Paco Campos

Estar en la inopia

No podemos pensar sin palabras. Tampoco significamos porque existan significados. Ni afirmamos porque haya afirmaciones. No hay pensamientos, ni significados, ni aseveraciones. Posiblemente lo dicho llame la atención a los que están en la inopia, y están ahí desde hace mucho tiempo, tanto como el necesario para asumir falsas creencias. Si creemos que hay pensamientos independientes de las palabras, sabríamos alguno de ellos, quizá el más elemental.

Ardua tarea la de concordar

Tarea o cometido difícil donde los haya. Rorty en los ’80, insistiendo en su antirrealismo auguró un tipo de verdad quebrantable para la filosofía y la ciencia, a diferencia de los acuerdos –poner en contacto comprensible, asumible y compartible- entre cogniciones, que por ser dinámicos o coyunturales, no necesitan sello de lacre ni esquemas kantianos. Concordar constantemente lleva de modo irremisible a la solidaridad: más exactamente -> a la verdad pragmática; muy lejos, lejísimos, de la verdad realista, a la que venimos llamando durante siglos ‘verdad objetiva’.

La verdad elaborada y compartida

Pretender que la política se desarrolla al margen del lenguaje, como si fuera un don divino o un resultado de múltiples voluntades es como anhelar un mundo fantástico, idílico e incluso utópico, como a muchos les gusta decir. Al final todos esos firman hoja tras hoja un acuerdo, esto es, una verdad: la verdad sólo se expresa en las proposiciones, y lo que queramos esperar de esa concepción extralingüística de la verdad correspondería, y eso mucho conceder, a un soliloquio.

Los valores conversacionales

No tiene connotación moral el término ‘valores’, sino meramente instrumental, pragmática o, simplemente, práctica. Lo digo porque no entiendo muy bien expresiones como ‘educar en valores’ o el ‘valor del arrepentimiento’, etc. Esto es, acepciones que parecen dotar de gran contenido significativo al argumento en cuestión, y no pasan de expresiones coyunturales, perfectamente remplazables por otras equivalentes o análogas como ‘tolerancia’ o ‘solidaridad’.

Todas las verdades sobre la democracia son deflacionarias, a pesar de todo

Lo son porque sus afirmaciones no agregan nada a sus resultados y tampoco son afirmaciones sobre algo así como ‘rojo’, ‘duro’, ‘agudo’, ‘áspero’ o ‘agrio’, o ‘fétido’. Sus afirmaciones sirven para adornar los resultados que los humanos entre sí establecen, consiguen o pactan. Por eso no es extraño que en los Parlamentos los agentes de la política se las vean y se las deseen cuando quieren convencer a los oponentes de las excelencias de sus ideas.

Diversificar la política

¿Sería el tópico de ‘el entendimiento mutuo’ la última aspiración de la política democrática? Porque si no es así estamos abocados al disenso permanente y, por tanto, a un conflicto con tintes deterministas o, aún más, fatalistas del que querer salir sería un ideal imposible, precisamente porque no habría posibilidad de vincular los enunciados con los entornos enunciadores (Rorty), perdiéndose así el contacto con la realidad y, con ello, con la comunicación.

Claro que podemos dudar de nuestras sfirmaciones

Pretender que podemos hacer afirmaciones que nunca se puedan poner en duda es como admitir que hay verdades separadas de cualquier hábito del  habla, admitir que existen criterios que tienen validez fuera del contexto en que fueron utilizadas. Es algo parecido a los dogmas o a los enunciados de la ciencia. Lo que pasa es que si discutimos la validez de una teoría en la que esas declaraciones están insertas, lo que hacemos es disquisicionar de la misma manera que hacemos disquisiciones sobre lo que acontece en cualquier tiempo y lugar.

Con qué verdad viven las sociedades democráticas

Decir que viven con afirmaciones representativas que se  corresponden con la realidad es decir que si esa correspondencia se pudiera poner en duda no habría posibilidad de afirmar con garantía una verdad. Ahora bien, si dijéramos que esas proposiciones sirven para hacer buenas, en el sentido de exitosas, los motivos y las creencias por las que puedo ser un individuo  comunicativo, entonces la situación cambia, porque las cosas del mundo real dejan de ser objeto para convertirse en un tipo de contexto.

Por qué es algo digno de plantear

Porque ha de haber un cuando para ello, y si no lo hay, entonces deja de ser una buena razón para convertirse en un precepto. Como dice Rorty, muchas veces conviene ser provinciano y dejar atrás los ideales reguladores de Habermas, como ese de la comunicación libre de dominio, del que habría que coger el microscopio para encontrar una contextualización. Es posible que haya mundos en los que se encuentren comportamientos no sólo predecibles sino además seguros de predicción.

El ciudadano ilustrado

Qué tiene a su favor el hombre centroeuropeo. La cultura, y más concretamente la historia contada por él mismo… y qué más, pues la modernidad, o el paso de la teología a la razón científica y al racionalismo filosófico, esto es, a la Ilustración. Con Aristóteles, Galileo y Kant vamos sobrados. Pero este patrimonio hace tiempo que necesita una interpretación y ésta viene de la mano de Darwin y Dewey a mediados y finales del XIX.

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