Carta abierta a Lina Gálvez

Estimada Lina, permíteme tutearte puesto que, aunque como Consejera de Universidades, Conocimiento e Investigación que eres, el trato debiera ser mucho más formal, hoy me dirijo a ti más como colega, ya que ambas somos profesoras de Universidad.

Pertenezco al colectivo de profesorado Ayudante Doctor (AyD) y Contratado Doctor interino (CDi) de la Universidad de Sevilla. El pasado día 21 de junio nos reunimos contigo en el Parlamento para tratar el tema que nos ha llevado a plantear una tercera huelga en la Universidad de Sevilla, esta vez conjuntamente con las Universidades de Málaga y Granada. Como bien sabes, este colectivo de profesorado reclama que se modifique el procedimiento de promoción interna para acceder a la figura de Profesor Contratado Doctor una vez se supera una evaluación externa de la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación (ANECA) o su equivalente autonómico. Esta reivindicación no pretende alterar el procedimiento de acceso a la función pública, que seguiría requiriendo un concurso público de oposición por parte de los candidatos. Actualmente, el proceso de acceso a la figura de Contratado Doctor se realiza mediante un concurso que se lleva a cabo bajo el control de la propia Universidad que convoca la plaza. La reivindicación que el colectivo de AyD y CDi plantea eliminaría cualquier riesgo de endogamia o manipulación de estos concursos, ya que la promoción estaría en manos de una agencia externa. Como tú bien sabes, aunque parezca que en tus declaraciones lo hayas olvidado, los profesores AyD y CDi accedieron a sus puestos de trabajo mediante concurso público bajo los principios constitucionales de igualdad, mérito y capacidad.

Debo confesarte que tenía bastantes esperanzas puestas en esa reunión de cara a la posible resolución del conflicto laboral. Esas esperanzas me las había dado haber leído artículos en prensa, firmados por una tal Lina Gálvez, meses antes de ser nombrada Consejera. En esos artículos, como el publicado el 8 de abril en eldiario.es y titulado “La Universidad mancillada”, pude leer cosas como: “…la politización de las universidades […] se manifiesta por lo menos a dos niveles. Un nivel más obvio y burdo, que es el de la dependencia financiera que tienen las universidades de los Gobiernos autonómicos y que puede permitir tratos de favor a cambio de un trato favorable […] El otro nivel de politización es más complejo y tiene que ver con el nuevo modelo de sociedad que se está gestando dentro del modelo neoliberal en el que todo se mercantiliza, también la universidad. El conocido como proceso de Bolonia […] en este modelo, el prestigio de una universidad y su profesorado se mide al peso, a través de una productividad que se calcula más en función de dónde se publica que de qué se publica. Teniendo en cuenta que los espacios donde se valora más publicar deben estar indexados en bases de datos como JCR o Scopus, todas ellas en manos de empresas privadas […] Esto hace que, en muchos casos, sólo puedan desarrollar una carrera académica quienes se amoldan a las reglas de juego que sostienen el sistema. Así, la mayor parte de los académicos, en especial aquellos que se han incorporado en los últimos años, están acostumbrados a "obedecer".

Como te digo, leyendo estas cosas, pude pensar que, siendo la persona que escribía eso la nueva Consejera, entendería nuestra reivindicación, entendería que lo que pedimos es absolutamente justo puesto que somos un profesorado que ha dado lo mejor de sí mismo en la peor época posible.

Somos un profesorado que ha seguido sacando adelante sus investigaciones a pesar de los tremendos recortes a los que se ha visto sometida la investigación en este país. Profesorado que en muchas ocasiones ha pagado de su bolsillo estancias de investigación en otros países, análisis de laboratorio e incluso publicaciones en revistas o ediciones de libros. Todo para cumplir con la “excelencia” que se le ha solicitado, para hacer a nuestras Universidades “excelentes”. Profesorado que ha dedicado su vida, tanto laboral como en gran medida personal, a sus alumnos, preparando clases, elaborando material docente adecuado, corrigiendo exámenes, tutorías, pues como bien dices en el artículo, “A fin de cuentas, nuestro trabajo es vocacional y somos unos privilegiados...”. Profesorado que ha visto cómo le han cambiado las reglas del juego a mitad de la partida con el cambio en los méritos necesarios para obtener las tan ansiadas acreditaciones de la ANECA que le permita continuar con su carrera profesional.

