La Tienda Republicana

El Hada y los cocodrilos

No voy a ser yo quién descubra el encanto que emana Ada Colau; esa fuerza de mujer y esa naturalidad que nos la hace sentir como de la familia. Es la persona que esperas que te proteja, y sabes que lo hará. Cómo la madre que resguarda a sus polluelos de la tempestad bajo las alas. La hemos visto repartiendo estopa en el parlamento español y en el europeo, nadie paraba las palabras de la portavoz de la PAH, ni cuando fuentes tan oficiales cómo la delegada del gobierno en Madrid, Cristina Cifuentes, la vinculó con ETA. Ni por esas. Fue darse a conocer y empezar la Colau-manía. Teles, radios, periódicos, todos la buscaban y todos la querían. Cuando su popularidad fue mayor dejó de aparecer de repente. Y claro, la gente se quedó con ganas de más.

Guanyem Barcelona no es Ada Colau, y Ada Colau ya es más que ella, es algo más mucho más grande. Es la esperanza, la ilusión de varias generaciones cansadas del sistema político de partidos (que no de la política). En una entrevista[1] Manuel Delgado hablaba de “los elegidos” Pablo Iglesias, Alberto Garzón y Ada Colau. En otra entrevista[2], Andreu Barnils preguntaba a Itziar González sobre el papel que habían tomado las mujeres en Catalunya durante la crisis y mencionaba a Ada Colau, Muriel Casals, Carme Forcadell, Teresa Forcades. Y es curioso, cuando los nuevos movimientos políticos quieren huir del personalismo desarrollan liderazgos que dan cara a los movimientos.

Pero cómo se ha visto, Ada ya no es Ada, es mucho más, y no va a realizar este camino sola. Ahora se ha convertido en una Hada y lideresa para un sentimiento que cada día cala en más personas.

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No voy a disimular que algún miembro de la corte del Hada Ada me disgusta. Pero siento que Guanyem Barcelona es algo que sucede una vez cada cien años. Quiero sumar. Esta vez los míos, los que queremos una Barcelona de los barrios para los ciudadanos, aunque nos separen matices, preferimos vivir nuestras contradicciones teniendo el timón de la ciudad, que quejarnos desde la cantina.

Y para terminar voy a centrarme en la segunda parte del título del artículo, los cocodrilos. Cómo cantaba Cristina Rosenvinge: Mucho cuidado con los cocodrilos/ vienen despacio y nunca los ves./ Se la comieron sonriendo tranquilos/ yo me di cuenta y me fui por pies.”  Lo que pasa en esta ocasión es que ya sabemos el aspecto que tienen los cocodrilos, los vemos a la legua y sabemos quiénes son, así que no se van a comer a nadie. Hay ganas de ver a Ada cabalgando a lomo de Guanyem entrando por la puerta grande de “La Casa Gran”[3].

 

Notas:

[1] http://www.publico.es/politica/529175/manuel-delgado-tendremos-que-elegi...

[2] http://www.vilaweb.cat/noticia/4146058/20130926/itziar-gonzalez-dones-sa...

[3] así se conoce al Ayuntamiento de Barcelona

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