Contra todos los manuales y todo posibilismo, el Frente Amplio se abre cancha en Chile

La elección presidencial en Chile trajo sorpresas positivas para quienes vivimos la avanzada regional de la derecha con la convicción de que tarde o temprano los pueblos de América Latina darán vuelta la taba.

La sorpresa no estuvo dada tan sólo por los pobres resultados del ex presidente Sebastián Piñera, candidato favorito del establishment, las -casi siempre sospechosas- encuestas y los medios locales, sino por el 20% obtenido por Beatriz Sánchez, la candidata del joven Frente Amplio (FA), una coalición de fuerzas progresistas y de izquierda construída tan solo hace algunos meses.

En ese sentido el FA viene a renovar el sistema político y plantear que no todo está dicho para las experiencias transformadoras en nuestro continente.

Una decisión valiente contra todo cálculo

Ante el escenario electoral la opción para las fuerzas integrantes del Frente Amplio no debe haber sido cosa fácil. Por un lado frente a un candidato de derecha que mostraba fortaleza, unidad de sus fuerzas y un importante potencial para volver a la presidencia. Por el otro un gobierno progresista con límites claros al momento de radicalizar las política sociales, económicas y la institucionalidad burguesa, que además se vio fragmentado al perder a su aliado más conservador, la Democracia Cristiana (DC).

Una alternativa hubiese sido apoyar, tal vez incluso con alguna formulación crítica, al candidato oficialista Alejandro Guillier. De esta forma, podrían haber construido una alianza política para disputar el primer lugar en la elección, con la opción de “radicalizar desde adentro” el proceso encabezado hasta ahora por la presidenta Michelle Bachelet.

Además, se dieron ciertos factores específicos que hacían más tentadora la alianza con el espacio de Bachelet. La “depuración” que vivió el espacio hacia finales del año pasado con la salida de la DC reforzó el peso de fuerzas progresistas y de izquierda como el Partido Comunista. Es más, la Nueva Mayoría intentó mostrar un perfil renovado al proponer -en detrimento del ex presidente Ricardo Lagos- la candidatura del ex presentador de televisión Alejandro Guillier, quien no tiene filiación partidaria explícita, tal vez buscando empalmar con los “movimientos ciudadanos” presentes en varios países occidentales.

Por otra parte, la opción de presentarse por fuera tenía contradicciones evidentes. El costo de la “apuesta” podía dividir el voto progresista y resultar en una obturación de todo espacio político para el Frente Amplio. De esta forma, podrían haber sacado una cantidad escasa de votos, que la hubiese puesto más cerca de la experiencia de izquierda dirigida nada ni nada menos que por Marco Enriquez-Ominami, el hijo de Miguel Enriquez, el famoso dirigente del M.I.R., que obtuvo cinco puntos a nivel nacional.

Ahora bien, la política nunca es un juego de suma cero. Una buena parte de los votantes del Frente Amplio no hubieran estado dispuestos a apoyar a figuras asociadas al gobierno de Bachelet, considerando la postura crítica y hasta opuesta en algunos casos que han mantenido los partidos que lo integran. Eso hubiera debilitado el sorprendente caudal de votos que el espacio logró capturar.

El hecho de “jugar por fuera”, permitió al Frente Amplio llamar la atención de una enorme parte de la juventud, mientras que capitalizó parte del descontento con el actual gobierno expresado en las masivas movilizaciones contra el régimen privado de pensiones (que el oficialismo no se animó a modificar) y la tibia reforma educativa que no cumple con las demandas históricas del movimiento estudiantil chileno.

La construcción de una alternativa al desgastado oficialismo también obturó el crecimiento de la derecha que con su mensaje moderno y el planteo estratégico de llevar a cabo una “segunda transición” se mostró como una renovación ante un proyecto que, con la excepción del período 2010-2014, gobierna Chile hace casi dos décadas.

“No da lo mismo” y “sí, se puede”

Tal vez una de las mayores dificultades para el Frente Amplio se presente por su propia capacidad de incidir en los resultados del ballotage de diciembre. Si bien Beatriz Sanchez aclaró que iniciarán conversaciones, no hizo explícito llamado a votar al candidato progresista. Seguramente en cómo desarrollar adecuadamente esta política se cifre parte del futuro de la joven coalición.

Es que claramente a nivel identitario se trata de un frente de organizaciones que interpelan a la juventud desde la necesidad de renovar el sistema político. Este fenómeno empalma con el movimiento ciudadano que irrumpió en escena en España, representado por PODEMOS, y recoge parte de las experiencias transformadoras de América Latina que rompieron con las estructuras y sistemas de partidos tradicionales.

A la vez, el Frente Amplio va por mucho: plantea la constituyente para reformar el Estado, en un combo de reformas para mejorar la democracia chilena, cambiar el modelo de desarrollo del país, ampliar derechos sociales y civiles, hacer una reforma tributaria progresiva, en un documento de más de 300 páginas destinadas a demostrar una intencionalidad política y conocimiento de la realidad nacional.

Independientemente de cómo quede planteado el escenario hacia diciembre, y como el Frente Amplio supere el dilema de posicionarse frente al ballotage, sin quedar “pegado” a la vieja política, el principal saldo de la elección es que ahora una fuerza de izquierda, con una orientación radical, logró perforar el sistema político, obtener 20 bancas nacionales y volverse un actor de relevancia a nivel parlamentario. Su rol, además, será clave ante un Congreso chileno donde el futuro presidente -sea quien sea- no tendrá mayoría propia.

Desde la rebelión de los pingüinos en 2006, toda una nueva generación militante fue creciendo y desarrollándose en Chile. Es de ese movimiento de masas de donde emergen los candidatos Gabriel Boric, del movimiento autonomista, y Giorgio Jackson, de Revolución democrática. Y también miles de militantes que componen las organizaciones que conformaron el Frente Amplio.

Esperamos que sea capaz de profundizar el cambio que se inició hace más de diez años, que trajo el triunfo en de Jorge Sharp en Valparaíso, y ahora se abre camino hacia la consolidación de un espacio político de masas, con alcance nacional y un enorme potencial transformador en el país austral.

Por Rolando García* y Santiago Mayor**

* Sociólogo, investigador del CONICET y militante de Patria Grande (Argentina) - @RolanGB

** Periodista y militante de Patria Grande (Argentina) - @SantiMayor

La opinión del autor no coincide necesariamente con la de TerceraInformación

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