Diseccionando a El País •  02/04/2025

The New York Times publica un artículo que revela una «implicación de Estados Unidos en la guerra de Ucrania mucho más profunda de lo que se creía»

The New York Times publica un artículo que revela una «implicación de Estados Unidos en la guerra de Ucrania mucho más profunda de lo que se creía»

El periodista del rotativo estadounidense Adam Entous publicó el pasado 30 de marzo un artículo en el que repasa los «puntos clave» de la guerra bajo el titular «Así fue la asociación militar secreta de EE. UU. con Ucrania».

«La guerra en Ucrania se encuentra en un punto de inflexión en el que el presidente Donald Trump está buscando un acercamiento al líder ruso, Vladimir Putin, y presionando para que se ponga fin a los combates», comienza el artículo contextualizando la situación crítica tras una invasión que se alarga ya por más de tres años.

El 24 de febrero de 2022 el ejército ruso inició la invasión de Ucrania. Ocurría tras el golpe de Estado de Maydan de ocho años antes, y el precedente de la guerra del nuevo Gobierno que se desarrolló en Ucrania oriental del 6 de abril de 2014 al 24 de febrero de 2022 entre Ucrania y las fuerzas separatistas prorrusas del Dombás. Las advertencias de Vladimir Putin ante la inclusión de Ucrania en la OTAN y otros intereses económicos y geoestratégicos enfrentados motivaron que desde la marginalidad, algunos medios independientes como El Salto, Tercera Información o La Base denunciasen repetidamente una guerra proxy entre las dos potencias militares y nucleares del mundo. Ahora, The New York Times confirma lo que miles de medios hegemónicos al servicio de la industria armamentística se afanaron en negar: que «la implicación de Estados Unidos en la guerra fue mucho más profunda de lo que se creía».

«La asociación secreta [entre Ucrania y EE.UU.] guio la estrategia de batalla dentro de un panorama más amplio y también canalizó información precisa sobre objetivos a los soldados ucranianos en el terreno». Un secreto a voces que el NYT simplifica en cinco claves en esta investigación;

Una base estadounidense en Wiesbaden, Alemania, proporcionó a los ucranianos las coordenadas de las fuerzas rusas en su territorio.

La inteligencia y la artillería estadounidenses ayudaron a Ucrania a invertir rápidamente la situación contra la invasión rusa.

El gobierno de Biden siguió moviendo sus líneas rojas.

Al final, se permitió al ejército estadounidense y a la CIA ayudar con ataques en Rusia.

Los desacuerdos políticos en Ucrania contribuyeron al colapso de la contraofensiva de 2023.

La campaña de Washington para apoyar a Ucrania alcanzó tal escala que se convirtió en “una revancha en una larga historia de guerras indirectas entre Estados Unidos y Rusia: Vietnam en la década de 1960, Afganistán en la de 1980, Siria tres décadas después”. Un comandante del Ejército de Estados Unidos en Europa y África, el general Christopher G. Cavoli, llegó al extremo de implorar al máximo comandante militar ucraniano, general Valeri Zaluzhni, que “involucrara a sus jóvenes de 18 años”.

Cualquier implicación de EE.UU. en una guerra solo busca el beneficio de su establishment a través del genocidio, la tortura o cualquier otro método para lograr sus fines. El sometimiento de países a sus intereses, la coacción o la agresión directa. Lo que hacen todos los imperios en la historia de la humanidad, pero con medios más letales. La destrucción de Iraq, Libia o Siria, últimos países de una larga lista de aquellos que osaron desafiar su hegemonía, es el resultado de los coletazos de un animal herido.

Estos días, el nuevo presidente de la extrema derecha, Donald Trump, comienza a desmantelar esa alianza sellada en Wiesbaden en 2022, no por vocación pacifista, sino porque la derrota de Ucrania es inminente y la guerra no camina en línea con sus prioridades estratégicas en política exterior. Trump “culpó a los ucranianos de iniciar la guerra, los presionó para que renunciaran a gran parte de su riqueza mineral y les pidió que aceptaran un alto el fuego sin la promesa de garantías concretas de seguridad estadounidenses” resume el NYT. Nunca interesaron los ucranianos, como en tantas otras guerras, ni su integridad territorial, ni su «democracia» con todos los partidos de la oposición ilegalizados, ni su bienestar. Nunca interesaron sus vidas. Solo su posición geoestratégica para usarlos como arma arrojadiza contra Rusia y desmantelar cualquier cooperación económica con la Unión Europea, con el Nord Stream I y II en el punto de mira.

