Diversas organizaciones participarán en el «Congreso Educación y TecnologÍA, una visión crítica» en Madrid
- La Federación de Enseñanza de Comisiones Obreras organiza en Madrid el Congreso Educación y TecnologÍA, una visión ético-crítica, que se desarrollará el fin de semana 14 y 15 de marzo de 2026 en el auditorio Marcelino Camacho de la capital, con el respaldo de entidades como los Movimientos de Renovación Pedagógica (MRP), Ecologistas en Acción, AMESDE (Asociación de la Memoria Social y Democrática) y el Grupo de Investigación Ciudadana y Ética Digital (GICED).
- Intervendrán hasta 14 personas expertas, relacionadas con los ámbitos de la sociología, la educación, la psicología, la salud, la ciberseguridad, el medio ambiente, los derechos humanos y el periodismo, todas ellas no vinculadas a la industria digital o a intereses corporativos que pudieran condicionar el carácter de sus aportaciones.

El objetivo del Congreso es ampliar el foco sobre el fenómeno de la digitalización escolar, incorporando la ética y la visión crítica sobre qué y cómo se ha desarrollado este proceso, o sobre los escenarios posibles a partir de ahora. Para ello, situará en primer plano las necesidades básicas de niños, niñas, adolescentes y jóvenes, y su derecho a un desarrollo cognitivo, físico y emocional saludables y sin interferencias, que también garantice la sostenibilidad ambiental en los procesos educativos. Desde esta mirada, se esbozarán propuestas que orientarán las prácticas educativas y las políticas que las sustentan, en el sentido de reformular el papel de las tecnologías digitales en la enseñanza y, específicamente, el de la inteligencia artificial.
La urgencia de la industria digital por abrir mercados para cada nuevo producto digital, la fascinación de los adultos por las posibilidades de la tecnología y sus efectos sensoriales, así como la inquietud por garantizar un futuro laboral a la juventud (digitalizando prematuramente su vida escolar y en el hogar), han jugado en contra de la necesaria reflexión psicopedagógica, las consideraciones sobre salud o sobre la sostenibilidad ambiental.
Se ha confundido la adquisición de competencia digital (las capacidades para desenvolverse en entornos digitales cuando se precise, según los requerimientos de cada edad) con la necesidad de aprender a través de pantallas, sustituyendo experiencias vivenciales y habilidades básicas por el uso de dispositivos, programas y algoritmos. La urgencia de las administraciones por introducir en la escuela los últimos productos del mercado digital, ha provocado que se obviara la reflexión sobre su oportunidad, su fundamentación pedagógica y psicoevolutiva, la evaluación previa de sus impactos sobre el aprendizaje, las necesidades sobrevenidas en la organización de los centros, la formación docente o la huella ambiental provocada.
De todo ello se ha derivado que, desde los años 80, la prioridad de las políticas públicas haya sido digitalizar la educación como axioma incuestionable, a través de sucesivos planes. Ninguno de ellos supuso una mejora de la enseñanza, a la luz de los informes periódicos PISA y pese a los ingentes recursos empleados. Sin embargo, las mismas dinámicas y consecuencias se han ido repitiendo una y otra vez ante la introducción de nuevos productos (muchos de ellos con su garantizada obsolescencia) que la industria digital genera de manera incesante. En el caso de la inteligencia artificial podemos estar siguiendo los mismos patrones, cuando más necesaria es la prudencia y la reflexión por las múltiples implicaciones de la aplicación de esta nueva tecnología.
El Congreso Educación y Tecnología, una visión ético-crítica llega en un momento de patente cuestionamiento y desorientación sobre el papel que las tecnologías digitales deben jugar en la educación, en el marco de una evidente desescalada en educación y con la presión que representa la irrupción social de la inteligencia artificial. El axioma “si la sociedad se digitaliza, la educación debe digitalizarse” (formulado como eslogan por el sector tecnológico y los ámbitos profesionales que lo orbitan) ha dejado ya de ser un fundamento válido. Ello es fruto de la creciente conciencia social y profesional sobre las limitaciones y los efectos no deseados de la ocupación digital masiva de los espacios educativos, así como del conocimiento público de informes, dictámenes o investigaciones. Sin embargo, también es patente el consenso sobre la necesidad de que los entornos educativos doten de buenas herramientas personales a niños, niñas, adolescentes y jóvenes, para desarrollarse lo más sanamente posible en una sociedad digitalizada.
Con estos parámetros, ¿qué es lo que debe cambiar, y cómo? ¿Qué favorece los aprendizajes básicos, y qué no? ¿Cuál debe ser el carácter de la competencia digital en cada etapa: infancia, adolescencia y juventud? ¿Hay que educar sobre lo digital o a través de lo digital? ¿O con ambos enfoques, y en qué medida? ¿Qué lugar ocupan la salud o la verdadera sostenibilidad en la alfabetización digital?
En la mirada serena sobre el individuo, más allá de la urgencia, la fascinación o los intereses corporativos, se encuentran, indudablemente, los caminos a seguir y las nuevas preguntas a formular. El Congreso proporcionará visiones que podrán orientar tanto las opciones personales, como la labor educativa y las políticas desde las administraciones. Especialmente relevante será para el ámbito familiar, que en tan gran medida ha contribuido a colocar, en el centro del debate público, la relación entre la tecnología y las necesidades de la infancia, la adolescencia y la juventud.
El Congreso, que se celebrará en el auditorio Marcelino Camacho de Madrid, los días 14 y 15 de marzo de 2026, está dirigido a docentes, familias, estudiantes de la carrera docente y de ámbitos tecnológicos, profesionales relacionados con la tecnología, personal de la administración, responsables políticos, profesionales de la salud y de la educación no formal.
Intervendrán en las jornadas 14 personas expertas en los ámbitos de la sociología, la educación, la psicología, la salud, la ciberseguridad, el medio ambiente, los derechos humanos y el periodismo. Contará con la participación de autoridades de la administración, y asistencia de entidades de protección de la infancia y vinculadas con la salud infanto-juvenil. Tendrá la consideración de actividad de formación, certificada por el ministerio de Educación y Formación Profesional.
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