y asociaciones de padres y madres. Indudablemente, había más motivos que nunca para la protesta. Los recortes se mantienen prácticamente intactos, las aulas siguen masificadas, la administración utiliza al profesorado interino como si fuera material fungible,  la multiplicación kafkiana de los procesos de evaluación por estándares está convirtiendo a los docentes en auténticos esclavos de la burocracia, la democracia ha desaparecido de los centros… Y lo que es peor, la nueva ley ha inoculado en la médula del sistema educativo el virus del neoliberalismo más salvaje con la intención de transformar la escuela en una pieza más del modo de producción capitalista, que no necesita ciudadanos sino productores y consumidores.

                Sin embargo, la respuesta de los profesores y profesoras a la convocatoria fue, como en ocasiones anteriores, muy débil. Desde hace ya un tiempo da la impresión de que nuestras escuelas e institutos, salvo honrosas excepciones, se han convertido en auténticos cementerios en los que todo el mundo llora pero nadie mueve un dedo. La pasividad imperante en el sector ante el proceso galopante de deterioro de la educación pública es entre incomprensible e indignante. ¿Cómo enseñarán esos profesores zombis a sus alumnos que hay que respetar los bienes públicos si ellos mismos, con su indiferencia, están contribuyendo a la destrucción de algo que es de tod@s y para tod@s? En fin…

                Por otra parte, está claro que los sindicatos convocantes no han sido capaces de movilizar eficazmente al sector. Y eso es una mala noticia, porque los sindicatos de clase son más necesarios que nunca ante el avance de una derecha neofascista  y un modelo económico desregulador que nos devuelve al siglo XIX. Desde esta humilde tribuna, hacemos un llamamiento a todos los trabajadores y trabajadoras a que se afilien a sindicatos de izquierda para defender sus derechos. Los sindicatos de derechas constituyen no sólo una contradicción terminológica, sino una trampa que sólo favorece al sistema. Dicho lo cual, también parece evidente que los sindicatos integrantes de la mencionada plataforma deberían abrir cuanto antes un debate interno para analizar, y en su caso corregir, las causas del rechazo que hacia ellos siente una parte importante del profesorado: ¿se han burocratizado?, ¿se han convertido en oficinas de servicios jurídicos?, ¿dependen excesivamente de las subvenciones concedidas por la administración?, ¿mantienen vínculos demasiado estrechos con algunos partidos políticos?, ¿han convertido la acción sindical en una profesión?, ¿mantienen una defensa nítida de los servicios públicos frente a los diversos formatos de privatización?, ¿cuentan con la opinión de sus bases para adoptar las decisiones fundamentales?... Si se abordan todas estas cuestiones con franqueza y valentía, avanzaremos; si nos conformamos con inflar los datos de seguimiento de la huelga para eludir responsabilidades, todo seguirá igual, es decir, empeorando cada día.

                Pero hay razones para la esperanza. El 8 de marzo, Día de la Mujer, el frente feminista Acción Violetaconvocó una concentración en el Altozano. Cuánta energía, cuánta valentía, cuánto color, cuánta inteligencia pudimos ver en todas aquellas mujeres jóvenes que, megáfono en mano, denunciaron los crímenes del patriarcado y reclamaron una sociedad de personas libres e iguales. De igual modo, en las movilizaciones por la educación pública del 9 de marzo los grandes protagonistas fueron los alumnos, que, impulsados por Estudiantes en Movimiento, una vez más dieron una lección a sus profesores. En efecto, esas chicas y esos chicos coherentes, descarados, críticos, comprometidos, solidarios… personifican la esperanza, porque son como un viento capaz de arrancar las telarañas, remover las hojas secas y proporcionar el oxígeno necesario para hacer respirable una atmósfera quizá algo viciada.

 
La opinión del autor no coincide necesariamente con la de TerceraInformación

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