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El Cine Insurgente en la Revolución Bolivariana

El proceso de liberación nacional, interpretando la historia Patria y nuestroamericana, y en la búsqueda de la construcción de una nueva hegemonía cultural, permitió con hechos concretos abrir de par en par las puertas a las creadoras y los creadores de las artes audiovisuales, sin dogmas ni ataduras. Así fue como se creó un instrumento jurídico, la Ley de Cine, para la protección y fomento de nuestra cinematografía.

En días recientes tuvo lugar la Semana de Cine de Venezuela en Cuba, un nuevo testimonio de los fuertes lazos de unión entre ambos Pueblos hermanos. El encuentro, celebrado en La Habana, nos brinda también la oportunidad de valorar, en toda su dimensión, el aporte fundamental de la Revolución Bolivariana al hecho cultural, particularmente al arte cinematográfico como instrumento de liberación y formación.

“La revolución, o es un hecho profundamente cultural, o no lo es”, pregonaba permanentemente el Comandante Chávez; una expresión que nos remonta a los albores del proyecto de grandes transformaciones, en el fragor de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) de 1999, cuando comenzamos a dar las batallas por construir colectivamente, junto al Pueblo, una Constitución que se orientara a la defensa de nuestra cultura y las cultoras y los cultores, incluyendo a las creadoras y los creadores del cine, a la creación de una plataforma sólida para el desarrollo integral de las artes audiovisuales. El cine y la televisión, desde entonces, tuvieron un lugar preponderante en la vida de la sociedad, como instrumentos para la formación, la liberación y la recuperación de la memoria histórica y el forjamiento de la conciencia del deber social del Pueblo.

Hay que recordar que la Revolución Bolivariana significó de hecho la insurgencia de un nuevo cine en Venezuela, que conjugando la ficción y la historia, ha permitido la incorporación del debate sobre lo que fuimos, lo que somos y lo que queremos ser como protagonistas de nuestro propio destino. Es la vía para continuar marchando hacia la construcción de la Patria Socialista, hacia el punto de no retorno de nuestra revolución, de la mano de la cultura popular.

En tiempos de la democracia puntofijista, si bien debemos destacar el gran esfuerzo y el trabajo de muchos cineastas, se hacía cine casi en su totalidad con recursos privados, pues para los gobiernos entreguistas y pro-yanquis de turno, el arte era una cuestión de élites. Pero no sólo eso: la intimidación, la persecución y la censura eran prácticas habituales, aun cuando se autoproclamaban los “padres de la democracia”.

En el año 1976, en mis tiempos de estudiante en la Universidad de los Andes (ULA), escribí un artículo que aún conservo: “El cine conciliador y el fascismo”. Era muy joven, 23 años, pero venía observando cómo, en primer lugar, algunos realizadores trataban de tergiversar, a través del cine, la historia de la lucha armada en Venezuela. Utilizando elementos falsos como la generalización de la traición, la ausencia de principios, la falta de organización, el derrotismo, el conformismo y la conciliación con el sistema burgués, presentaron una historia bastante alejada de la realidad. Por otro lado, los gobiernos del bipartidismo intentaron prohibir, en los medios audiovisuales, los contenidos relacionados con aquella lucha de los años 60 y 70 del siglo pasado, en una clara práctica del fascismo disfrazado de democracia. De modo que, lejos de impulsar el desarrollo libre del cine, el Estado se convertía en traba para las y los cineastas.

El proceso de liberación nacional, interpretando la historia Patria y nuestroamericana, y en la búsqueda de la construcción de una nueva hegemonía cultural, permitió con hechos concretos abrir de par en par las puertas a las creadoras y los creadores de las artes audiovisuales, sin dogmas ni ataduras. Así fue como se creó un instrumento jurídico, la Ley de Cine, para la protección y fomento de nuestra cinematografía; y así fue también como surgió la Villa del Cine, la primera y única productora del Estado venezolano, nacida en el curso de esta revolución, que entendió siempre la importancia del cine para la formación en valores y la recuperación de nuestra memoria histórica. Hoy cuenta ya con trece años de vida, trece años de ardua labor para dar rienda suelta al imaginario de nuestra Patria.

Es verdad que en materia de Revolución Cultural, hay mucho trabajo por hacer y muchas metas por cumplir. Pero seguimos avanzando, a pesar de las grandes dificultades por las que atraviesa la nación, como consecuencia de la guerra multifactorial desatada desde los centros del poder imperialista; seguimos batallando ferozmente contra la guerra mediática-psicológica que persigue dominar la mente y el corazón de las venezolanas y los venezolanos.

En medio de un criminal bloqueo económico, el Gobierno Bolivariano no deja de impulsar el desarrollo cultural y artístico. Y es que el arte, como expresión creadora de los Pueblos, también es instrumento para su liberación y el forjamiento de sus destinos. Y además, como lo dijo el Comandante Chávez, herramienta para estrechar lazos de hermandad, solidaridad y reconocimiento mutuo, lazos que un día concurrirán en la unidad de los Pueblos, en un mundo sin imperios y sin dominación de las conciencias.

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