El fracaso de la Segunda Internacional después de la Gran Guerra

La crisis que produjo la Primera Guerra Mundial en la Segunda Internacional fue de tal calibre que parecía muy difícil que se pudiera reconstituir al terminar el conflicto. El fracaso ante el militarismo y el nacionalismo había hecho mucho daño a los socialistas. Pero, además la Europa de la posguerra era ya muy distinta a la de la época previa al conflicto, especialmente porque se había producido la Revolución Rusa provocando la creación de una alternativa posible al mundo capitalista occidental. Los grupos políticos autoritarios y fascistas también deben ser tenidos en cuenta en este nuevo escenario porque podían captar a los obreros en su empeño por conquistar el poder en una Europa convulsa por la crisis económica y social.

En este contexto, los socialistas europeos intentaron recuperar la Internacional y su espíritu. En febrero del año 1919 se celebró una Conferencia en la ciudad suiza de Berna con el objetivo de que se reuniesen los representantes de los partidos socialistas de los países que habían luchado en la guerra, pero con un éxito casi nulo. En primer lugar, los partidos socialistas de algunos países no acudieron porque siguieron las instrucciones de los bolcheviques de boicotear la reunión. Pero, además, había partidos que estaban divididos, algo que, como sabemos provocaría en muy poco tiempo la creación de los partidos comunistas, y que nacieron por escisiones de los partidos socialistas. En este sentido, recordemos lo que pasaría a comienzos de los años veinte en el seno de los partidos socialistas italiano, francés y español, por poner tres ejemplos significativos.

Pero a pesar de los problemas de esta reunión, es interesante porque se discutieron dos cuestiones fundamentales para los socialistas, una sobre lo que había ocurrido, y otra sobre la situación presente. En primer lugar, se generó un intenso debate sobre las responsabilidades de los partidos socialistas en la guerra. Los socialistas alemanes no estaban dispuestos a asumir que hubieran tenido alguna responsabilidad en el seno de la Alemania imperial en el desencadenamiento y desarrollo del conflicto. En todo caso, creían que el imperialismo alemán era tan responsable como el de la Entente. Pero la cuestión de cómo abordar la relación con los bolcheviques en el presente no iba a ser más fácil. Los socialistas europeos estaban profundamente divididos entre los que no querían ninguna relación con los bolcheviques, y pretendían condenar la nueva dictadura del proletariado, frente a los que defendían lo que se estaba haciendo en Rusia por su carácter claramente revolucionario.

Pero la división era más aguda porque surgió la denominada Segunda Internacional y Media, después el triunfo de la visión más moderada en la Conferencia de Ginebra. Esta nueva Internacional estaba formada por la corriente más a la izquierda del socialismo europeo, y que se reunió en Berna a finales del año 1920, y en febrero del año siguiente en Viena. Se pretendía una organización que estuviera entre la derecha del socialismo y los bolcheviques. Esta corriente se inspiraba en algunos postulados del austromarxismo.

 

A pesar de la situación compleja de posguerra, de la presión del ejemplo ruso y de la profunda división interna, los socialistas no estaban muertos, y en algunos lugares eran la principal fuerza política. El laborismo británico comenzaba un claro ascenso, y el SPD era un pilar de la nueva República en Alemania, por citar algunas fuerzas importantes. Tampoco habría que olvidar la pujanza socialista del norte de Europa o la situación del socialismo en Bélgica.

Por fin, en el horizonte se vislumbraba la Tercera Internacional. La situación del internacionalismo entraba en una etapa muy complicada.

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