Más allá de los 66.500 millones de dólares de armamento suministrado a Ucrania por el Imperio menguante, el papel de la principal potencia injerencista en la historia contemporánea global fue más amplio y profundo. Los ataques en 2022 y contraofensivas de Kiev en 2023 no fueron diseñadas por mandos ucranianos, sino conjuntamente con otros estadounidenses utilizando información de inteligencia y objetivos de militares norteamericanos, desde los ataques al puerto de Sebastopol en Crimea hasta la infructuosa e inútil campaña para recuperar la devastada ciudad de Bajmut. Los asesores militares estadounidenses enviados a Kiev fueron situándose cada vez más cerca de los combates, hasta que recientemente -y en los últimos meses del Gobierno Biden- se permitió a la CIA autorizar ataques precisos en el interior de Rusia con armamento avanzado Occidental, un extremo que traspasaba una nueva línea roja y avanzaba el minutero del Doomsday Clock a 89 segundos de la medianoche.

Cualquier persona informada más allá de los grandes altavoces de la propaganda occidental podría suponer lo que ahora revela el New York Times, pero lo cierto es que -a día de hoy- las grandes rotativas siguen sin contarlo. Lo del «papel oculto de Estados Unidos en la guerra de Ucrania» a muchos nos suena a broma de mal gusto. Y nos quedamos esperando a que los telediarios abran uno de estos días con la revelación del influyente y prestigioso medio estadounidense, una información que choca frontalmente con la propaganda de guerra para rearmar Europa.

Quizás por eso, para que ni siquiera se nos ocurra imaginar la cara de idiota o el gesto de preocupación en las élites europeas que impulsan el rearme leyendo el artículo de Adam Entous, se nos priva de un análisis detallado de esta información en TVE, en Antena 3, en Telecinco, en La Sexta, en La Cuatro y en el resto de las radios, los digitales y otras fuentes de dudosa independencia.


Diseccionando a El País / 

César Pérez Navarro

 

Algunas personas preferimos sentirnos realizados con estímulos más allá del dinero, el poder o la influencia. En mi caso, he colaborado como arqueólogo de la Federación Estatal de Foros por la Memoria y del Foro por la Memoria de Córdoba, la ciudad donde vivo y nací, y escribo en este blog, en Tercera Información y en otros medios sociales y contrahegemónicos entre otras actividades que incluso podrían considerarse como “subversivas” teniendo en cuenta los tiempos que corren. Licenciado en Geografía e Historia y especializado en arqueología, mi profesión de siempre, y estudios que recomiendo a cualquiera, hoy me dedico al periodismo social y me preocupo, sobre todo, por la influencia de las corporaciones de la comunicación sobre los ciudadanos y las técnicas de manipulación de masas desarrolladas desde Edward L. Bernays. Por motivos técnicos ajenos, la mayor parte de los contenidos de este blog se perdieron en la última migración de Tercera Información al actual formato. Algunas lágrimas entre esa lluvia desde 2008 aún pueden encontrarse, por ejemplo, en Rebelion.org https://rebelion.org/autor/cesar-perez-navarro/

Todo el mundo hace algo para sentirse realizado, o sencillamente, sentirse   bien. En mi caso, he colaborado como arqueólogo de la Federación Estatal de Foros por la Memoria y del Foro por la Memoria de Córdoba, la ciudad donde vivo y nací, y escribo en este blog, en Tercera Información y en otros medios sociales y contrahegemónicos entre otras actividades que incluso podrían considerarse como “subversivas” teniendo en cuenta los tiempos que corren.

Licenciado en Geografía e Historia y especializado en arqueología, mi profesión inicial, y estudios que recomiendo a cualquiera, aunque los planes actuales no sean lo que eran.

Hoy me dedico al periodismo social y me preocupo, sobre todo, por la influencia de las corporaciones de la comunicación sobre los ciudadanos y las técnicas de manipulación de masas desarrolladas desde Edward L. Bernays.

César Pérez Navarro