Paco Campos

La clarividencia de los pragmatistas

Da gusto leer a Dewey, y sobre todo a su seguidor Rorty, del que se ha dicho es la pluma de la filosofía más amena después de Russell; y es verdad, ya lo creo. Por ejemplo, qué diferencia entre sus artículos de ética, de la ética sin obligaciones universales, y los ladrillos con que nos saluda el El País escritos por ese manojo de catedráticas de universidad más próximas al monjerío, a la moralidad que a las costumbres, los hábitos, la convivencia o la eficacia, esto es, a la prudencia.

¿Sabes las reglas o las practicas?

Como se me ocurra decir por qué sé esto o aquello no me irá del todo bien. Sin embargo, si tuviera que decir cómo hago tal cosa, no tendría nada más que hacerla, y si el interlocutor no está satisfecho, la haría de nuevo y así hasta que comprobara que para saber hacer una cosa, no tengo por qué tener autoconfirmaciones (¿), sino exhibirla, mostrarla tal cual es tantas veces como se quiera.

¿Es suficiente la concepción semántica de la verdad?

Siempre hemos creído que sí. Cuando describimos lo que ocurre, posiblemente guiados por ese realismo ingenuo con el que nos hacemos conocer en este mundo, todo cuadra perfectamente; es más, si la observación científica no se basara en ese realismo –no ya ingenuo, sino epistemológico- no podría hacer extensivas sus explicaciones. Así sucesivamente en casi todos los momentos. Parece difícil encontrar alguna excepción en esta concepción semántica basada en el valor del predicado de las proporciones de verdad.

El animalismo, una antropomornización desbordada

Todo parte de ese intento de diferenciación, de aislamiento, de lo que los cristianos llaman “naturaleza humana”, creyendo en ella como un existente al que se le pueden atribuir propiedades y características morales, no digamos religiosas e incluso políticas -> no olvidemos esos ideólogos de la derecha que defienden la vida como algo que Dios nos da y que sólo Él puede quitar, y donde el Hombre es mero sujeto pasivo –aborto, eutanasia…

Una rueda que gira sola

Una rueda que gira así es una rueda que nada tiene que ver con un mecanismo. Gira aunque ninguna otra cosa gire con ella. Algo así puede llegar a intimidarnos porque desconocemos a qué se debe eso. Este símil de las ruedas sueltas, que andan solas por ahí, se debe a Wittgenstein y contiene esa incitación a extraer consecuencias prácticas, sobre todo en cuestiones referidas a la acción comunicativa, una vez dejada atrás el tipo de razón centrada en el sujeto.

Las prácticas cotidianas

Nuestra certeza conductista es el resultado de nuestras prácticas cotidianas, y la trama consistente en las relaciones individuales –que no son otra cosa que la plasmación de nuestra subjetividad en la subjetividad de los demás- que conforman la pluralidad. En muchas ocasiones esa pluralidad se da de bruces con el discurso, el relato o la unidad de las formas, y entonces hay un contraste que suele denunciarse desde la posición del ‘conocimiento genuino’.

Los lazos del poder

De los innumerables resquicios por los que el poder se deja ver, hay uno que funciona a modo de visualización, como una potente intuición dirigida al principio o al todo de las cosas; una intuición convertida en lazo que apresa ideas de diferente calado, y entre todas, a la idealización misma, a la manera de ocultar cualquier tipo de experiencia o prueba, porque al fin y al cabo, experimentar es una puerta abierta a la falibilidad. Se trata de captar las verdades esenciales, no prescindibles, de las cosas, de la Historia, del hombre, del mundo, en definitiva.

La idealización de la Verdad

Dice Rorty que hay una tradición en la cultura occidental que consiste en la búsqueda de la verdad con mayúscula -> la Verdad, como una idealización en sí misma que te permite obviar el mundo circundante y elucubrar sobre lo oculto o lo desconocido, sobre una expectativa que difícilmente va a presentarse cuando estés apegado a la cruda realidad material porque ésta impide, por su complejidad y su trasiego, centrar el esfuerzo requerido de modo objetivo.

El remplazo de la autoridad

Por qué es indispensable la noción de incondicionalidad. Lo digo porque hay quien piensa que si no hubiera o usáramos principios incondicionales, esto es, verdades necesarias, como las verdades universales de las que esos mismos sujetos piensan que son tan indispensables como útiles, si no hubiera ese tipo de principios, cómo es que decimos que hay cosas menos importantes que otras. Atención con el argumento, que es sólo un argumento.

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