Armando B. Ginés

Cosas y dinero, riqueza y pobreza

Imaginemos dos pisos de 100 metros cuadrados, por ejemplo, el 5º A y el 5º B. El primero lo habita una sola persona, empresario capitalista y en el segundo viven 10 personas que trabajan asalariadas en diferentes empleos. Esa es la realidad media de equivalencia espacial entre las rentas empresariales y las rentas procedentes del trabajo. Lo que gana el vecino de la letra A es lo mismo que el monto total de las nóminas del  grupo instalado en la letra B.

El pene de Freud y el útero de Tiamat

El complejo de Edipo otorga legitimidad a la sociedad patriarcal de índole heterosexual. Ya conocemos la popular teoría de Freud: el hijo rivaliza con el padre y desea tomar sexualmente a la madre, eso sí, inconscientemente.

El hijo quiere el poder a toda costa, sustituir al padre con todas sus consecuencias, también ejerciendo la jerarquía social a la que está destinada su masculinidad dominante sobre la mujer, el objeto más preciado de su padre, la esposa o la capacidad intrínseca de crear nuevas vidas. Pero esa inquietud de posesión es tabú, incestuosa, anti-natural.

Rajoy desprecia el trabajo de 10.000 jóvenes investigadores

El PP se burla con nocturnidad y alevosía de 10.000 personas investigadoras en España con contratos predoctorales en vigor. Los salarios se sitúan alrededor de los 1.000 euros al mes y todos los investigadores están realizando sus respectivas tesis doctorales.

Mediante un truco jurídico por la espalda, sin previo aviso a los interesados y con efectos retroactivos, han modificado los contratos de obra y servicio originales (por cuatro años) por otros en prácticas (de dos años si nos atenemos a la legislación vigente).

Desmontando a Felipe González

De nuevo, el ínclito Felipe González se presta a poner su imagen de viejo socialista venerable y su voz espuria y ambivalente junto a una “mierda” como el ex todo del PP, José María Aznar. Otra vez contra Venezuela, el argumento favorito del establishment neoliberal de los últimos tiempos.

El adjetivo maloliente y escatológico referido a Aznar no es nuestro sino del propio González que años atrás así lo calificó: “Aznar y Anguita son la misma mierda”. Y es que a FG le encanta el hedor a hipocresía y paradoja calculada.

Liturgias reformistas para democratizar la pobreza

Cuando los resortes del poder nacen de la cima de las elites, hablamos de monarquía o dictadura. Si la iniciativa viene de abajo, de la conciencia colectiva de la muchedumbre, podemos estar ante una explosión revolucionaria. También existe un interregno donde el conflicto se atenúa a través de canales de compromiso o reforma, aunque siempre bajo la dirección tácita de la clase dominante. Todas las fórmulas apuntadas son susceptibles de parlamentarismo o democracia más o menos digna de tal nombre.

Esto es mío, solo mío y de nadie más

Existe la creencia inveterada y de general aceptación popular que el egoísmo y la propiedad privada son instituciones naturales que explican la conducta del ser humano desde los albores del tiempo evolutivo.

No obstante, cuesta creer que millones de años atrás, nuestro homínido antecesor anónimo tuviera una conciencia mínima de las lindes territoriales y materiales de las que era dueño en exclusiva y que el motor filosófico, por llamarlo de algún modo, de su vida fuera el hacer acopio de más y más objetos o de mayor estatus que el resto de sus congéneres.

Incertidumbre y verdad en tiempos de populismo

Vivimos en precario, a bordo de una realidad difusa y contradictoria, cogidos a un manojo de emociones y una razón tambaleante y tornadiza que hace su trabajo como puede.

Por el principio de incertidumbre del diminuto e inaccesible submundo más allá del átomo sabemos que de las partículas infinitesimales solo podemos conocer de manera parcial su esencia constitutiva, o posición o velocidad. Debemos elegir un parámetro. No hay otra solución para el ansia omnicomprensiva del entendimiento científico humano. El resto son inferencias, metáforas, hipótesis en el mejor de los casos.

Contrarreformas y tabúes

Los neoliberales y sus cómplices social-liberales se guarecen tras la etiqueta reformista para dar prestigio a su desmantelamiento tenaz de lo público.

Ser reformista tiene buena prensa, aunque en verdad sus medidas son completamente reaccionarias y contrarreformistas. Las reformas progresistas de carácter estructural, como ahora se dice mediante otra palabra encubridora, se realizaron tras la segunda guerra mundial, al menos en Europa y parte de Occidente, dando lugar a lo que se denominó el estado del bienestar.

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