Canallesco montaje del panfleto falangista «El Correo de Mallorca» sobre el campo de concentración de Miranda de Ebro (31 de agosto de 1938)

El campo de concentración de Miranda de Ebro estuvo operativo desde 1937 hasta 1947. Se construyó en el paraje conocido como «La Hoyada» colindante con la línea ferroviaria Castejón-Bilbao y el río Bayas, de la citada localidad.
Con una capacidad de 1.500 presos, llegó a albergar a más de 10.000.
La situación de estos era extremadamente dura y cruel. Fueron castigados y golpeados, casi a diario. Carecían de cualquier servicio básico: Pésimas condiciones higiénicas; ausencia de letrinas; falta de agua corriente y sin apenas cristales en las ventanas, pese al frío, en las casetas-dormitorios.
Actualmente, en lo que fueron sus instalaciones, se creó «El Jardín de la Memoria», como reconocimiento a todos aquéllos que sufrieron prisión por defender la libertad.
Veamos qué decía el repulsivo artículo del «Correo de Mallorca» el 31 de agosto de 1938:
«Como estaba anunciado Radio Nacional retransmitió anoche, en radioreportaje, algunas escenas en la vida del campamento de prisioneros de Miranda de Ebro, uno de tantos de la España nacional, donde los detenidos en sus ratos de ocio, que son muchos, se dedican a los más diversos entretenimientos, trabajos manuales, lecturas, ocupaciones artísticas.
Los aficionados al arte musical tienen organizadas diferentes bandas y tocaron algunas piezas para todos los oyentes de Radio Nacional, mereciendo destacarse «La Alhambra», de Bretón, perfectamente ejecutada por una agrupación de instrumentos de cuerda y piano.
Otra banda de música criolla interpretó el Son cubano «La Caserita», cantado por una sección de aficionados al arte lírico. Unos coros vascos cantaron la canción de su tierra titulada «Estrellita de la Mañana». Otro coro interpretó «El Golondrón», canción montañesa. Todos con perfecto estilo típicamente popular. Como final se cantó «El Ampurdán».
Mientras el locutor iba recorriendo las diferentes secciones del campamento, interrogó a algunos concentrados, preguntándoles sus impresiones del Campo. Como estas eran inmejorables, y los detenidos se mostraban altamente agradecidos a las autoridades nacionales, al preguntarles su nombre rehusaban decir sus apellidos para que las autoridades rojas, que acaso escuchaban el radioreportaje, no pudieran tomar represalias contra las familias de los prisioneros que tanto se alegran de haber caído en manos de las tropas de Franco».
Fuente: «El Correo de Mallorca» (31 de agosto de 1938).

