Paco Campos

Democracia sin más

Sin más, desligada de la filosofía y la política de partidos. Democracia, como la pinta Rorty en numerosos textos, quizá el que más, en el de ¿Esperanza o conocimiento? (1994). Esta posición está vinculada al pragmatismo, más como actitud que como fuente filosófica; posición de equilibrio difícil ésta porque enseguida aflora también el vínculo con el liberalismo. Pragmatismo y liberalismo no son coimplicantes necesariamente, como si de una coimplicación lógica se tratara, sino más bien acepciones que acompañan al sentido de la democracia, desde el punto de vista práctico.

Democracia y autoritarismo

“Los tiempos cambian, amigo mío”, podría decir cualquier intelectual de nuestro tiempo. Pero no es así. Actualmente se da por supuesto el anhelo decimonónico de poder desarrollar con el voto nuestras vidas cotidianas. Parece ser que se ha culminado una etapa que es imposible mejorar ->la democracia es el poder por el pueblo, y ya está. Pasa el tiempo, ha pasado un siglo y pico y no parece que así sea.

Favorecer la libertad

Cuando leí una serie de entrevistas a Richard Rorty tituladas Cuidar la Libertad, no supe enjuiciar demasiado bien las pretensiones del norteamericano. Hace de esto el tiempo necesario como para cambiar de dirección, cosa que no he parado de hacer desde el 2013. Me importa un bledo lo que pensaba antes, y me importa poco porque aquello no aleaba -> desde el ’68 no alteraba para nada mis convicciones.

Una democracia insustituible y estrafalaria

Martin Heidegger (1889-1976) define la metafísica como la historia del ser. Pero no como historiografía sino como la historia epocal. Cada época ha sido una expresión metafísica determinada y, por tanto, de nada vale decir que la metafísica ha sido superada porque la superación (Verwindung) lleva consigo recuperación-revisión-convalecencia-distorsión, lo que le hace ser una característica de la metafísica y, por eso, no puede ser superada ni por el discurso de la posmodernidad ni por la crítica a los grandes relatos y, con ella, al fin de la historia.

Filosofía de la contingencia

¡Qué difícil obtener resultados prácticos desde una filosofía ajena al tiempo, una filosofía sujeta al miedo a la verdad o lejana a la imperfección que a toda costa hay que evitar! Parece más útil ir tanteando los elementos y resortes que acompañan a objetivos requeridos por los grupos humanos, que ir creando lenguajes ejemplares sin ninguna repercusión directa en la vida de los hombres, tal y como la tradición racionalista europea de la filosofía nos ha ido ilustrando dentro de la academia y luego, en el mundo de la vida, ejemplarizando como únicos e insustituibles.

Filosofía de la contingencia

¡Qué difícil obtener resultados prácticos desde una filosofía ajena al tiempo, una filosofía sujeta al miedo a la verdad o lejana a la imperfección que a toda costa hay que evitar! Parece más útil ir tanteando los elementos y resortes que acompañan a objetivos requeridos por los grupos humanos, que ir creando lenguajes ejemplares sin ninguna repercusión directa en la vida de los hombres, tal y como la tradición racionalista europea de la filosofía nos ha ido ilustrando dentro de la academia y luego, en el mundo de la vida, ejemplarizando como únicos e insustituibles.

Tolerancia, educación y solidaridad

En la etapa de más creatividad y originalidad de su vida filosófica, años noventa, Rorty escribe un texto sin desperdicio, ‘Filosofía y futuro’ (1995). Se resalta allí el papel del filósofo, que no es otro que el de estar al servicio de la democracia. Critica allí también aquel carácter analítico de la filosofía, por quedar fuera de los cruciales intereses y prioridades de los humanos que integramos la cultura de las sociedades liberales, esto es, el ámbito que podemos considerar, desde la geografía descriptiva, llamándolo ‘atlántico norte’.

¿Acordar sin concordar?

Llegamos a acuerdos muchas veces durante nuestra vida. Unos más importantes que otros, pero todos se resuelven en base a la concordancia. Claro que concordar es difícil de manejar, es un episodio que casi todo el mundo cree entender, pero pocos saben esclarecer. Viene a ser semejante a lo que decía Agustín de Hipona en Confesiones -> qué es el tiempo: si me lo preguntas lo sé; si tengo que explicártelo, no. Realmente aquí no se trata de explicar nada, sólo con entender, con poder seguir, es suficiente.

Concordamos en los resultados

Sigo empeñado en determinar cómo llegamos a acuerdos durante nuestra vida. Acuerdos que van desde decidir a qué cine ir hasta qué President nombrar. Y aunque parezca que hay una diferencia, no hay tal si realmente perseguimos resultados satisfactorios entre nosotros -desde pares simples en adelante. Fue Wittgenstein el que, como en muchas otras cosas, me abrió los ojos. Lo vi claro enseguida -> podemos equivocarnos al creer que entendemos una pregunta: pregunta Wittgenstein. Claro que sí. ¿Esto significa dar la espalda a todo tipo de lógica?. Claro que no.

La primacía de un lenguaje común

Quiero partir de una consideración de Jürgen Habermas sobre el giro pragmático cuando dice que ‘hay un desplazamiento de la razón desde la conciencia individual del sujeto cognoscente hacia el lenguaje como medio por el cual los sujetos actuantes se comunican entre sí…’ -> (“El giro pragmático de Richard Rorty”,  Massachusetts, 2000). Se pasa de la sanción individual de un sujeto a las prácticas justificativas de una comunidad lingüística, dice Habermas.

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