Con todo esto, pensé que íbamos a encontrar a una Consejera que empatizaría con nuestra situación y que se comprometería a intentar dar una salida digna, pero sobre todo justa, a todo el colectivo que se ha visto envuelto por una coyuntura tan desfavorable, más aún si seguimos leyendo en el artículo cuando escribe “me refiero a la total y vergonzosa precarización del trabajo universitario, que también puede analizarse en sus distintas capas y niveles […] porque, no nos engañemos, la precariedad disciplina. Y la situación de las personas más jóvenes que intentan hacerse un hueco dentro de la academia es ultraprecaria, tanto como para que una profesora sin plaza fija acceda a falsificar el acta de defensa de un trabajo fin de máster que, según todos los indicios, nunca existió […] Esa mano de obra muy bien formada, mal retribuida o gratuita, tan competitiva como entusiasta, es el sustrato legitimador ideal de un sistema mercantilista y, al mismo tiempo, mera carne de cañón para ser utilizada en episodios tan siniestros como el del máster presuntamente espurio de Cifuentes”

Sin embargo, nada más lejos de la realidad, quizás me he equivocado y la Lina Gálvez que escribía esos artículos en un periódico en abril no es la misma Lina Gálvez a la que han nombrado consejera. Si es así, y no son la misma persona, podría entender la postura de la Lina Gálvez Consejera. Es Lina Gálvez Consejera la que nos dice que no hará nada sin el beneplácito de los rectorados universitarios. Rectorados que, como en el caso de la Universidad de Sevilla, incumplen un acuerdo firmado en el SERCLA, de obligado cumplimiento, o que contratan gabinetes jurídicos privados para ir contra sus propios trabajadores. Rectorados como el de la Universidad de Huelva, que en su momento decidió de manera unilateral no aplicar un acuerdo de CIVEA, lo que acabó con numerosos profesores despedidos, injustamente como luego lo han estimado los tribunales. La Consejera nos dijo en esa reunión que su papel es únicamente el de ejercer labores de coordinación entre las partes que están en conflicto, lo cual es algo loable de partida en la acción de un Gobierno. Ahora bien, un gobernante también está exigido por la leyes. Y tú sabes que las Universidades están incumpliendo de forma permanente la Directiva europea 1999/70/CE, tal y como ha vuelto a señalar recientemente la 018/2600(RSP) de 31 de mayo de este año. En estos textos se apunta directamente a los gobernantes a que están obligados a cumplir con la ley. Y, además, si hay asimetrías de poder muy marcadas en las posibilidades de negociación, la partida está trucada. Gobernar no sólo es coordinar, es tomar decisiones en base a lo que una piensa que es mejor para el conjunto de la sociedad —en este caso, apostar por una Universidad de excelencia, no endogámica—. Los rectorados, en ningún momento, van a renunciar por propia voluntad en una negociación a aquello que les otorga poder en el acceso a la función de profesor, es por esto por lo que corresponde al gobierno tomar decisiones, y si no lo hace estará incurriendo en dejación de funciones.

Quiero acabar esta carta haciendo un llamamiento a Lina Gálvez, pero no a la Consejera, sino a la otra, a la que escribía esos artículos en prensa: vuelve, por favor. La Universidad pública necesita que gente como tú alcance puestos relevantes desde los que se puedan cambiar cosas, desde los que se puedan hacer cosas por mejorar la vida de las personas. No es posible que un cargo pueda cambiar a alguien tanto en tan poco tiempo. No me lo puedo creer y no me lo quiero creer. Si al final resulta que es así, y que el sillón cambia tanto a las personas, prefiero quedarme con la Lina Gálvez que escribía en el periódico, aunque no fuera Consejera.

La opinión del autor no coincide necesariamente con la de TerceraInformación