Internacional • 29/07/2020

Más desempleo, pobreza y desigualdad tras crisis del COVID en América Latina

Todas las economías latinoamericanas (con excepción posiblemente de República Dominicana y Guyana) sufrirán en 2020 contracciones del nivel del producto, del gasto de los hogares, de la inversión privada y del comercio internacional. Desde el plano social, la pandemia de la Covid-19 tendrá efectos negativos en el empleo, la pobreza y la desigualdad

Los subsidios salariales temporales para proteger el empleo y las transferencias monetarias a los hogares más pobres son opciones que deben estar sobre la mesa y que muchos países de la región han adoptado para sostener el consumo y frenar mayores impactos negativos en la demanda agregada.

Más desempleo, pobreza y desigualdad tras crisis del COVID en América Latina

Se estima que los efectos de la pandemia de la Covid-19 llevarán a la región, de América Latina y El Caribe, a la mayor crisis económica y social desde la Gran Depresión de los años 30, con una caída del Producto Interno Bruto (PIB) de -5.0% y los impactos negativos en el empleo, la pobreza y la desigualdad.

En esta entrevista para Tercera Información con el economista René Antonio Hernández Calderón, investigador del Instituto Universitario de Análisis Económico y Social (IAES) de la Universidad de Alcalá y ex Oficial de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), se explora la posibilidad de aplanar la curva de contagio y la curva de la recesión al mismo tiempo.

Los primeros esfuerzos deberían enfocarse en lograr una gestión eficiente del gasto público, reasignar partidas presupuestarias, evitar gastos superfluos y ampliar el espacio fiscal.

La política fiscal deberá enfocarse -en la medida del espacio fiscal disponible- en las empresas y personas más afectadas por la pandemia. Los subsidios salariales temporales para proteger el empleo y las transferencias monetarias a los hogares más pobres son opciones que deben estar sobre la mesa.

“Para lograr que las economías se estabilicen y que la recuperación económica sea sostenible, es necesario que la nueva normalidad esté acompañada y sustentada por un fortalecimiento deliberado de las instituciones de salud pública y de las instituciones económicas, a fin de que sus políticas sean más resilientes e inclusivas”, tal como lo señala el Doctor en Economía, académico e investigador, René Hernández Calderón (RHC).

– ¿En qué contexto económico estalla la crisis del coronavirus en América Latina y El Caribe? ¿Cómo se encontraba la región antes, en términos de desempeño económico?

RHC: Previo a la pandemia de la Covid-19, se puede decir que América Latina y el Caribe se caracterizaba por mostrar síntomas de mayor vulnerabilidad macroeconómica, ya que partía de un momento de debilidad de sus economías con respecto a las economías de mercados emergentes y en desarrollo y las economías avanzadas.

De acuerdo con la CEPAL, la tasa de crecimiento del PIB regional disminuyó del 6% al 0,2% en el período 2010-2019; y más aún, en el período 2014-2019, mostró un crecimiento de 0.4%, la tasa de crecimiento más baja desde 1950. Puede afirmarse entonces que antes de que estallara la crisis del coronavirus, la región venía mostrando signos de un débil desempeño económico con rasgos de una segunda “década pérdida”, como consecuencia del menor dinamismo de la demanda interna y de la drástica caída en el precio de las materias primas.

No hay que olvidar que en 2019 y antes de la crisis del coronavirus, otros países como Argentina, Bolivia, Ecuador, Perú, Venezuela y sobre todo Chile experimentaron protestas y tensiones sociales que agravaron la frágil situación económica y social existente en la región en la última década, y luego con la llegada del coronavirus, se terminaron de sentar las condiciones de una “tormenta perfecta”.

– Se habla de la mayor recesión económica y social desde la Gran Depresión de 1930 ¿Cuáles son los escenarios para América Latina y El Caribe? ¿Qué países recibirían el mayor impacto en una región tan heterogénea?

