La Tienda Republicana

¿Y si el pequeño Nicolás hubiese sido mujer?

Ya se sabe, y si no lo comento, que una de las mejores –y agotadoras- cosas que nos suceden a las feministas es que una vez que nos ponemos las gafas violetas ya no hay manera de quitarlas. Se incrustan para que podamos sobrevivir y a través de ellas analizamos la realidad más cotidiana incluso sin quererlo. Y así estaba yo, una tarde cualquiera, viendo la televisión y boquiabierta con la irrupción del “Pequeño Nicolás” en los medios. Boquiabierta porque el nivel de surrealismo de la historia lo hace hasta creíble en esta España nuestra. Boquiabierta e indignada ante el tono general de tertulianos que describían a Nicolás como un chaval, demasiado avispado para su edad. Un chaval inteligente que supo gestionar sus contactos para aprovecharse de ese amiguismo instaurado en las altas instancias del Estado. Un hombre, no tan pequeño, calculador y encantador, quizás megalómano y narcisista pero que no ha hecho nada que ningún otro se hubiese negado a hacer si hubiese tenido la oportunidad. Ay, Nicolás, Nicolás. Qué picarseca la suya, el Lazarillo de Tormes, del SXXI.

Y en toda esta historia también hay una mujer, “La Pechotes”. Ella no es avispada, ni inteligente, ni siquiera calculadora. Ella sólo es guapa y tiene un buen par de tetas. Todo lo que necesita una mujer para conseguir lo que se proponga en esta sociedad. A día de hoy sigo sin saber realmente cuál es el papel que ha jugado en todo esto, creo que ni siquiera me interesa. Al fin y al cabo sé todo lo que necesito saber de ella, que tiene tetas.

Y en ese estado de incredulidad que alcanzo cuando veo la televisión, el poder de las gafas violetas se manifestó y llegó la pregunta: ¿Y si Nicolás hubiese sido mujer? Desgraciadamente no hace falta un gran ejercicio de imaginación para obtener la respuesta. Sabríamos mucho más de su vida personal y por vida personal me refiero a vida sexual. Eduardo Inda, en su modus operandi habitual, soltaría un chascarrillo tras otro sobre la evidente rima entre ETA y teta. Preguntaría insidiosa y babeantemente sobre las “posturas” mantenidas en las reuniones. Jaime González ya no mostraría tanta simpatía por la pequeña y señalaría sin piedad cómo las mujeres nos aprovechamos de los pobres hombres deseosos de un poco cariño. Alfonso Rojo, con su dominio de la dialéctica, afirmaría que lo que ha hecho sólo tiene un nombre y que nadie se cree que alcanzar esas cotas de poder sea sólo posible a través de la palabra. Y menos siendo mujer. En las redes sociales “puta” y “zorra” sería TT

A veces, quisiera poder quitarme las gafas y descansar

 

nicolas

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