De la banalización de la injusticia al desparpajo de los ladrones de guante blanco. La sociedad domesticada II

04/10/2018

Necesitaría una cita para expresar, quizás,
 la impotencia ante tanta injusticia,
no lo olvides, cuando quieras darte cuenta,
será tarde.
Pierre Collin.

 Cada día compruebo cómo se banaliza más y más casi todo en esta sociedad, que parece haber perdido el rumbo, aunque, la misma, la sociedad y los socios, el pueblo, que la integran se nieguen en muchos casos a reconocerlo. Se banaliza, como decimos, todo, y cada vez parece tener menos importancia lo humano, de los valores ya ni hablemos, se han evaporado como la niebla en una tarde de invierno. No hablo de valores religiosos, por supuesto, dada mi condición de apostata, con certificado de apostasía, hablo de valores humanos que se esfumaron como el humo de este cigarrillo que fumo mientras escribo este artículo, que como cada semana, no tiene pretensión alguna, ya que nosotros sabemos que nada podrá escribirse que remueva las conciencias tan vilipendiadas por el bombardeo que reciben a cada segundo, han conseguido crear la “Sociedad del cansancio”, como bien la describe ByungChul Han: https://etnografiaurbana.files.wordpress.com/2014/03/sociedad-del-cansancio.pdf

Se banaliza la injusticia, y se banaliza la violencia, la guerra, las drogas, el sexo, la educación, la política, el amor, la vida, la muerte, el sueño, se banaliza cualquier cosa convirtiéndola en producto dispuesto para ser consumido. Vemos a nuestros políticos robar a manos llenas, pagamos a precio de oro los productos básicos, nos roban en las carreteras, en las autopistas,en la gasolina, en el gas, en los sueldos, en la sanidad, en el agua, en la luz, en el teléfono, en el IBI, en todo: “Llorona, si ves a ricos que ríen al caminar y es porque a los pobres roban, llorona, toda su felicidad...”, como dice la canción titulada Llorona y que De Pedro ha versionado poniendo un toque de denuncia, quizás ese toque revolucionario que tanta falta hace en este mundo domesticado y sumido en la más absoluta inopia.

Fumo un cigarrillo y no me canso de escuchar Llorona, “porque me muero de frío, cada vez que entra la noche me pongo a pensar y digo...”: eso dice la canción pero yo me pregunto: ¿Cómo cambiar esto, cómo salir ahí afuera, a la calle y reventar bancos usureros, reventar empresas explotadoras y represoras de obreras y obreros?, pero no digas nada, guarda silencio no sea que acabes con los huesos en un banco pero del parque, o lo que es peor, en la cárcel.

Sí, Llorora, no dejaré de quererte, porque todavía creo en la revolución y todavía hay en mí ese poso de esperanza con el que seguir en la lucha. La domesticación brutal a la que se ha sometido a la humanidad me parece terrible, pero más terrible me parece que esa humanidad obedezca sin rechistar, sin revelarse ante los opresores, ante los tiranos, ante los ladrones de guante blanco, ante la corrupción, ante la injusticia, ante la guerra, ante el látigo que la fustiga a cada instante, ante la deshumanización, ante la creciente violencia, ante el discurso del miedo, ante la feroz maquinaria de producción que todo lo destruye, naturaleza, animales y seres humanos, eso sí me parece terrible, Llorona, “si ves a ricos que ríen al caminar y es porque a los pobres roban, llorona, toda su felicidad...”.

SALV-A-E los que no quieren morir no te saludan.

Escrito en la Taberna de Tobalillo sin pena, Setenil de las Bodegas (Cádiz) el día 30 de septiembre de 2018.

La opinión del autor no coincide necesariamente con la de TerceraInformación