La Tienda Republicana

La vida en el panel derecho de El Jardín de las Delicias

Porque no sólo es posible cambiar el mundo, sino que además es necesario que cambie.

La necesaria y urgente reflexión en la Izquierda Unida andaluza

Hace unas semanas, poco antes de dar comienzo la campaña andaluza, estuve en Madrid tomando unas cervezas con mi amigo y camarada Eddy Sánchez. Eddy, quedó conmigo en el Casa Labra, el histórico bar de la calle Tetuán en el que se fundó el PSOE el 2 de mayo de 1889. Posiblemente por estar en ese enclave, la conversación se inició hablando de Pablo Iglesias – del primero evidentemente-, y aquello dio pie a un interesante debate sobre las limitaciones teóricas que habían caracterizado siempre a la izquierda española. Por supuesto, y como era inevitable, el dialogo fue encajando con la situación que estaba atravesando Izquierda Unida, y en un momento dado Eddy me transmitió lo que todos sabíamos ya: nuestros resultados en Andalucía iban a ser trascendentales, y de que resistiésemos o no los terribles pronósticos que las encuestas nos auguraban, dependía y mucho el futuro de nuestra organización.

Al volver a mi ciudad estuve pensando durante el viaje en lo que me había dicho Eddy. Hacía unos días que habíamos tenido un éxito sobresaliente en la manifestación que convocamos el 28F en Sevilla, pero no creía que fuese suficiente. Indudablemente teníamos músculo, pero no tenía claro que fuésemos a salir bien parados de las elecciones. En realidad no me atrevía a pronosticar nada, pero cuando la campaña empezó, pude comprobar emocionado que la militancia se volvió a dejar la piel en una lucha en la que a veces parecía que se nos iba la vida: centenares de actos por toda Andalucía, decenas de miles de carteles, pasquines y folletos repartidos, eventos centrales con aforos que superaron todas las expectativas,…. Por hacerse bien, incluso en las redes sociales desbancábamos a Podemos, y conseguíamos que nuestros mensajes fuesen tendencia en Twitter durante días, mientras que nuestros candidatos se hacían kilómetros y kilómetros, en una actividad frenética que yo jamás vi en casi veinte años de militancia que acumulo ya a mis espaldas.

Pero los resultados llegaron y no estuvieron a la altura de las circunstancias. Casi la mitad de los votos perdidos en menos de tres años. Como dijo un buen amigo mío, la mejor campaña de nuestra historia no pudo ocultar nuestra actuación en la Junta. La gente no lo comprendió dijeron algunos ¿Pero cómo iban a entenderlo si ni siquiera nuestra militancia podía hacerlo? ¿O es que ya nadie se acuerda de la infinidad de resoluciones y los votos en contra de algunos de nuestros diputados a los recortes que ya apadrinamos apenas aterrizamos en el gobierno? El que se hiciesen cosas bien no pudo justificar que no se utilizase el frente institucional como un frente más de lucha para acabar con el capitalismo sino que, por el contrario, se asumieron los principios de reforma del sistema, enmascarando nuestra actuación en un supuesto gobierno de “resistencia” que no fue capaz de frenar ni movilizar frente a los recortes de la troika, asumiendo el discurso de lo impuesto como inevitable.

Como ya ha dicho Antonio Romero –quien por cierto, ya podría haberlo expresado en su momento y no ahora–, el problema fundamental ha sido, como siempre, que en IU han convivido dos discursos, uno oficial y rupturista que fue a plantear abiertamente un Proceso Constituyente, y otro reformista que era el que aplicábamos en la Junta. Algunos de nuestros dirigentes, obviando esto y sin tener en cuenta los límites que le dimos al pacto con nuestro voto  en referéndum, convirtieron el gobierno en tema indiscutible mientras otros aprovechaban para convertirse en referencia de la lucha contra la vieja política. Pocos de aquellos dirigentes hicieron algo al respecto, aparte de darse golpes en el pecho por una ley de vivienda que nunca se pudo aplicar, y que no podía compensar los recortes en sanidad y educación. A pesar del cambio que supuso la llegada de Antonio Maíllo a la dirección, su nueva política se vio limitada por estos inmovilistas, inmovilistas que hoy siguen ocupando los principales resortes del poder en IU y el PCA, y que se echan las manos a la cabeza por los resultados, lamentándose en secreto por la ignorancia de los trabajadores que nos han negado el voto. La historia de siempre…aquí no ha pasado nada y por supuesto no se espera ni autocrítica ni dimisión alguna por haber llevado al desastre a una organización que sigue siendo hegemónica en la calle gracias a la labor de nuestros militantes y cuadros intermedios, pero que es incapaz de ser referente político por la incompetencia de algunos de nuestros dirigentes. Una pena, después de haber conseguido tener con Antonio Maíllo al mejor de los coordinadores que ha tenido la Izquierda Unida andaluza en su historia.

 

 

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