RHC: Fuera de toda duda razonable y a pesar de los elevados niveles de incertidumbre prevalecientes en cualquier pronóstico, se prevé que los efectos de la pandemia de la Covid-19 llevarán a la región a la mayor recesión de su historia, dejando atrás el retroceso de 2.5% de 1983 durante la crisis de deuda y la primera “década perdida” y el 1.9% de contracción del PIB regional en 2009 después de la crisis financiera de 2008. Será la mayor crisis económica y social desde la Gran Depresión de los años 30 (caída del PIB de -5.0%).

De acuerdo con el FMI y la actualización a Junio de 2020 de las Perspectivas de la Economía Mundial, la pandemia de la Covid-19 ha tenido un impacto más negativo de lo previsto en la actividad económica del primer semestre de 2020, como consecuencia de la mayor profundidad de la crisis sanitaria y del shock de oferta que han significado un retroceso en la productividad laboral, como resultado del impacto desmesurado en el mercado laboral, mucho mayor de lo previsto a principios de año.

Para América Latina y el Caribe, el FMI prevé en las proyecciones de junio 2020, una contracción del PIB real de -9.4% en 2020 y una recuperación más lenta de 3.7% en 2021. Estas proyecciones contrastan con las perspectivas del FMI de abril 2020, donde se proyectaba una caída de -5.2% en 2020 y un repunte a 3.4% en 2021.

En América Latina y el Caribe, Brasil y México, las dos economías más grandes de la región, serían las más afectadas por la pandemia de la Covid-19. El PIB de Brasil caería -9.1% en 2020 y se recuperaría a 3.6% en 2021. México por su parte, tendría una caída -10.5% en 2020 y un repunte de 3.3% en 2021.

Los pronósticos del Banco de España tampoco auguran viento en popa para las grandes economías del área que incluyen a Brasil, México, Argentina, Colombia, Chile y Perú. Si las estimaciones y los escenarios del Banco de España se cumplen, el crecimiento del PIB para el agregado de las principales economías de América Latina será mucho mayor que para el resto de la región, ya que en 2020 se situaría en –6,5% en un escenario acotado y en –11,5% en un escenario de confinamiento prolongado, lo que sería mayor que el retroceso esperado en la economía mundial y en la economía de Latinoamérica en su conjunto.

Desde el plano social, la pandemia de la Covid-19 tendrá efectos negativos en el empleo, la pobreza y la desigualdad. Todas las economías latinoamericanas (con excepción posiblemente de República Dominicana y Guyana) sufrirán en 2020 contracciones del nivel del producto, del gasto de los hogares, de la inversión privada y del comercio internacional.

– ¿Hay sectores que se han adaptado a la crisis? ¿Cómo sería una “nueva geografía económica” que incorpore Redes de Suministro Digital?

RHC: Hay sectores ganadores y perdedores ante la pandemia de la Covid-19. El comercio de bienes sufrirá una contracción severa en todo el mundo, debido a la reducción de la demanda externa proveniente de China, Estados Unidos y la Zona euro. El comercio de servicios puede ser el componente del comercio mundial más directamente afectado por la Covid-19 debido a las restricciones de movilidad, transporte y viaje y el cierre de fronteras y de muchos establecimientos minoristas y hoteleros.

Las medidas de distanciamiento social y cuarentena han afectado directamente los servicios de turismo y han desencadenado la pérdida de miles de empleos en economías que dependen directamente de esta actividad económica.

La “Nueva Geografía Económica” se distingue principalmente por destacar aspectos como los rendimientos crecientes o las economías de aglomeración y el impacto que tienen las disparidades geográficas sobre las disparidades económicas.

En este marco de la Nueva Geografía Económica, las cadenas de suministro y las cadenas de valor  se han convertido por antonomasia, en el principal mecanismo de fragmentación internacional de la producción y en lo que Gary Gereffi llama “la revolución de la cadena global de valor”.

