El chalet de la discordia

Y es que desde fuera no se le podía atacar, por integro, por coherente, por transparente. Este asunto del Chalet de Pablo e Irene no deja de ser curioso por las vertientes desde las que se puede analizar. Primero: nada se puede objetar a una pareja que decide comprar para vivir, no especular, una casa en las cercanías de Madrid. Muchas parejas así lo hacen, adquiriendo como buenamente pueden un lugar para vivir juntos. Segundo: Comienza a erizarse el asunto, porque hay quienes afean, sobre todo a Pablo, el hecho ya que no ha parado de criticar a tirios y troyanos afeándoles lo que ahora él precisamente hace. Esto, ¡claro!,  ha revuelto el panorama político, llenándolo de críticas a diestra y siniestra. Unos, los diestros, por venganza, ya que ellos o sus amigos o sus familiares, fueron objeto de cierto escarnio por parte de Pablo en un pasado reciente. Otros, los “siniestros”, porque piensan que no se ajusta el ser propietario de un chalet  con el perfil de un líder máximo de la opción política morada. Podemos viene a la política para arremeter contra los obstáculos que generan tremendas desigualdades. Su código ético impide a los cargos públicos y del partido ganar por encima de tres veces el salario mínimo interprofesional, que a fecha de hoy supone algo más de 2200 euros mensuales. Y desde dentro de Podemos la controversia está servida, ya que una parte entiende incompatible la posesión de este Chalet, con la representación de los ideales de la formación política; y por otro lado quienes arremeten contra estas legítimas opiniones, esgrimiendo aquello de la caza de brujas y descalificando a sus compañeros de partido porque “hacen siempre análisis erróneos”. Lo de siempre es de Monedero, que en eso de ayudar a Pablo no se corta un pelo.

Tercero: este asunto genera, además, una respuesta por parte de Pablo e Irene, que es un órdago a la grande. El líder máximo entiende que este asunto, no otros de estado, por ejemplo Cataluña, merece que todas las bases de este partido estén atentas a su señal para decidir si se queda en Podemos o con su Chalet.  Parece ridículo que tema tan banal suscite esta posición maximalista, si no fuera porque en realidad lo que se destapa es un súper ego de aquí no te menees. Pablo ha perdido el norte, en eso de no perderlo debería haberle ayudado Monedero, porque el análisis político, no erróneo, que se puede hacer de este tema conduce a afirmar que de los múltiples asuntos de máxima gravedad para el pueblo, ninguno ha merecido ser consultado con las bases y sin embargo este asunto “doméstico” requiere un posicionamiento de “conmigo o contra mí”, que huele, y mucho, a un rancio CesareoFelipismo pro OTAN. Y encima, utilizando el aparato del partido que antes de la consulta envía una carta de apoyo a Pablo. Duro lo pone Pablo que puede llevarse una sorpresa precisamente por adoptar posiciones no radicales, sino maximalistas. No es difícil vaticinar que quienes anhelan un proyecto verdaderamente renovador de la política española huyan de esta escenografía, porque incluso ganando Pablo e Irene, Podemos ya ha perdido.

La opinión del autor no coincide necesariamente con la de TerceraInformación