La Tienda Republicana

El golpe de Estado en Bolivia

El departamento de estado en la planificación del golpe

El analista internacional Alfredo J. Rahme, dio a conocer el texto del sitio ´Behind Back Doors´ en el que se explicaron con varias semanas de anticipación los detalles, con nombres y apellidos de los involucrados, de la planificación desde los Estados Unidos del golpe en Bolivia que esta ya expuesto ante nuestros ojos. El plan se desarrolló desde abril y julio de 2019, y tenía disposiciones para la “creación” de la ruptura y la división del ejército boliviano y la policía nacional, logrando que estas fuerzas estén en disposición para rebelarse contra el gobierno del presidente Evo Morales. Funcionarios del Departamento de Estado (a cargo de Mike Pompeo) acreditados en el país, como Mariane Scott y Rolf A. Olson, se han reunido con funcionarios diplomáticos de alto nivel de Brasil, Argentina y Paraguay, a fin de organizar y planificar acciones de desestabilización contra el gobierno boliviano que partan desde cada uno de estos países.

Las evaluaciones y predicciones hechas por el Departamento de Estado de EEUU, y otras agencias, sobre los resultados probables de las elecciones presidenciales a realizarse el 20 de octubre de 2019, dan indicios fuertes que el presidente Evo Morales ganaría las elecciones con claridad y superaría el 10% de ventaja sobre el segundo. En vista de este escenario, la Embajada de los Estados Unidos se preparó para ir creando en secreto, las condiciones objetivas y subjetivas para la proclamación e imposición de un fraude electoral “hecho” por ellos pero adjudicado al Gobierno del presidente Evo Morales. Además, la embajada de EEUU se centró también en el seguimiento orientado a los detalles del Tribunal Supremo Electoral (TSE), buscando documentar supuestas irregularidades de esta agencia del gobierno electoral, que sirvan para poder instalar/imponer la denuncia del fraude.

Se decidió incluso adquirir «máquinas para el conteo rápido de votos» para las elecciones presidenciales, en aras de poder manipular a la opinión pública sobre los resultados electorales. Estas máquinas tendrían un costo total de 300 mil dólares. La Embajada de los EEUU, y la representación de la Unión Europea en el país, contribuirían a financiar la compra de las maquinas, que proporcionarían a través de la Fundación Jubileo y la Iglesia Evangélica. En esta etapa, la Unión Juvenil Cruceñista desempeñaría un papel fundamental para imponer acciones violentas, una vez que se publiquen los resultados electorales finales, para lo cual han reclutado criminales.

Fuente: Telesur

Las elecciones y el golpe posterior

Bolivia ha sufrido un golpe de Estado de manual: El presidente del Gobierno Evo Morales ha sido obligado a dejar el gobierno de Bolivia por un acto de fuerza final del ejército, al desconocer éste la institucionalidad vigente y manifestar que le quitaba el apoyo y ya no obedecería las ordenes que daba su comandante en jefe democráticamente elegido. Incluso planteando que: le “sugieren al Presidente renunciar”1. Por otro lado, además, buena parte de la Comunidad Internacional y sus medios de comunicación trabajan afanosamente maquillando lo que es un auténtico atentado al orden jurídico y a la justicia social. El pasado 20 de octubre, Evo Morales ganaba las elecciones en Bolivia. Obtenía la mayoría en el Senado y el Congreso, y ya rozaba superar los 10 puntos de ventaja que según la Constitución son necesarios para evitar una segunda vuelta. Nadie duda que las ganó, la cuestión se circunscribía exclusivamente a si efectivamente superaba los 10 puntos o no los alcanzaba.

En la noche del 20 de octubre, el Tribunal de Electoral comenzó a cargar los datos de las ciudades y localidades, en las que históricamente Evo Morales ha obtenido resultados similares a los de la oposición, al contrario que en la Bolivia rural, en la que Evo arrasa a la oposición. Por este “manejo” del Tribunal Electoral en la apertura de urnas seleccionadas y del conteo de votos, estos mostraban en las primeras horas de la tarde el “escenario de paridad y lejano a los 10 puntos de ventaja” que planificaron y, por tanto, creaban en la oposición la “falsa ilusión”, que reforzaba su sueño, de imponer una segunda vuelta electoral en la que podrían sumar candidaturas divididas y así “derrotar” a Evo Morales. La fantasía lejana de la segunda vuelta se transformó en euforia y esta se propagó rápidamente por todos los medios de comunicación entre sus seguidores creando una falsa-verdad (FakeNews). Mientras tanto, en la residencia presidencial se extendía la sospecha que algo no andaba bien. Además, Marcel Guzman de Rojas, el dueño de Neotec, la empresa encargada de realizar la asistencia al Tribunal de Elecciones2, era un seguidor confeso de Carlos Mesa, el principal candidato opositor.

El sitio digital Primera Línea indica en su portada del 11 de noviembre que un informe de inteligencia demostró que el sistema cibernético electoral boliviano sufrió un ataque por parte de hackers de Estados Unidos la noche del 20 de octubre3, o sea, el día de las elecciones generales en Bolivia. La intromisión de hackers tenía como objetivo distorsionar los resultados de las elecciones, validar un presunto fraude y con ello causar confusión y caos en la población, factores que fueron inducidos desde Estados Unidos con el fin de empañar, ensuciar y sembrar la sospecha sobre la reelección de Evo Morales. Es más, las elecciones fueron intervenidas cibernéticamente a solicitud de varios diputados nacionales bolivianos que firmaron una carta dirigida al Departamento de Estado, en complicidad con el candidato de Comunidad Ciudadana Carlos de Mesa, para que “intervenga” en las elecciones4, porque conocía de antemano su inminente derrota en las urnas.

Llegado este momento no fue posible seguir con el conteo rápido y se decide entonces pasar al conteo manual tradicional. Esta decisión hace cambiar de sede la ´sospecha´, catapultándola a los búnkeres electorales de la oposición. Entonces, en las calles empezaban a agolparse los seguidores de la oposición anti-Evo y sus principales voceros comenzaron a llamar al desconocimiento de los resultados, resultados “manipulados” que para esas horas aún les garantizaban una segunda vuelta, en la que tenían muchas oportunidades de obtener una victoria. Es en ese punto y momento en el que entra en juego la Organización de Estados Americanos (OEA) “lanzando el último fosforo”: “hubo fraude”, dice en la mañana del 10 de noviembre, a pesar de solo haber encontrado 78 errores entre su muestreo de las 33.043 actas totales, es decir nada.