Armando B. Ginés

Siglo XXI: tiempo sin memoria

Sin memoria se diluye el pasado y el futuro no es más que una quimera. Con la memoria inactiva o vacía, todo es presente, una sucesión de impulsos para cubrir necesidades elementales que no tienen historia alguna.

A la velocidad que va el mundo, o al menos en su apariencia de celeridad superficial, difícil es atrapar un instante para reflexionar sobre las relaciones personales y la estructura que habitamos cotidianamente. 

Putin, presidente USA

Si eres crítico con el régimen neoliberal, eres potencialmente un antisistema terrorista. Si votas contra el binomio conservador-socialdemócrata, no cabe duda alguna de que eres un peligroso populista. Sin matices. Terrorista y populista.

 

Ahora nos llega para completar la trilogía del storytelling de la globalización capitalista, la nueva superproducción, ideada en la trastienda ideológica de la CIA, de que Vladimir Putin es el nuevo presidente de facto de EE.UU. bajo la apariencia rubicunda, estrafalaria y yanqui de Donald Trump.

 

Mentalidades de espejo

Vivimos en la estética imitativa de la clonación individual. Sé tú es el mensaje ideológico central de la apuesta posmoderna. Sé tú, por supuesto, sin pasarse de rosca, dentro de un orden, el orden capitalista.

 

La normalidad es el ansiado puerto de llegada de la inmensa mayoría silenciosa tras una radical exacerbación del yo individualista que necesita ser reconocido por la masa como uno más de la familia. Gran paradoja de los tiempos modernos: individualismo y masa indiferenciada refuerzan sus sentidos contrapuestos.

 

Posverdad a discreción para convertirnos en perfectos gilipollas

Estar a la última moda intelectual es capturar la esencia de ese neologismo oxfordiense (de Oxford, no del Jurásico) que tanta presencia tiene en la actualidad: posverdad o post-truth, dicho en el idioma-franco de la globalización imperial.

 

Desde que se inició el siglo XXI, quizá antes, cuando cayó el muro de Berlín, la “impronta pos” domina el escenario del pensamiento occidental bajo el epígrafe omnicomprensivo de la posmodernidad.

 

Fidel y Karl

Tras la muerte de Fidel Castro, las elites de la globalización neoliberal están cerrando el siglo XX a toda prisa. Se le ve el plumero a su propaganda sofisticada.

 

Lo que quieren trasladar a la opinión pública es que ya no existen soluciones alternativas al imperio absoluto del capitalismo, una idea que se forjó de inmediato después del derrumbe súbito de la URSS.

 

A bote pronto sobre Fidel y un personaje mediocre

La muerte es la compañera inseparable del ser humano. Coinciden muchos óbitos a la vez, anónimos los más, intrascendentes unos, simbólicos otros.

 

Las guerras producen víctimas a lo bestia, muy lejanas para el confort occidental, que a veces llora con emoción falsa imágenes infames de moribundos hambrientos, pobres inmigrantes que perecen en la mar o damnificados en harapos de calamidades naturales. Sus muertes caen en la profunda sima del olvido una vez consumidas por la avidez del instante posmoderno.

 

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