Paco Campos

El razonamiento nos aleja del mundo

La tendencia a elucubrar nos desvía de lo preciso porque nos aleja de la acción y nos impide contrarrestar la mala práctica, que es la práctica equivocada. El error no se detecta solo, no es algo que alguien capta y nada más, sino que es desvelado por el ejercicio de la argumentación, del contacto entre individuos. Lo que en principio era un plan atractivo para la razón normativa, para el ejercicio canónico de la verdad institucionalizada, ha devenido en fracaso. Lo que antes era un sesudo plan de pocos destinado a muchos, se convierte después en triste realidad.

Posibilismo y falibilismo

Una base mínima para la política democrática es admitir que el oponente tiene razón con sus propuestas y su discurso es tan válido como el nuestro, y que todo es una cuestión de preferencias por parte del tejido social, preferencias que se basan en creencias que justifican un modo de vida. La aceptación de estas tesis lleva inequívocamente a un tipo de filosofía política que responde al ideario liberal democrático.

Para qué los estándares

Una de las creencias más arraigadas en el ámbito del Atlántico Norte es la estar guiados o sometidos a estándares, a normalizaciones que regulan, en último término, el curso de nuestras vidas, y con ellas la mismísima idea de verdad. Visto así no cabe la posibilidad de una forma de vida cuya regulación pueda darse llegando a coincidencias establecidas dentro de una justificación, donde ya se pierde de vista la idea regulativa de verdad, como es el deseo de Habermas.

Qué hay trascendental

Nada que yo sepa, ni siquiera la obligación moral, tampoco el yo kantiano, por supuesto. Rorty dice que mejor es extender los límites de nuestra imaginación que obedecer imperativos. Seríamos mejores cuidando las circunstancias inscritas en los diferentes contextos de nuestra vida que obedeciendo la fe ciega –cuidando más la prudencia nos iría mucho mejor. Porque, qué es, en definitiva, lo trascendental ¿aquello que preservaríamos por encima o más allá del propio grupo que frecuentáramos? Lo que quedaría libre de contexto.

¿Razón o persuasión?

Sócrates o los sofistas, Kant o Nietzsche, Habermas o Rorty, y así sucesivamente. Parece ser que esta divergencia es una constante en la historia de la humanidad -> ciencia o arte, filosofía o literatura, y así sucesivamente: moral o prudencia, esto es argumentación o persuasión. ¿Cómo canalizar el conocimiento humano? ¿Es acaso necesaria esta separación e incluso enconamiento? No lo creo, y además la tendencia debería ser convergente, porque nada hay en esta vida nuestra que nos induzca a pensar lo contrario.

La tradición liberal ilustrada

Pertenecemos a esa tradición, forjada con un lenguaje exclusivista y poco integrador. Es más, desechamos de antemano a todo aquel que con su propio modo de expresión pueda tener creencias y deseos, esto es, verdades que justifiquen una comunicación libre de dominio. Esto es así, nos guste o no. El problema surge cuando queremos apropiarnos de su mundo comunicativo, es decir, de sus creencias y deseos para poder ejercer el dominio de nuestra razón instrumental o lo que sea. El caso es que impedimos que otro lenguaje pueda ser válido, no digo ya hegemónico.

La imprecisión del lenguaje de la política

¿Ha de ser preciso necesariamente el lenguaje de la política? Posiblemente no tenga por qué serlo, quizá su carácter venga de ahí y no de otro sitio, y de ahí también que sea por ello por lo que se propicie el debate y el argumentario tan diverso, porque no haya que hacer demasiadas precisiones cuando de lo que se trata, casi siempre se trata de eso, es de persuadir.

El paso del 'yo' al 'nosotros'

No es un salto cualitativo, es simplemente un giro, el célebre giro pragmático de Rorty -> dejar a un lado las representaciones y atender a la solidaridad. Pero no se trata de una moralidad, sino de una manera adecuada de hablar de los criterios de uso del fenómeno, si es que lo es, de la verdad; o de lo que decimos acerca de la verdad, porque cuando hablamos de la verdad, en verdad, nos comportamos verdaderamente, no disertamos para filósofos.

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