Paco Campos

Qué hay trascendental

Nada que yo sepa, ni siquiera la obligación moral, tampoco el yo kantiano, por supuesto. Rorty dice que mejor es extender los límites de nuestra imaginación que obedecer imperativos. Seríamos mejores cuidando las circunstancias inscritas en los diferentes contextos de nuestra vida que obedeciendo la fe ciega –cuidando más la prudencia nos iría mucho mejor. Porque, qué es, en definitiva, lo trascendental ¿aquello que preservaríamos por encima o más allá del propio grupo que frecuentáramos? Lo que quedaría libre de contexto.

¿Razón o persuasión?

Sócrates o los sofistas, Kant o Nietzsche, Habermas o Rorty, y así sucesivamente. Parece ser que esta divergencia es una constante en la historia de la humanidad -> ciencia o arte, filosofía o literatura, y así sucesivamente: moral o prudencia, esto es argumentación o persuasión. ¿Cómo canalizar el conocimiento humano? ¿Es acaso necesaria esta separación e incluso enconamiento? No lo creo, y además la tendencia debería ser convergente, porque nada hay en esta vida nuestra que nos induzca a pensar lo contrario.

La tradición liberal ilustrada

Pertenecemos a esa tradición, forjada con un lenguaje exclusivista y poco integrador. Es más, desechamos de antemano a todo aquel que con su propio modo de expresión pueda tener creencias y deseos, esto es, verdades que justifiquen una comunicación libre de dominio. Esto es así, nos guste o no. El problema surge cuando queremos apropiarnos de su mundo comunicativo, es decir, de sus creencias y deseos para poder ejercer el dominio de nuestra razón instrumental o lo que sea. El caso es que impedimos que otro lenguaje pueda ser válido, no digo ya hegemónico.

La imprecisión del lenguaje de la política

¿Ha de ser preciso necesariamente el lenguaje de la política? Posiblemente no tenga por qué serlo, quizá su carácter venga de ahí y no de otro sitio, y de ahí también que sea por ello por lo que se propicie el debate y el argumentario tan diverso, porque no haya que hacer demasiadas precisiones cuando de lo que se trata, casi siempre se trata de eso, es de persuadir.

El paso del 'yo' al 'nosotros'

No es un salto cualitativo, es simplemente un giro, el célebre giro pragmático de Rorty -> dejar a un lado las representaciones y atender a la solidaridad. Pero no se trata de una moralidad, sino de una manera adecuada de hablar de los criterios de uso del fenómeno, si es que lo es, de la verdad; o de lo que decimos acerca de la verdad, porque cuando hablamos de la verdad, en verdad, nos comportamos verdaderamente, no disertamos para filósofos.

Estar en la inopia

No podemos pensar sin palabras. Tampoco significamos porque existan significados. Ni afirmamos porque haya afirmaciones. No hay pensamientos, ni significados, ni aseveraciones. Posiblemente lo dicho llame la atención a los que están en la inopia, y están ahí desde hace mucho tiempo, tanto como el necesario para asumir falsas creencias. Si creemos que hay pensamientos independientes de las palabras, sabríamos alguno de ellos, quizá el más elemental.

Ardua tarea la de concordar

Tarea o cometido difícil donde los haya. Rorty en los ’80, insistiendo en su antirrealismo auguró un tipo de verdad quebrantable para la filosofía y la ciencia, a diferencia de los acuerdos –poner en contacto comprensible, asumible y compartible- entre cogniciones, que por ser dinámicos o coyunturales, no necesitan sello de lacre ni esquemas kantianos. Concordar constantemente lleva de modo irremisible a la solidaridad: más exactamente -> a la verdad pragmática; muy lejos, lejísimos, de la verdad realista, a la que venimos llamando durante siglos ‘verdad objetiva’.

La verdad elaborada y compartida

Pretender que la política se desarrolla al margen del lenguaje, como si fuera un don divino o un resultado de múltiples voluntades es como anhelar un mundo fantástico, idílico e incluso utópico, como a muchos les gusta decir. Al final todos esos firman hoja tras hoja un acuerdo, esto es, una verdad: la verdad sólo se expresa en las proposiciones, y lo que queramos esperar de esa concepción extralingüística de la verdad correspondería, y eso mucho conceder, a un soliloquio.

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