¡ESCUCHA, españolito!

Me dirijo a ti, españolito, como parte de esos millones de personas que componen la “mayoría silenciosa” de nuestro país, bien porque se sitúan al margen de los avatares sociopolíticos, bien porque no necesitan elevar su voz para protestar al sentir que sus intereses están bien defendidos por quienes nos gobiernan. Silenciosa en lo referente a las cuestiones sociopolíticas, pero muy ruidosa y activa en lo que respecta a otras actividades como fútbol, procesiones, romerías, y cualquier otro tipo de espectáculo de masas, porque ahí en la masa informe es donde te encuentras cómodo. Si tuvieras que escoger entre una biblioteca y un estadio de fútbol, sin duda optarías por lo segundo.

Y es que tú eres una “persona normal”, cuya normalidad viene establecida, no solo por su significado estadístico, sino por estar adaptada a las circunstancias del momento y no ser conflictiva para el estatus quo dominante. Quieres seguir siendo una “persona normal”, ajena a la política, los problemas sociales y medioambientales, interesada en alcanzar, aunque la mayoría de las veces se quede solo en deseo, una posición económica solvente, disfrutar de tu fútbol, tu coche de alta gama, tus programas televisivos, tus fiestas y tus compras en las grandes superficies. Para conocerte bien solo necesitamos ver los anuncios publicitarios, pues en ellos se refleja lo que te interesa, deseas y estas dispuesto a comprar y consumir.

Una “normalidad” que no ha sido elegida por ti sino que durante cuatro décadas un individuo pequeño física e intelectualmente pero grande en crueldad, designado “por la gracia de dios” para apropiarse del país y cuidar de los españoles, se encargó de implantar.  Aconsejando “…haga como yo y no se meta en política” y encarcelando o asesinando a los díscolos “anormales” que no seguían su recomendación. Todo ello bendecido por su “décimo segunda pía santidad” y sus seguidores. “Normalidad” reforzada y actualizada posteriormente por los mandatarios del mundo civilizado, esos que presiden las grandes multinacionales, las finanzas, los llamados hombres de Estado, los sindicatos subordinados, los partidos, los “intelectuales”, … y la maldita TV. Estos personajes te dicen que “eres libre”, cuando deberían decirte que “estas libre”, en el sentido de que careces, de la formación para gobernar tu vida y de la capacidad para valorar críticamente los hechos y la situación en la que estas. Libertad que se te otorga y usas para lo que más deseas y desean, consumir. Estos mismos personajes reclaman poder para ti, un poder que les has de trasladar para que te representen, momento en el que se desvanece tu poder, pues  nunca te rendirán cuentas. Aunque en realidad esto no supone ningún problema para ti, ya que tampoco tienes interés en ello.

Como “españolito normal” no quieres asumir la responsabilidad en tu alimentación, no te inquieta el colapso medioambiental, las condiciones de vida de los refugiados, el deterioro de la educación, la sanidad, el trabajo o que puedas estar equivocado en tu manera de pensar. Tus preocupaciones van por otros derroteros, como lo que puedan pensar tus vecinos, es decir “el qué dirán”, o si la honestidad puede suponerte alguna pérdida económica o freno en tu ascenso social. Tu seguridad te importa más que la verdad.

Por ello al “españolito normal” no le interesa conocer la verdad de lo que hacen aquellos a los que ha otorgado “su poder” mediante el voto, porque prefiere seguir ciego, sentirse seguro y creerse todo lo que dicen los medios (¡otra vez la maldita TV!) para no asumir su responsabilidad en las fechorías que sus representantes cometen, pero que quiéralo o no, es suya.

El problema es que ese poder otorgado y no controlado nos está llevando al desastre como país, al haber sido ocupados por delincuentes los estamentos de la nación. La corrupción y los escándalos son tantos y tan graves que a pesar del sometimiento y servilismo de los medios les es imposible ocultarlos, saliendo a la luz por rebosamiento. Ahí están las hemerotecas.

Son estos hechos los que me llevan a pensar que ello solo es posible por el silencio y complicidad de millones de españolitos, esos mismos que han recuperado la voz y sus banderas del futbol para gritar contra quienes han manifestado su deseo de expresar en las urnas su pertenencia o no al Reino de las Españas. Los mismos que ha estado y siguen callados ante el saqueo de “su patria” desde las instituciones.

Que nuestro país, avanzando en estos momentos hacia la distopía (sociedad de características negativas causantes de la alienación humana), cambie su rumbo hacia una utopía donde se respeten los Derechos Humanos, se practique la honestidad en la vida política y social, se creen condiciones en las que amor, trabajo y conocimiento formen parte de su esencia depende que ese españolito de hoy centrado en ser un teleadicto “consumidor” y “patriota”, asuma una pequeña parcela de responsabilidad, se despoje de esa libertad otorgada para ser manipulado y tras conseguirla por sus propios medios, se transforme en ciudadano, informado y crítico, con capacidad para poder manejar su vida y tomar sus decisiones, controlando a quienes lo representan y exigiendo responsabilidad de sus acciones. ¡Ahí está nuestra utópica esperanza!

Antonio Pintor Álvarez.  Médico y miembro de EQUO

La opinión del autor no coincide necesariamente con la de TerceraInformación

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