Ante la disrupción de la cadena de suministros como consecuencia de la pandemia Covid-19, las empresas han adoptado diferentes estrategias de relocalización de su producción del tipo reshoring o nearshoring,  pasando de los modelos tradicionales de cadenas de suministro lineal a “Redes de Suministro Digital” (Digital Supply Networks). Estas redes de suministro digital se distinguen por contar con áreas funcionales dentro de la organización conectadas a la red completa de suministro y de esa manera, es posible obtener visibilidad completa de la red de extremo a extremo, mayor colaboración y capacidad y menor tiempo de respuesta.

– ¿Se puede aplanar la curva de contagio y minimizar los efectos de la recesión económica al mismo tiempo? ¿Qué políticas macro o microeconómicas son necesarias para reducir el impacto de la recesión?

RHC: Un Documento de Trabajo del Instituto de Análisis Económico y Social de la Universidad de Alcalá, «Covid-19 y América Latina y el Caribe: los efectos económicos diferenciales en la región» lleva a cabo un estudio en profundidad sobre el impacto económico de la pandemia en la región desde múltiples puntos de vista.

El estudio concluye que en el corto plazo, aun persiste una fuerte incertidumbre alrededor de todas las decisiones y medidas de política sanitaria y política económica adoptadas por los países de la región para aplanar la curva de contagios y la curva de la recesión. Se plantea que es posible aplanar la curva de contagio y la curva de la recesión al mismo tiempo. Asimismo, se enfatiza que debido a la prolongación de las cuarentenas y de las medidas de contención y mitigación, es sumamente difícil y aun prematuro, anticipar si la recuperación de la región tendrá forma de V, de U o de W, en caso de rebrotes en los próximos meses. 

La profundidad de los efectos negativos de la pandemia a través de los canales de transmisión como el comercio de bienes y servicios, el precio de las materias primas, el turismo, las remesas, los mercados financieros y la demanda interna, impactará de manera diferencial a los países de la región, deteriorando significativamente las perspectivas económicas a corto plazo.

El repunte de la actividad económica estará influido primero por la severidad de la crisis sanitaria, y segundo, por la eficacia de las políticas anticíclicas adoptadas y por el tamaño de los paquetes de estímulo fiscal destinados a aumentar el gasto agregado y dinamizar la actividad productiva, especialmente de la pymes y el acceso al crédito al sector informal de la economía en condiciones más favorables.

– ¿Por qué se hace tan difícil para países de América Latina y El Caribe destinar programas de apoyos equivalentes a dos dígitos del PIB, como lo hacen países en otras regiones del mundo?

RHC: Para la mayoría de los países de la región, no es posible destinar programas de estímulo equivalentes a dos dígitos del PIB debido a que poseen limitado espacio fiscal, el cual se encuentra fuertemente condicionado por el débil desempeño económico de la última década, por la persistencia de los déficit y por la acumulación de deuda en los años previos a la crisis.

De acuerdo con la CEPAL, la acumulación de déficits fiscales en América Latina (2,7% en promedio en la última década) aumentó la deuda pública bruta de los gobiernos centrales, que en 2019 promedió un 44,8% del PIB, es decir un incremento de 15 puntos porcentuales respecto a su mínimo del 29,8% del PIB en 2011. Asimismo, el aumento del pago de intereses y la reducción del gasto de capital han restringido el ya debilitado espacio fiscal de la región.

Con la fuerte caída en el precio de las materias primas, la persistencia de los déficits, el aumento de la deuda y el pago de intereses, el aumento del gasto y la caída de los ingresos tributarios directos e indirectos (por el cierre temporal de empresas o por las moratorias en el pago de impuestos sobre la renta), el espacio fiscal en la región es mucho más reducido y una salida a través de nuevos impuestos o aumento de impuestos existentes no parece una medida viable en las circunstancias actuales.

El BID por su parte ha señalado que la respuesta de los gobiernos en la región para atender la crisis del coronavirus, representa un promedio de incremento presupuestal de entre 2.4%-3.3% del PIB. Asimismo, señala que las condiciones de financiamiento se han deteriorado debido al incremento en más de 600 puntos básicos (pbs) en promedio de las primas de riesgo, aunado a las depreciaciones de tipo de cambio que han elevado los montos de deuda en moneda extranjera.

