Opinión • 02/07/2020

Tras no obtener acceso al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, para Canadá ha llegado el momento crucial de reexaminar su política exterior

El fiasco que se llevó Ottawa al no lograr obtener un mandato en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas constituye una victoria para aquellos que buscan una política extranjera canadiense más justa. Incitada por la campaña del No a Canadá en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, esta derrota brinda una oportunidad de acción única para impulsar el reexamen de las actividades y relaciones que lleva este país en cada uno de los cuatro vientos del planeta.

El fracaso del gobierno de Trudeau simultáneamente es notable, pero no produce ninguna sorpresa. Como lo describo en mi artículo del 17 de junio publicado en Canadian Dimension, el rechazo de la comunidad internacional de la candidatura de Canadá para acceder a un escaño en el Consejo de Seguridad no es una sorpresa, ya que la política exterior liberal ha imitado en gran medida la de Stephen Harper, ex primer ministro conservador, quien perdió una candidatura similar en 2010.

Por el contrario, la victoria es notable porque Canadá tenía múltiples ventajas sobre sus adversarios Irlanda y Noruega que también competían por el acceso a dos escaños del Consejo de Seguridad en la categoría “Estados de Europa occidental y otros Estados”. Entre otras plazas, Canadá es miembro del G7 y es miembro de los consejos administrativos del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional.

Miembro de la Commonwealth británica y de la Francofonía, Canadá también habla dos importantes idiomas coloniales. En un país más rico que Irlanda y Noruega y, a pesar de los comentarios que sugieren lo contrario, en realidad distribuye más “ayuda” internacional (cuya incidencia los comentaristas liberales describen de manera demasiado positiva). Canadá gasta aproximadamente cinco veces más en asistencia al desarrollo en el extranjero que Irlanda y unos pocos cientos de millones de dólares más que Noruega. (Noruega dedica muchos más puntos porcentuales de su Producto Interior Bruto en Ayuda Oficial al Desarrollo e Irlanda contribuye con un porcentaje ligeramente mayor.)

Canadá posee un aparato diplomático mucho más grande que Irlanda o Noruega. En el periodo previo a la votación de la ONU, los diplomáticos de Canadá publicaron una serie de comentarios en documentos internacionales que valoraban las relaciones de Canadá con Namibia, Líbano y otros. Los diplomáticos canadienses de todo el mundo también produjeron videos relacionados con el Consejo de Seguridad y una campaña en Twitter.

Pero, en realidad, la campaña “#NoUNSC4Canada” [‘No a Canadá en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas’] le echó algo de arena en las ruedas al twitazo del gobierno. Incluso si Canadá hubiera ganado el mandato, yo habría considerado que la campaña del No a Canadá en el Consejo de Seguridad de la Naciones Unidas fue un éxito, ya que generó un amplio debate crítico sobre la política exterior.

Lanzada formalmente hace un mes (después de un prolongado retraso debido a la COVID-19), una carta abierta publicada en el Toronto Star hacía un llamamiento a países para que votaran en contra de la candidatura de Canadá ante el Consejo de Seguridad debido a su militarismo, su apoyo a empresas mineras controvertidas, sus posturas contra el derecho a la libre determinación del pueblo palestino y sus políticas climáticas. Canadian Press, Radio Canada y otros medios de comunicación canadienses importantes informaron sobre la carta petitoria firmada por numerosas personalidades, incluidas David Suzuki, Noam Chomsky, Pam Palmater y Roger Waters (Pink Floyd)

Varios medios de comunicación canadienses de izquierda publicaron la carta y decenas de medios de comunicación internacionales informaron sobre la campaña en español, francés e inglés. En apoyo a esta iniciativa, se produjeron más de media docena de videos, incluido uno de Roger Waters y otro del miembro de la Asamblea Nacional de Quebec, Ruba Ghazal.

Además de destacar las políticas inmorales, más de 30 organizaciones y 3.500 personas suscribieron a la carta abierta original del Instituto Canadiense de Política Exterior.  Asimismo, más de 100 organizaciones y docenas de personalidades firmaron otra carta de Just Peace Advocates en la que se instaba a los embajadores de la ONU a que votaran por Irlanda y Noruega en lugar de Canadá debido a sus posturas contra el pueblo palestino.

La campaña de voluntarios integrales (bravo a Karen Rodman, Bianca Mugyenyi, David Heap, David Kattenburg, Robert Assaly, Lorraine Guay, Tamara Lorincz y Arnold August) estimuló a 1.299 personas a enviar cartas a cada embajador de la ONU instándolos a votar en contra de la oferta de Canadá debido a su historial contra los intereses del pueblo palestino. Adicionalmente, 485 personas enviaron un correo electrónico a los embajadores de todos los Estados miembro de la ONU adjuntando la carta abierta destinada a todo lector en general; 169 personas enviaron correos electrónicos a todos los embajadores de Estados del Caribe en los que se enunciaban críticas sobre el papel que desempeña Canadá en el Caribe; y 118 cartas que juzgan el papel de Canadá en África se enviaron a todos los embajadores de Estados miembro de ese continente.

Dos días antes de la votación, una “tormenta” de mensajes Twitter #NoUNSC4Canada dirigida a los embajadores de los Estados miembro de Naciones Unidas con mensajes opuestos a la oferta de Canadá generó la suficiente conversación en línea como para que Radio Canada (corporativo) la mencionara.

El Primer Ministro Justin Trudeau y el ministro de Asuntos Exteriores François-Philippe Champagne fueron interrogados directamente sobre esta campaña. En el ejemplo más convincente de cómo la campaña perturbó la candidatura del gobierno, el embajador de Canadá ante la ONU, Marc-André Blanchard, entregó una carta a las misiones permanentes de todos los países de la ONU en respuesta a la iniciativa centrada sobre el tema palestino.

Es difícil medir el impacto que tuvo la campaña del “No a Canadá en el Consejo de Seguridad” en los participantes que depositaron su voto en privado. No obstante, el miércoles 17 de junio de 2020 Canadá recibió menos votos que en 2010.

Independientemente de que uno considere el fracaso para acceder a un mandato en el Consejo de Seguridad como una victoria o una derrota, ha llegado el momento crucial de reexaminar la política exterior canadiense. Un buen lugar para comenzar es un debate amplio sobre si los asuntos internacionales de este país deberían seguir siendo abanderados ​​por Washington y por los intereses institucionales, o si es posible contemplar otro tipo de política exterior.

Yves Engler es escritor y activista político residente de Montreal.

Original en inglés

Rabble (Canadá): https://rabble.ca/blogs/bloggers/views-expressed/2020/06/following-trudeaus-un-security-council-defeat-its-time


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