La victoria del capitalismo: La sociedad domesticada II

23/10/2018

“Adiestrados como monos de circo,
repitiendo como un mantra la palabra
vive el momento: consume, consume,
serás feliz viviendo el momento.”
Pierre Collin

“El amor ahuyenta el miedo y,
recíprocamente el miedo ahuyenta al amor.
Y no sólo al amor el miedo expulsa;
 también a la inteligencia, la bondad,
todo pensamiento de belleza y verdad,
y sólo queda la desesperación muda;
y al final,
 el miedo llega a expulsar del hombre la humanidad misma”.

Aldous Huxley

Comienzo este artículo con estas citas, la primera del escritor Pierre Collin, y la segunda de Aldous Huxley, para situarnos sobre los tiempos modernos o los tiempos de la posmodernidad, los tiempos de la posverdad, los tiempos en que nos han convertido en meros productos de consumo, sí, ya no consumimos solo cosas, también consumimos personas, menos mal que todavía no nos las comemos, nos volveríamos antropófagos, no comemos carne humana, no, todavía, por suerte, pero sí consumimos personas, como consumimos vino, refrescos o panecillos, tiernos panecillos, o chorizos de cantimpalo, entre otras cosas, y entre almuerzo y almuerzo (entre lunch and lunch, que queda más cool), consumimos a algún ser humano, quizás no es la palabra adecuada “consumimos”, mejor tendremos que decir que usamos y luego tiramos al ser humano consumido como se tira una lata de refresco o un botellín de cerveza y como en toda guerra se excusan los daños colaterales.

¿Daños colaterales? Sí, eso que se produce con toda agresión bélica, los inocentes que mueren en las guerras, los niños, los ancianos, las mujeres y los hombres que caen en las contiendas, daños colaterales en las relaciones, en la vida de cada día, en esta guerra sin declarar que cada día realizamos sin apenas percibir contra qué o contra quién luchamos, ¿de qué nos defendemos, contra qué combatimos para salir ilesos, para no caer en el campo de batalla?

Nos han convertido en mercenarios, somos los mercenarios del capitalismo, que para asestar su golpe final se ha aliado con el neoliberalismo,  con los movimientos de ultraderecha que florecen por doquier como la mala hierba.

Nos han convertido en consumidores natos, o lo que es lo mismo, asesinos natos, no matamos como en las guerras clásicas, ya lo decía Umberto Eco en su ensayo sobre las nuevas formas de la guerra, no, no matamos con bayoneta o con fusil de asalto, no, matamos de otro modo, más sutil, asesinamos con sutileza pero sin conciencia de ello, porque como dice la cita que encabeza este artículo, “Adiestrados como monos de circo...”, hemos asumido la normalidad de nuestros crímenes diarios. Podríamos llamarlos con algo de sarcasmo “pequeños crímenes cotidianos”.

“Divide y vencerás”, es una frase lapidaria donde las haya, y es eso lo que el capitalismo ha conseguido, dividirnos para vencernos, enfrentarnos los unos a los otros, atomizarnos, instalarnos en una “zona de confort”, desnaturalizados, deshumanizados, ya siendo seres insolidarios, porque lo que importa es la supervivencia, y ¿cómo ha conseguido esto el capitalismo? La respuesta está en su maquinaria de propaganda, la más eficaz y contundente de toda la historia de la humanidad. Creemos, o nos hacen creer que es inocente e inofensiva esa propaganda, pero no lo es, porque a través del cine, la literatura, la televisión, la música, nos inoculan los comportamientos que al final copiamos y repetimos como loros o como monos amaestrados. No hay más que echar un vistazo a las películas, a las series televisivas, o escuchar las letras de las canciones que se hacen para comprender que no son nada inocentes ni inofensivos sus mensajes. Y ¿qué es esta sociedad moderna a posmoderna?: El reflejo de todo ello.

La victoria del capitalismo no es que se haya aliado con la ultraderecha del mundo, esa es una victoria más, la auténtica y la más arrasadora de sus victorias es que han sustraído de los seres humanos el sentimiento, las emociones y las han cambiado por sensaciones, todo superficial, todo vacío, todo superfluo, todo banalizado, y ¿cómo han conseguido esta victoria, esta arrasadora victoria que nos ha deshumanizado? Con la música, con el cine, con la literatura, con la televisión, y con la inoculación del concepto “mal entendido”, del Carpe Diem*, que aquí vamos a especificar que éste mal interpretado y por supuesto, mal realizado, produce víctimas, produce eso que llaman daños colaterales, “coge el día”, me parece perfecto, ¿y si a ese concepto le añadimos la filosofía del Positivismo y del Yoísmo, qué tenemos?: Seres sin sentimientos.

La gran victoria del capitalismo porque el “carpe diem” sumado al egoísmo, al positivismo, a la individualización de los seres humanos, expulsa de las mentes conceptos como solidaridad, tolerancia, fraternidad, amor, amistad, colectividad, tribu y muchas otras cosas que son necesarias para la vida en comunidad de los seres humanos, pero esto no le interesa al capitalismo, a éste le interesa lo que cada día vemos a nuestro alrededor: una masa de seres solitarios, aislados de los otros, enemigos de sí mismos y por supuesto del otro, cuya única forma de comunicación, que le han puesto en sus manos, es un móvil y para éste todas las aplicaciones posibles, todo menos mirar a los ojos al otro, pensar lo que siente, lo que sufre, conversar cara a cara...

La estrategia es sublime.

Eso sí, el triunfo del capitalismo va mucho más allá de todas estas especulaciones mías, el triunfo es habernos convertido en autómatas desnaturalizados, capaces de aparcar los sentimientos, capaces de aceptar el precio que pagamos para creer que somos libres cuando en realidad solo somos esclavos, porque todo ser humano sin sentimientos, no es otra cosa que un mercenario a la orden de su amo: el capitalismo como filosofía de vida nos convierte en asesinos natos que perpetramos “pequeños asesinatos cotidianos”, ya sin bayonetas, sin fusiles de asalto, sin granadas, sin armas de fuego, éstas, todavía el capitalismo las emplea en otros lugares, allí más allá de esos territorios en los que actúa con otro fin, en otra guerra, en la guerra invisible que cada día todos afrontamos, matamos, sí, matamos a los otros, los matamos porque no sentimos, porque nos negamos a nosotros mismos lo maravilloso de los sentimientos, porque es mejor usar y tirar que construir y unirse para derribarlo, sí, el capitalismo nos ha convertido en enemigos, y el discurso del miedo hace el resto porque como dice Huxley en la frase que he usado al principio: “el miedo llega a expulsar del hombre la humanidad misma”.

Y una vez los seres humanos desprovistos de sentimientos, deshumanizados ya, no son otra cosa que animales, esclavos al servicio del capitalismo, esclavos que aceitan sus cadenas con las falsas consignas que nos envía la eficiente maquinaria de propaganda de ese poder que no gobierna todo.

SALV-A-E los que van a morir te saludan.

*carpe diem

Loc. lat.; literalmente 'coge el día'.

1. m. Exhortación a aprovechar el presente ante la constancia de la fugacidad del tiempo.

Real Academia Española © 

Escrito en la plaza de la Ciudad Soñada, utopía donde las haya el 9 de octubre de 2018 por Alvaeno.

La opinión del autor no coincide necesariamente con la de TerceraInformación