La Tienda Republicana

Empecé yo

Todos los días intercambio mensajes con ellas, las leo, aprendo, nos reímos y discutimos. A algunas las conozco y a otras no, pero son mis hermanas. Esa es la fuerza de la lucha feminista que, poco a poco, se va forjando en cada barrio y en cada espacio colectivo. El estallido del 15M me sirvió –entre otras muchas cosas- para dejar de sentirme sola, para darme cuenta de que no era tan rara y ahora tengo la misma sensación. Sé que somos muchas y que, algún día, recuperaremos todos los espacios que nos han sido arrebatados y no tendremos que soportar el irritante “Ni Machismo ni Feminismo, Igualdad”, porque la rabia digital del “Somos Manada” es cada vez más fuerte.

Sin embargo el camino que queda por delante es largo y no será sencillo. Ahora que lo tenemos todo a medias, una Democracia que no es tal, el machismo se cuela por cada grieta impregnándolo todo. Esa falsa igualdad que nos quieren vender desde las Instituciones, y que tanto daño hace perpetuando los abusos, se traduce en un neomachismo  menos visible y tristemente aceptado por gran parte de la sociedad. Es ese neomachismo que “condena” la expresión máxima de la violencia de género que es el feminicidio, mientras se ríe de otras reivindicaciones feministas tachándolas de exageradas. Ese neomachismo que afirma eso de “me parece bien que luchéis por vuestros derechos, pero”. Y ahí empieza todo otra vez.

El archivo del caso de la violación de la Feria de Málaga ha generado cientos de jucios en las redes sociales y, como no, un señalamiento y ataque hacia la chica que denunció la agresión. Sí que ha habido más contundencia en condenar las declaraciones del alcalde de Valladolid –curioso por otra parte, que no haya víctima visible en ese caso, aunque hemos sido atacadas todas las mujeres-. El pasado mes de marzo, la Agencia de Derechos Fundamentales de la Unión Europea (FRA), publicaba una encuesta realizada a 42.000 mujeres. Los datos hablan: más de nueve millones de mujeres europeas han sido víctimas de una violación, un 33% han sufrido violencia física o sexual y sólo una de cada tres denuncia las agresiones. Sin embargo, ha levantado mucha más polémica e interés el tema de las denuncias falsas que, según los últimos datos disponibles en la Memoria de la Fiscalía General del Estado, constituyen el 0,0038%. En lo que va de año ya se han asesinado a más mujeres que el año pasado. Centrar el debate en las denuncias falsas es otro ejemplo de cuánta falta hace la lucha feminista organizada.

Si preguntas a cualquier mujer es muy posible que te cuente una experiencia en la que se sintió agredida, en la que pasó miedo y en la que terminó pensando que no era para tanto o que la culpa era suya. La cultura de la violación, entre otras muchas cosas, ha establecido un prototipo falso de agresión en la que el agresor es un desconocido que te aborda en un callejón por la noche. Sin embargo, existen mil maneras de agredir a una mujer, aunque todas se basen en omitir un principio básico: cuando digo no, es no. Siempre.

Han pasado ya algunos años, pero es cierto que hace poco que le puse nombre y reconocí la agresión como tal –hasta entonces había sido un recuerdo que tenía que olvidar, una época “loca” de las que todas tenemos- y eso me ha hecho sentirme mucho más libre. Esas conversaciones con hermanas que no conozco a través de las redes sociales son terapéuticas. Una agresión también puede empezar con una relación consentida. Esta afirmación, que ahora se me hace tan evidente, no parece serlo tanto. Cuando ya ha pasado, le quitas importancia y te convences de que tendrías que haber dicho que no querías seguir, que eso no te gustaba, que no era lo que querías. Intentaste decirlo, pero él insistió y te callaste. La culpa es tuya, tu empezaste. Lo escondes en un lugar muy profundo dentro de ti, le quitas importancia y nunca más hablas de ello (“Van a pensar que soy una calientapollas”). Sigues tu vida, pero el recuerdo sigue ahí y hace que cuando te cruces con esa persona te vuelva a invadir esa sensación de inseguridad, ese miedo. Y un día, en una conversación cualquiera, te das cuenta de todo. Y ahí llega la catarsis: no fue mi culpa-yo no lo provoqué-él podría haber parado cuando lo dije. Hasta eso he tenido que aprender: aunque estés con los pantalones por las rodillas, si digo que pares, tú paras. Tan sencillo como eso.

Por eso, cuando un grupo de compañeras decidió lanzar el HT #NoEstásSola en apoyo a la chica agredida en Málaga, algo se revolvió dentro de mí. Ahora ya me he perdonado, porque sé que la culpa no fue mía. Sin embargo he leído cientos de comentarios en los que la agresión se concibe como un premio, desde el “Ya quisieras tu que te violaran, malfollada” hasta el “Ya quisieras tu que te dijeran algo por la calle”. El sistema que se esconde detrás de cada agresión es el mismo, no vale justificar una agresión mientras se condena otra. Porque entonces esa condena no es tal. La opresión machista, las actitudes machistas que sustentan esa opresión, hacen que incluso una mirada te haga cambiarte de acera.

Siempre mantendré que el Feminismo me curó.

Gracias a todas esas compañeras y compañeros que convierten en una realidad el #NoEstásSola. A todas aquellas que caminan conmigo a mi lado, a aquellos que no me cuestionan y se revisan de verdad. Así, todo es más sencillo.

Seguimos

 

Link: Campaña de recogida de firmas para que el Juzgado de Instrucción nº 2 de Málaga reabra el caso de la violación en la Feria de Málaga

 

Mujeres-Graffiti-Madrid-Femenismo

Añadir nuevo comentario

Comentarios

Plain text

  • No se permiten etiquetas HTML.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
CAPTCHA
Esta pregunta es para comprobar si usted es un visitante humano y prevenir envíos de spam automatizado.