Ecuador: ¿Restauración conservadora o reforma montecristina?

Hasta el día de su posesión en el Palacio de Carondelet (sede del gobierno ecuatoriano), Moreno alabó la gestión de Correa y a él como el gran líder de la Revolución Ciudadana.

Propios y extraños se preguntan qué pasó al interior del Movimiento Alianza PAIS (AP) si Lenín Moreno, su actual presidente, fue en más de una década el aliado y binomio siempre leal del líder de la Revolución Ciudadana, Rafael Correa. Y las dudas y sospechas aumentan cuando esta semana se detuvo al vicepresidente Jorge Glas bajo la acusación de asociación ilícita, por pedido de Carlos Baca, fiscal general del Estado, y no hace más de un año, consejero presidencial del gobierno anterior.

A ello se suma ahora la propuesta de una consulta popular para reformar la Constitución y promover algunas reformas a la políticas implementadas por Correa. Entre ellas, por ejemplo, Moreno propone eliminar la enmienda constitucional que facilitaba la postulación indefinida para la Presidencia de la República, con lo cual anularía la posibilidad de que Rafael Correa sea candidato en las elecciones del 2021.

Entonces, ¿ocurre en Ecuador una restauración conservadora como lo han señalado varios analistas y los mismos seguidores de Correa? ¿Hay una reforma o retorno al “espíritu” de Montecristi, como señala Moreno?

La Constitución ecuatoriana se redactó en la ciudad donde nació Eloy Alfaro, líder liberal de finales del siglo XIX y asesinado en 1912. En Montecristi, un pequeño poblado en la costa pacífica sur del Ecuador, durante ochos meses de los años 2007 y 2008 se elaboró la Carta Magna que rige los destinos de los ciudadanos de este país. En esa Constitución se establecía que solo el Presidente se podría reelegir por una sola vez, pero en mayo de 2016 Correa y su movimiento AP promovieron en la Asamblea una enmienda constitucional para facilitar la postulación indefinida de cualquier autoridad de elección popular.

Para ir al futuro sin mirar el retrovisor

Una de las dudas mayores entre los ecuatorianos es por qué ocurrió el “divorcio político” entre Correa y Moreno. Frente a ello quizá hay dos o tres explicaciones, tesis por confirmar aún, pero que tendrán que contrastarse con la realidad y el futuro próximo. De entrada: ¿hoy son públicas las diferencias que entre los dos líderes ya existían desde el 2007? Sí, todo indica que sí. Moreno nunca estuvo de acuerdo con Correa en algunos temas. Uno de los más evidentes fue su postura sobre la prensa: propugnó siempre un respeto “absoluto” a la libertad de expresión. Eso, para muchos era ceder ante un actor político llamado aparato mediático conservador, que Correa jamás iba a considerar como un aliado y menos como un actor independiente y neutral.

Ahora Moreno revela en sus discursos que no estuvo de acuerdo en muchas cosas, en el campo de la economía, de la educación y sobre todo en el espíritu de las políticas públicas, el rol del Estado en la sociedad y la razón de ser de Alianza PAIS. Por eso quizá se entiende también por qué Correa no fue del todo enfático en que sea Moreno quien lo reemplace. A pesar de que fue él quien le pidió ser candidato para las elecciones de este año, se sabe que su primera opción siempre fue Jorge Glas, pero las encuestas no le favorecían en ese momento y porque ya rondaba el fantasma de las acusaciones sobre una posible vinculación en el caso Odebrecht, que hasta ahora no se han probado del todo.

Hasta el día de su posesión en el Palacio de Carondelet (sede del gobierno ecuatoriano), Moreno alabó la gestión de Correa y a él como el gran líder de la Revolución Ciudadana. Incluso, cuando Correa se iba para Bruselas sacó su foto en el balcón del Palacio para despedirlo y reconocerlo en su trayectoria. Imagen esa que quedará grabada para muchas personas como el acto de lealtad que pocos días después se desdibujó cuando Moreno dijo que le habían dejado un gobierno endeudado, con muchas obras incumplidas y, para sorpresa de todos, atacar al mismo Rafael sin mencionarlo en una serie de tuits que todos reconocieron como una bofetada a su ex compañero de la Presidencia.

De su lado, Correa escribió varios tuits en defensa de la obra de su gobierno y también aludió a Moreno señalándole como mediocre y desleal, además de otros señalamientos sobre la deuda externa y en particular sobre el valor real (económico y social) de las obras de infraestructura en el campo de la educación, energía y salud públicas.

Más allá de eso, hubo acciones muy puntuales que sacudieron el imaginario de una continuidad de la Revolución Ciudadana: Moreno se reunió con los banqueros y les ofreció la administración del llamado dinero electrónico; con los dueños de los medios privados de comunicación y entregó los medios públicos a periodistas identificados con la oposición de derechas; con organizaciones sociales y líderes políticos de posturas absolutamente adversas a Correa y con ellos llegó a acuerdos que desdecían todo lo que su antecesor había proclamado y ejecutado como su política social y partidista.

Y lo de fondo: relevó de sus funciones al vicepresidente Jorge Glas, después de que este cuestionara la entrega de empresas estatales a la familia Bucaram, una de las más acérrimas opositoras de Correa y cuyo líder estuvo en el exilio 20 años por acusaciones de corrupción. Ahí la gota derramó el vaso y en adelante Moreno empezó a tomar distancia de Glas, a señalarlo sin mencionar su nombre como el responsable de la “mayor corrupción de la historia” y finalmente a dejarlo solo en la vinculación de la Fiscalía que terminó con su detención el 2 de octubre último.

