La Tienda Republicana

Lula libre

12/11/2019

Lula acaba de salir de la cárcel en las horas finales del viernes 8 de noviembre. Esto debido a un controvertido fallo de la Corte Suprema en el cual por 6 votos contra 5 votos ésta decidió que ninguna persona pudiese cumplir sentencia mientras esté en curso una apelación.

Luis Ignacio “Lula” da Silva fue en 2002 el primer dirigente sindical obrero metalúrgico en llegar a una presidencia en las Américas. Él abrió un periodo de 4 mandatos consecutivos en los cuales su Partido de los Trabajadores gobernó Brasil tras ganar las elecciones generales.

Bajo el influjo del PT el mayor país de Iberoamérica así como del hemisferio sur produjo una serie de cambios en la geopolítica global. Creó un contrapeso hemisférico a EEUU sin chocar frontalmente contra él como lo hacia Venezuela y sus aliados bolivarianos, dio paso al bloque BRIC (Brasil Rusia, India y China) compuesto por grandes países emergentes así como a la Unión de Naciones Sudamericanas y a la Comunidad de Estados de Latino América y el Caribe (las dos primeras asociaciones de países de sus respectivas regiones) y creó un eje de gobiernos “progresistas” en la mayor parte del continente (Venezuela, Brasil, Ecuador, Bolivia, Chile, Paraguay, Uruguay, Argentina, Nicaragua, El Salvador, Cuba, Honduras).

Sus políticas internas disminuyeron la descomunal brecha social y racial así como el analfabetismo y la hambruna crónica de muchos sectores pobres del gigante sudamericano.

Sin embargo, el PT siempre mantuvo alianzas con corporaciones y organizaciones del viejo orden, incluyendo de aquellos que fueron parte de los dos partidos oficiales de la dictadura militar (el Movimiento Democrático Brasileño y el Partido Democrático Social). Las reformas petistas no llegaron al grado de radicalidad como las que se dieron en Venezuela o Bolivia.

El propio PT fue sacudido por numerosas acusaciones de corrupción y terminó administrando la crisis capitalista y los ajustes económicos, lo cual le fue quitando base social. Finalmente, los EEUU impulsaron con los principales socios gubernamentales del PT, como el Partido del MDB del vicepresidente Michel Temer a que removieran a la presidenta petista Dilma Rousseff en agosto 2016.

Temer impuso medidas de ajuste económico y represivas muy fuertes contra los sindicatos y las organizaciones campesinas y barriales. Para las elecciones presidenciales del 2018, Lula apareció como el candidato favorito, debido a que la población creía que él podría revertir esa tendencia.

Sin embargo, él fue encarcelado y sentenciado a 12 años. Lula se negó a asilarse y ha aguantado 580 días prisionero en Curitiba.

El juez que organizó su reclusión, Sergio Moro, recibió como premio convertirse luego en el súper-ministro de justicia de Jair Bolsonaro. Los petistas le acusaron a dicho juez de no haber sido imparcial y haber actuado queriendo impedir que Lula pudiese candidatear (y por ende ganar las presidenciales) a fin de ayudar a que su rival ultraderechista termine llegando al poder.

Una semana antes que Lula fuese liberado, la principal red de TV del país (Globo) ha destapado nuevas evidencias que vinculan a los Bolsonaro con el asesinato extrajudicial de la activista negra feminista carioca del partido Socialista y Libertad, Marielli Franco.

Lula, al quedar libre, va a aprovechar esa condición para hacer una serie de declaraciones y manifestaciones en todo el país. Él va a quererse transformar en el eje de una nueva alianza que pueda sacar a Bolsonaro de Planalto en la misma que va a querer incluir sectores de la centroderecha crítica al extremismo.

Es de recalcar que la Corte no ha decretado que Lula sea inocente, sino que ésta se ha limitado a decir que mientras no se agote el proceso de apelaciones no puede seguir reo. De allí que Lula va a tener que seguir defendiéndose de diversas acusaciones que busquen hacerlo volver a la cárcel.

De otro lado, los nuevos dispositivos dictados por la Corte van a querer ser utilizados por diversas personas que tienen record criminal y corrupto para lograr su libertad. Odebrecht, la gran constructora multinacional brasileña, ha sobornado a presidentes, ministros, alcaldes, concejales, parlamentarios, candidatos y gobernadores por toda la región.

La decisión del Supremo Brasileño es algo que debe ser aceptada por un gobierno que debe demostrar su capacidad de hacer que el poder ejecutivo respete al judicial. Sin embargo, es algo que va a afectar a Bolsonaro y a sus aliados en el continente en medio de las tremendas protestas sociales que han sacudido a Ecuador y siguen estremeciendo a Chile, las cuales han obligado a que los presidentes de esas repúblicas levanten los estados de emergencia que decretaron y retrocedan en algunas medidas de ajuste. En Argentina, acaban de ganar las presidenciales los peronistas mientras que en Bolivia, Evo Morales inicia un cuarto mandato, pese a que Bolsonaro no quiere reconocer su reelección y apuesta a incentivar las protestas de los comités cívicos y la derecha boliviana.

Cuando Lula llegó a la presidencia fue entonces el hombre más votado del milenio (pues incluso sacó más votos que su homólogo George W Bush, pese a que EEUU tiene un 50% más de habitantes que el Brasil). Hasta hace una hora era el ex mandatario preso más famoso del mundo y más popular en su propia república. Hoy él va a promover un gran movimiento social para ir quitando piso a Bolsonaro y lograr su caída durante las siguientes elecciones del 2022 (o tal vez antes).

La libertad de Lula va a animar a numerosos movimientos de pueblos originarios que llaman a defender la Amazonía, a campesinos sin tierra y las organizaciones sindicales y barriales a ser más proactivos en sus reclamos y movilizaciones.

Fuente: ALAI

La opinión del autor no coincide necesariamente con la de TerceraInformación

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