Chile, Perú y El Salvador tienen programas equivalentes a 15,1%, 11,1% y 8% del PIB, respectivamente. Este gasto está destinado a programas diseñados para compensar temporalmente la pérdida de ingresos de los hogares y para inyectar de liquidez a las empresas (3,6% del PIB), más que para atender la emergencia.

Existe baja capacidad de endeudamiento en la región (excepto para Chile y Perú) y los primeros esfuerzos deberían enfocarse en lograr una gestión eficiente del gasto público, reasignar partidas presupuestarias, evitar gastos superfluos y ampliar el espacio fiscal con deuda interna y con la participación de los bancos centrales, lo cual puede conllevar ciertos riesgos para la estabilización macro de mediano plazo. Sin embargo, si el mayor espacio fiscal se acompaña de un conjunto creíble de reformas fiscales post-pandemia que le den sostenibilidad a la deuda, la estrategia puede responder al desafío de incrementar el gasto y aplanar al mismo tiempo la curva de contagios.

En el caso latinoamericano, los objetivos de ampliar el espacio fiscal y lograr sostenibilidad de la deuda no se pueden alcanzar solamente con la aplicación de los instrumentos convencionales de política fiscal y se requiere, acceder a fuentes de financiamiento multilaterales para inyectar de liquidez al sistema económico y prevenir eventuales crisis financieras o de balanza de pagos.

– Finalmente, a manera de reflexión, qué tipo de nueva normalidad debemos construir desde lo económico, que nos coadyuve en la recuperación y resiliencia.

RHC: Para lograr que las economías se estabilicen y que la recuperación económica sea sostenible, es necesario que la nueva normalidad esté acompañada y sustentada por un fortalecimiento deliberado de las instituciones de salud pública y de las instituciones económicas, a fin de que sus políticas sean más resilientes e inclusivas. Se trata de esperar lo mejor y planificar para lo peor. En el futuro, los efectos de una nueva crisis serán ocasionados por otra epidemia, un desastre natural o por el “contagio” de una crisis bancaria o de balanza de pagos.

El proceso de desescalada ha comenzado en varios países de la región y con ello se han flexibilizado las medidas de supresión, distanciamiento social y aislamiento. En este intento por volver a la nueva normalidad es primordial, en lo inmediato, fortalecer los sistemas de mitigación y contención de la pandemia, a fin de ralentizar la propagación del virus y minimizar el colapso en los sistemas sanitarios, ya que las probabilidades de una segunda ola de contagios o de rebrotes del virus son altas y no deben descartarse ni soslayarse ante los primeros indicios de aplanamiento de la curva de contagio.

Los bancos centrales por su parte deben continuar apuntalando la demanda,  inyectando liquidez en los mercados y asegurando que el crédito fluya a las pymes y a la economía real. De igual manera, la política fiscal deberá enfocarse ¾en la medida del espacio fiscal disponible¾en las empresas y personas más afectadas por la pandemia. Los subsidios salariales temporales para proteger el empleo y las transferencias monetarias a los hogares más pobres son opciones que deben estar sobre la mesa y que muchos países de la región han adoptado para sostener el consumo y frenar mayores impactos negativos en la demanda agregada. Como ya se mencionó, el espacio fiscal es reducido en la mayoría de los países de la región.

Latinoamérica tiene un largo historial de crisis financieras y cambiarias que tuvieron lugar en el proceso de globalización financiera que inició en la década de los 70 del siglo pasado. La evidencia y lecciones aprendidas de las crisis financieras del pasado nos sugiere que las políticas de austeridad adoptadas prolongaron las recesiones y aumentaron la pobreza y desigualdad. La gran lección que podemos rescatar de la gran depresión de los años 30 es que los gobiernos deben evitar seguir políticas de austeridad en tiempos difíciles.

 


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