La Tienda Republicana

Tetas y toros

Han pasado cuatro meses del 8 de marzo. Ya es San Fermín, a la mierda el Feminismo. La Marca España estalla y lo cubre todo de vino, de manos, de tetas, de sangre. Es en Pamplona pero podría ser cualquier calle de cualquier ciudad en fiestas. El patrón es siempre es el mismo: la apropiación del espacio público por parte de hombres que consideran que las mujeres somos atrezzo de ese escenario y, como tal, pueden agredirnos cuando consideren. Es posible que ni siquiera lo consideren agresión, porque como bien establece la “rape culture”, la culpa siempre es de la agredida. Ese discurso se repite un año más, justificando así lo injustificable.

En un intento –fallido- de evitar esas conductas que afean los populares festejos, el Ayuntamiento de la ciudad ha lanzado la campaña: “Por unos sanfermines libres de agresiones sexistas”. Más de lo mismo. La Real Academia de la Lengua Española define “sexismo” como la “discriminación de personas de un sexo por considerarlo inferior al otro”. El año pasado 40 mujeres denunciaron agresiones sexuales durante estas fiestas.  Mujeres. Por lo tanto, no es que asistamos, en este caso, a una invisibilización de los casos de hombres agredidos por mujeres borrachas que se hayan lanzado en masa a chupar pezones o hayan manoseado cuerpos ajenos. No es sexismo, es machismo. Esa palabra que, al nombrarla, te convierte en una feminazi exagerada, trasnochada y sin relaciones sexuales plenas. Esa palabra que existe, aunque intente esconderse bajo un falso velo de igualdad. Esa palabra que es cualquiera de nosotras sin cobrar lo mismo que ellos, aguantando piropos por la calle, cargando siempre con los cuidados… Esa palabra que, como los toros, es tan Marca España.

Quizás, algunos de esos que ridiculizan las agresiones, se haya espantado en su momento al conocer las violaciones de mujeres en la Plaza Tahrir. “Qué machista es el Islam” argumentaron en su momento. “No es lo mismo” dirán ahora. La agresión se produce a la vista de todos, con el consentimiento de todos. Es lo mismo. El comportamiento que legitima una u otra es exactamente el mismo. Aquí y en Tahrir. El machismo es esa lacra que se extiende sin fronteras, no entiende de clases sociales y es capaz de poner de acuerdo a dos personas ideológicamente opuestas. Esa es su fuerza.

Resulta muy triste y muy frustrante tener que estar explicando que la víctima jamás deseó ser violada, que ella nunca quiso ser manoseada, que simplemente se quitó la camiseta. El grado de alcoholismo y el ambiente festivo nunca pueden justificar una agresión. Todos los días salgo a pasear por el mismo parque. Siempre me encuentro a un grupo de chicos corriendo y, en estas últimas semanas, lo hacen sin camiseta. ¿Quién determina que si fuese al revés estarían pidiendo ser violadas? Sólo son tetas, es un cuerpo. Sólo eso. Jamás he visto a un grupo de mujeres gritar nada a su paso, no he visto miradas ni comentarios y, por supuesto, ninguna ha decidido  manosear ese cuerpo que, ni es suyo, ni pretende ser tocado.

Si el agresor va borracho, drogado o ambas no es mi problema, ni justifica en modo alguno su actitud. ¿Alguna vez habéis pensado en violar a un hombre estando borrachas? La violación, las agresiones machistas, son la punta del iceberg de un sistema que asumimos como el estado natural de las cosas. Todavía recuerdo como, en el año 1999, el  Tribunal Supremo de Italia dictaminó que abusar de una mujer que llevaba pantalones vaqueros ajustados no era violación. Según la sentencia número 1.636, que anuló la condena de más de dos años de prisión, “es de conocimiento general que este tipo de pantalones no pueden quitarse, ni siquiera en parte,  sin la efectiva colaboración de quien los viste”.

Años después seguimos escuchando lo mismo, parece ser de “conocimiento general” que quitarse la camiseta otorga al hombre que esté en frente el derecho de tocarte. Lo triste es escucharlo de otras mujeres que siguen concibiendo su cuerpo como algo ajeno, que sin quererlo, pertenece al otro.

Ser consciente de que nuestro cuerpo es solo nuestro constituye un inmenso ejercicio en el tiempo en el que nos ha tocado vivir, donde un grupo de legisladores se considera con derecho a entrar a legislar en nuestros úteros. No recuerdo dónde, ni si la cita pertenece a alguien, pero una vez leí que “lo bueno de ser mujer es que cualquier pequeño acto se convierte en revolucionario”. Exactamente eso es lo que pasa cuando mostramos nuestro cuerpo en cualquier espacio.

La justificación de la violación o de cualquier agresión sexual debe ser combatida y señalada. No será fácil, con un sistema que legitima el machismo en cada una de sus expresiones. No será fácil porque la violación es una de las máximas representaciones de ese sistema de privilegios que tan bien les viene a algunos y que tanto se niegan a asumir. Hace unos días, el Ministerio de Interior, lanzaba una campaña que recogía consejos para no ser violada. Ni uno solo de los consejos iba destinado a ellos. El delirio llegaba al punto de aconsejar a mujeres que viven solas no escribir su nombre de pila en el buzón o correr las cortinas para no ser vistas. Dejarse ver es provocar, supongo.

 

 

*Cuánta falta hace el Feminismo en las escuelas. Mientras, tenemos otros proyectos comunes como “Me han violado”  que llegan donde no quieren llegar las instituciones.

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