Odebretcht y consulta popular en el mismo plato

Jorge Glas está detenido y ha dicho reiteradas veces que no hay una sola prueba en su contra, que todas las evidencias nacen de una conspiración con el fin de acabar con la Revolución Ciudadana y aniquilar políticamente a Rafael Correa. Antes ya fueron detenidos alrededor de una decena de personas vinculadas a casos de corrupción por el caso Odebrecht así como de contratos con la mayor petrolera estatal Petroecuador. Todos los juicios se iniciaron en la administración de Correa y la mayoría de los detenidos también fueron parte de su acción judicial. En la administración de Lenin Moreno apenas dos o tres personas, entre ellas Glas.

Desde el año pasado, cuando aparecieron los llamados Panama Papers, se inició en Ecuador una feroz búsqueda de responsables de corrupción y efectivamente, gracias a esas revelaciones, dos de los más altos responsables de la política petrolera y los contratos en ese campo fueron inculpados, detenidos y sentenciados. Pero de eso no han surgido más casos y algunas personas vinculadas a los grupos de derecha y de empresas más bien han quedado en segundo plano, porque además el 19 de febrero se hizo una consulta para que ningún ciudadano con cuentas en paraísos fiscales pudiera ejercer cargos públicos. Esa consulta fue propuesta por Correa y el pueblo la aprobó por mayoría absoluta. A esa consulta se opusieron personajes como Guillermo Lasso y toda la oposición a Correa.

Sin embargo este tema quedó de lado cuando aparecieron evidencias de pagos indebidos de Odebrecht a algunas personas, entre ellas Ricardo Rivera, tío de Glas. Rivera habría recibido alrededor de 13 millones de dólares por pagos de comisiones en la consecución de contratos con el Estado. Y en todo momento la oposición trató de vincular a Glas con esos contratos, pero hasta ahora no se ha probado en ningún documento algún indicio al respecto, salvo la relación familiar con Rivera, unos cuantos correos electrónicos que no abundan en pruebas y la confesión de los representantes de la empresa corruptora brasileña.

Y en medio de todo eso Moreno lanzó su propuesta de consulta popular de siete preguntas, que deberán ser calificadas por la Corte Constitucional. La mayoría de esas preguntas fueron la plataforma electoral de la oposición de derechas. El banquero Guillermo Lasso y el alcalde socialcristiano de Guayaquil, Jaime Nebot, fueron los primeros en aplaudir la propuesta de consulta. En cambio, en Alianza PAIS hay posturas divididas.

Algunos analistas consideran que al menos cinco de las siete preguntas pudieron ser tramitadas por la Asamblea Nacional y una no tendría sentido porque tratándose de derechos organismos internacionales de derechos humanos consideran que no deben consultarse en un referéndum. Siendo así, el objetivo político de Moreno es afincar su propia imagen, proyecto y sentido político de su gobierno. De ganar la consulta, las preguntas serán lo secundario. Lo principal: tomar las medidas y acciones económicas y políticas de su particular y muy personal proyecto político.

Por otro lado, una pregunta (la de eliminar la postulación indefinida a cualquier cargo público de elección popular) parecería dirigida contra Rafael Correa para que no sea el candidato presidencial del 2021. Esa fue una bandera de la derecha, durante el año 2016 y desde ahí afincaron su plataforma electoral. Moreno ha dicho que jamás estuvo de acuerdo con la reelección indefinida y que por tanto ahora lo propone para decisión popular.  Y de ganar esa pregunta queda por dilucidar si la aplicación de esta decisión tiene carácter retroactivo y pesa contra Correa también.

Lo de fondo, en realidad, es que estamos hablando de otro momento de la Revolución Ciudadana o, al menos, de otro proyecto que no estaba contemplado en la agenda política de AP. Pero también ocurre que en el gabinete de Moreno hay algunas figuras de AP que han dicho que hoy se trata de volver al espíritu original de la Revolución Ciudadana que se habría perdido en el desarrollo de la gestión de Correa. Un figura clave e histórica de AP es Ricardo Patiño que estuvo hasta hace poco en calidad de consejero presidencial. Él junto a Virgilio Hernández (consejero presidencial) y Paola Pabón (secretaria de gestión de la Política) renunciaron a sus cargos porque Moreno “estaba desprestigiando los diez años de Revolución”.

Queda por ver si el resultado de la consulta popular cambia el escenario político y al mismo tiempo si la detención de Glas constituye un factor impredecible del destino de la Revolución Ciudadana o se convierte en un punto de quiebre con Moreno para una posible división en AP o la creación de otro movimiento bajo el liderazgo y conducción de Correa. Todo queda en función de la consulta popular y sus resultados en función de la toma de posiciones de todos los actores políticos. Por ahora, el mayor respaldo de Moreno viene de la derecha, las élites económicas y financieras y un sector de la izquierda tradicional.

* Periodista, escritor, exdirector de El Telégrafo y conductor del programa televisivo “EnClavePolítica” que se emite por Telesur.

Fuente: https://www.telesurtv.net/opinion/Ecuador-Restauracion-conservadora-o-re...

La opinión del autor no coincide necesariamente con la de TerceraInformación

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