La Tienda Republicana

Que te den San Valentín, ahora somos valientes

A día de hoy he conseguido superar el 14 de febrero. Y he conseguido superarlo de verdad, no de boquilla. Cuando aún estaba en el colegio y San Valentín caía en día lectivo no podía evitar sentir un nerviosismo parecido al que sentía antes de un examen. A la vuelta del recreo, algunas cajoneras aparecían con una carta de amor o, en el mejor de los casos, con un regalo. Y la mía siempre estaba vacía. Por lo tanto nadie me consideraba apta para ser amada para toda la vida. Y nunca lo harían. Yo hacía como que no me importaba y fingía alegrarme por mis compañeras que sí habían sido elegidas. Y me cagaba en Cupido. Estaría sola toda mi vida, nadie me querría, nunca me darían un beso. Había suspendido otra vez en eso del amor. Las cartas anónimas daban para horas y horas de investigación, de conversaciones en el baño, de risas nerviosas. Odiaba San Valentín.

Con el tiempo empecé a repetir eso de “es un invento comercial”, que lo es, pero en secreto cruzaba los dedos para que alguien me quisiese suya y solamente suya para toda la vida. Y nada. Ahora, algunos años después, miro hacia atrás y me dan ganas de sacudirme la tontería a collejas. Era carne de cañón. Cuántas mujeres, cómo yo en aquel entonces, habrán deseado con todas sus fuerzas pertenecer a alguien. Así, con todas las letras. Pertenecer a alguien que no quiera compartirte con nadie más porque eres suya. Pertenecer a alguien que se enfade si la falda le parece demasiado corta. Pertenecer a alguien que tenga que ponerte en tu sitio, porque te quiere y por tu bien. Pertenecer a alguien y dejar de pertenecerse a una misma. Y ahí empieza todo. Recuerdo como, aquellos años, envidiaba a una compañera de clase que, llena de orgullo, reconocía: “Es que él no quiere que me maquille mucho porque, joder, en el fondo es provocar”. Y cómo todas asentíamos “A ver es que si él tontease con otras, a ti también te molestaría”. Ahora me da miedo. Y no quiero ni imaginarme cómo tiene que ser hoy en día, con esa “nueva” forma de control adaptada a las redes sociales. El doble check del whatsapp, las claves del Facebook o Twitter, las fotos del Instagram…

Cuando decimos que el “amor romántico” se cura, es cierto. Y un día dejas de esperar y te das cuenta de que querer no es pertenecer a nadie. Es, en todo caso, compartir. Y desde esa libertad de decidir compartir con alguien es desde donde se construye. Todo lo demás es mierda y es la base de una pirámide que, en su punto más alto, termina con asesinatos de mujeres a las que les fue arrebatado todo en nombre del amor. Nada más injusto que eso. Por eso, este año, sí celebraré San Valentín. Y lo haré en las calles, con cientos de hermanas a las que todavía no conozco pero a las que siento muy cerca. Y lo haré por mi y por ese yo que esperaba encontrar algo en su cajonera a la vuelta del recreo, para no volver nunca a ese punto. Pero, sobre todo, lo haré por las que ya no pueden defenderse porque han sido asesinadas y por las que creen que no pueden porque tienen miedo a perderlo todo.

Porque el amor no duele.

Porque el machismo mata.

Sábado 14 de Febrero. 19.00 horas. Atocha-Sol

Añadir nuevo comentario

Comentarios

Plain text

  • No se permiten etiquetas HTML.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
CAPTCHA
Esta pregunta es para comprobar si usted es un visitante humano y prevenir envíos de spam automatizado.