Paco Campos

¿Justicia o lealtad?

Cuando Richard Rorty reflexiona sobre las sociedades liberales y la democracia, su pragmatismo le lleva a un replanteamiento porque el occidente europeo maneja unas claves que, sustentadas por la historia de los pueblos, parecen que chirrían si se analizan comparativamente con las formas de vida de las gentes y más de las gentes estadounidenses.

Basta con lealtad a los grupos

Qué importancia le dio Rorty a los grupos humanos y cómo extrajo de ellos su principal valor -> la lealtad. Tanto es así que optó por depositar en ella lo que la justicia pueda tener de valor, de valor y no tanto de moral, menos aún de principios morales, sino de valor etnográfico, esto es, de costumbre, de uso. A lo sumo llegó a plantear el dirimir conflictos entre costumbres, pero ni por asomo a someterse a una justicia surgida de lo intemporal, y escrita fuera de las relaciones sociales.

Hacia una justicia por consenso

Seguimos en la órbita rortiana porque es difícil sustraerse a los acontecimientos cuando éstos chirrían y nos hacen mover la cabeza como el resto de los animales cuando se sacuden el agua. Y con él preguntamos más o menos de este modo -> ¿Surge la justicia de la razón porque sólo ella puede imponer obligaciones, como pensaba Kant, y ahora Habermas? ¿Pueden asumirse principios de validez universal, que respondan a ese llamado de la razón, como identidad propia de la especie humana?

Hay justicia si hay lealtad

Todavía, tanto los jueces como la opinión, piensa en la justicia como una idealización, como una instanciación a la que accedemos con conflictos para encajarlos en ella a ver si cuadran, y lo hacemos con el ejercicio de la razón para interpretar los principios universales que a todos igualan ante la ley. Esta caracterización se la debemos a Kant y al pensamiento ilustrado, con su teoría de los tres poderes y acompañado todo esto con la palabra democracia, y tanto vale hoy este gazpacho para la realeza europea como para Erdogan.

Contingencia y libertad

‘Contingencia’ no significa provisionalidad, tampoco imprevisión, sino posibilidad, apertura, y siempre generación y capacidad de adaptación e interpretación: todo lo contrario a necesidad e inmovilidad, a intemporalidad o dogma. Mejor que de principios y valores, (como hizo el Borbón en Oviedo) es hablar de formas de vida y de solidaridad.

Nada hay preconcebido

Si lo hubiera qué papel nos habría reservado la naturaleza; nos bastaría con adecuar nuestras disposiciones a un manojo de ideas y creer que lo que hacemos lo hacemos porque no puede hacerse de otra manera. También pasa con las tesis políticas que defienden nociones tales como democracia, legalidad, principios universales y demás formas canónicas que se manejan simplemente para ajustarlas a una preconcepción ideológica, de tal manera que sólo esa, nuestra, versión es posible para ser exitosa. Esta forma de idealismo ha llevado a mucha gente al fracaso, cuando no al caos.

El lado no humano de la vida

Hay instancias de las que el ser humano se sirve a conveniencia y que le reportan cierta complacencia acomodaticia. Son respectos con los que establece relación privilegiada -dice Rorty en Pragmatismo, una versión- y con los que se familiariza o absorbe cultural y tradicionalmente por vía  paterno-filial y transmite posteriormente a su progenie en ese fenómeno inconcreto llamado 'educación'. Todo esa masa se posa y reside en el  subconsciente individual y colectivo.

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