Catalunya, España al borde del abismo democrático

He alcanzado los sesenta años de edad. Por tanto, tengo fresca en la memoria mi juventud en el franquismo, en aquel franquismo en los que se tenía miedo a hablar, a reunirse, a publicar, expresar lo que se pensaba, y luchábamos por alcanzar la democracia, esa misma democracia de la que disfrutaban los países del otro lado de los pirineos.

Hoy, más de cuatro décadas después, comienzo a sentir, con verdadero estupor, esas mismas sensaciones de falta de libertad, de democracia. Todo ello producido por un bipartidismo PP vs PSOE, que se fue convirtiendo en un poder bipolar que se tocan por el lado contrario, acumulando poder e influencia desde una ley electoral injusta y hecha a su medida. En el 78, y a la vista está, comenzaron un viaje inmovilista que comienza y termina en el mismo sitio, y ya se sabe, lo que no avanza, retrocede, y han retrocedido tanto que volvemos a los años 60.

Una Constitución del 78 que nació para cambiar a España que, por culpa de PP vs PSOE, han conseguido lo contrario, pararla en seco. En cuarenta años han sido incapaces de hacer una sola modificación, una sola adaptación a los tiempos, bueno sí, una por la vía urgente que todos recordamos como el cambio más rápido de la historia. Una Constitución desfasada, no adecuada a las necesidades de hoy, que no aporta soluciones y que, por tanto, inútil e ineficaz que necesita una más que urgente reforma en profundidad.

El proceso de autodeterminación, primero de Euskadi y ahora de Catalunya, son el ejemplo claro de cómo la constitución del 78, ha sido, es incapaz de dar solución democrática y política a un problema político. Incapaz de solucionar los verdaderos problemas de una España que nunca fue una, por mucho que quieran, sino, como mínimo, Las Españas, porque son muchas las Españas dentro y fuera de la península. Que ha sido, y será incapaz de reconocer y poner en marcha un verdadero proyecto común de federación, confederación o reino unido, que tanto me da, me da tanto. Lo que decidan los ciudadanos.

Estoy convencido que el actual Gobierno de España, ante su manifiesta ineficacia política y mínima capacidad de diálogo, hace vejación de su responsabilidad como poder ejecutivo y ante un poder legislativo en estado de shock y paralizado, deposita toda su responsabilidad en el poder judicial. Acción que, en determinados momentos es una posible garantía democrática, pero siempre solo hasta que, tras la dimisión del ejecutivo, el Jefe del Estado convoque elecciones generales a cortes y se restaure el equilibrio de poderes.

Catalunya, por tanto, ha puesto de relieve, ha quitado la tapadera que ocultaba la más que escasa calidad democrática del actual Estado español tras cuarenta nefastos años de bipartidismo inmovilista. Catalunya no es culpable de nada, los catalanes no son culpable de nada, los nacionalistas no son culpable de nada, no deberían ser culpables de nada en un Estado democrático, cuando lo único que intentan es hacer uso del ejercicio de las urnas para expresar una opinión, o tomar una decisión.

Ante la exigencia de una más que clara mayoría de vascos o catalanes, piden un referendo para decidir un problema que atañe a los tres poderes, a la unidad del territorio y por tanto a la propia Constitución, una democracia, un Estado democrático se sienta en una mesa para negociar y pactar la reformas constitucionales, legales y políticas para hacer realidad las peticiones democráticas de parte de los ciudadanos. Todo lo contario a lo que ha ocurrido en España.

La actual España se encuentra por tanto al borde del precipicio que marca la línea que separa democracia y dictadura. Ya le he escrito y expresado en muchas ocasiones, pero que no tengo más remedio que repetir, que lo que nos jugamos todos en Catalunya, ya no es un derecho, una decisión, una opción de un pueblo, lo que nos jugamos es permitir que el actual Gobierno que preside el Sr. Mariano Rajoy traspasa o no, esa línea y vuelve a llevar a España a la lista de los países con dictadura.

Pedro Ignacio Altamirano

@altamiranoMLG

La opinión del autor no coincide necesariamente con la de TerceraInformación

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