México. AMLO es el caballo ganador

Confirmo lo que he tenido que repetir muchas veces en estas líneas: López Obrador se comporta de manera radicalmente distinta al común de los políticos mexicanos y con ello nos tiene desconcertados a los que intentamos hacer análisis político, ya sean los llamados orgánicos al servicio del régimen o los que lo hacemos de forma independiente y de buena fe. Quienes me hacen el favor de seguir mis escritos saben que he sido crítico de algunas o muchas de sus actuaciones o decisiones, para finalmente tener que comer papel con sapos y reconocer que, lo que creí incorrecto, resultó acertado. No quiero decir con esto que sea un mago o un ser de otro mundo, por el contrario, creo que sus aciertos se deben más al hecho de ser alguien común y corriente, sin los ambages y retorcimientos a que nos tienen acostumbrados los conocidos profesionales de la política. Simplemente es diferente y de ahí el desconcierto de los analistas, pero también de ahí se entiende la razón de su enorme arrastre popular, dado el cansancio de la gente respecto de esos políticos tradicionales.

Terminó la fase de las precampañas y AMLO salió triunfante, no sólo por ser confirmado como el candidato de MORENA, sino por haber transitado el proceso de designación de candidaturas a los diversos cargos de elección (gobernadores, senadores, diputados federales y locales, presidencias y cabildos municipales) con gran tersura y sin rompimientos internos, incluida la difícil candidatura a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México. Mientras que en el PAN y el PRD se registraron rompimientos y debandadas, Morena se consolidó y se enriqueció con la adhesión de antiguos opositores. El PRI tampoco salió bien librado del proceso, aunque ahí la amalgama de la corrupción hace más rígida la disciplina; cuadros importantes del priismo se están deslindando de una candidatura a todas luces perdedora y buscarán la manera de subirse al carro triunfador del antes nefasto y odiado Andrés Manuel. Esta es la prueba de fuego para los partidos y sus dirigencias.

En ese su proverbial simplismo –el de AMLO- radica la complejidad para encuadrarlo en los parámetros de una práctica política obsoleta. Por ejemplo, no hace uso de la moderna mercadotecnia ni gusta de decir discursos al gusto del auditorio; López Obrador se maneja muy didácticamente, formula su propuesta y convoca a que lo apoyen. Por su sensibilidad política radicada en la yema de los dedos comunica su pensamiento veraz y le apuesta a que es lo que también la gente piensa y siente, no como resultado de un equipo de fabricantes de discursos, sino de su propia y genuina inspiración. Pero, además, lo pone por escrito en sus varios libros para que no haya duda; ejercicio este que han pretendido imitar otros sin poder salir del encierro de la demagogia y los textos oscuros que huyen de la definición: es decir del discurso que se cuida de no decir más que vaguedades.

Originalmente critiqué el pragmatismo de sus nuevas alianzas, lo juzgué como una traición a su discurso original. Pero no, en realidad López Obrador mantiene su misma postura ideológica, esencialmente nacionalista y progresista. Lo que interesa es reducir el margen de los que lo rechazan, sin perder la base social popular. Es una especie de malabarismo que lo está colocando a las puertas del gobierno en las próximas elecciones.

Un logro importante es que para todos es el candidato ganador y que más vale sumarse que ser arrastrados por la historia. Es más sus dos contrincantes fincan su discurso en ser quienes podrán vencer al que, por lo mismo, consideran como triunfador. Durante más de doce años, por más que lo han atacado y tratado de desdibujar, AMLO sigue siendo el centro de la agenda y el origen de propuestas que, en un inicio se combaten, para luego tratar de imitarlas. Cuando gobernó a la Ciudad de México realizó obra pública de gran calado, tema que había sido dejado de lado por sus antecesores y contemporáneos y, a partir de entonces todos quisieron hacer segundos pisos en las vialidades, aunque a un costo muchas veces superior y cargado de corrupción.

No obstante no dudo que Andrés Manuel comete errores, como todo aquel que prefiere errar que dejar de actuar. Lo prefiero con errores antes que nadando de muertito para no correr riesgos. Si no registrara errores lo rechazaría por extraño ¿Qué tal que sea un extraterrestre? Lo borro, no sea que resulte un nuevo argumento para sus detractores.

Lo mejor del caso es que va a ganar y será el próximo Presidente de México.

Fuente: http://www.resumenlatinoamericano.org/2018/02/20/mexico-amlo-es-el-cabal...

La opinión del autor no coincide necesariamente con la de TerceraInformación

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